Ocupando un cerro para convertirlo en un laboratorio urbano abierto — agarrando las ideas de Aaron Swartz como inspiración

Escribí este post en agosto de 2016, cuando colaboraba con un grupo amplio que incluía ciudadanos sin afiliación a organizaciones y que había incluido hasta poco antes a funcionarios municipales. Este incipiente grupo, -que pretendía seguir creciendo y trabajar en un proyecto de parque co-diseñado entre muchos, incluído el sector público-, experimentó un quiebre en septiembre de 2016. Los aprendizajes fueron muchos. Ahora trabajo en otro proyecto, mucho más pequeño, no relacionado al cerro como parque, y MUY relacionado a Aaron ;)

Voy a escribir una serie de notas de blog relacionadas con un proyecto en el que actualmente trabajo: la creación de un parque laboratorio urbano en un cerro llamado El Sombrero, en una pequeña ciudad del centro de Chile. Y voy a dejar que Aaron Swartz me ayude, pues he estado recientemente fascinada por su vida y trabajo (y enojada por su muerte).

¿Cómo podemos hacer colaboración radical en un contexto de extrema privatización del espacio público, de segregación urbana y de alta incertidumbre? ¿Debiéramos acaso plantearnos el propósito de construir una comunidad en torno a la idea misma de colaboración radical? ¿Cómo? ¿Cuáles serían los roles del activismo y del Internet?

Para aquellos que no lo saben, Swartz era un pensador y hacedor americano brillante, un programador informático, escritor, organizador político y hacktivista, un pionero. Entre muchas otras cosas, se vio involucrado en el desarrollo del formato fuente web RSS (a los 12 años), la organización Creative Commons, la infraestructura del sitio web.py sitio web, el sitio de noticias sociales Reddit, y co-fundador de la organización Demand Progress. Swartz jugó también un rol clave “en la campaña para impedir el paso de la Ley para detener la piratería en línea (SOPA), que pretendía combatir violaciones de derechos de autor en Internet, pero que fue criticada sobre la base de que promulgación habría hecho más fácil para el gobierno de Estados Unidos cerrar sitios web acusados de violar los derechos de autor” (Wikipedia).

Algunos pueden pensar que un parque laboratorio urbano en una pequeña (para muchos aburrida) y más bien pobre ciudad de América del Sur está a mundos de distancia de la obra de Swartz. Pero como su amigo Henry Farrell escribió, Swartz “no era sólo un activista o un programador o un intelectual. Él era un constructor de puentes entre diferentes personas de muchos mundos diferentes”. Y esos puentes me parecen que son, actualmente, bastante necesarios. No es que yo entienda plenamente las implicancias de sus ideas/ideales en nuestro trabajo, eso es un proceso que estoy empezando ahora.

Como grupo de ciudadanos hemos estado trabajando en impulsar la creación colectiva (diseño e implementación) de un parque laboratorio en un cerro urbano en la ciudad de Melipilla. Rechazamos el status quo de tener sólo a grupos de tecnócratas o expertos decidiendo cuáles son los problemas, cómo este cerro debe lucir o para qué debería ser utilizado. En cambio, creemos que la colaboración radical y el solucionar problemas de manera colectiva deben entrar al juego para permitir cambios reales, impacto y sostenibilidad. Añadimos ‘laboratorio’ aquí porque esperamos que el parque permita a las personas transformar la forma en que experimentan y crean el espacio público, cómo construyen comunidad y se enfrentan a problemas comunes. Queremos examinar los propósitos para los cuales este espacio público podría servir, por medio de la experimentación y el aprendizaje colectivo.

En un país donde la privatización parece impregnar casi todos los aspectos de nuestras experiencias diarias (no hay casi nada por lo que no tengamos que pagar en Chile), queremos probar cambios en el cerro como espacio público, en formas que contrarresten esta ‘privatización del-todo’. ¿Y si el espacio público no sólo se utiliza para ir a comprar, vender cosas o como un paso hacia nuestra propiedad privada, el único espacio en que podemos sentirnos seguros (como dice la narrativa dominante)? ¿Quién hace la ciudad y quién es su dueño?

Nuestras preguntas sobre el parque laboratorio serán preguntas sobre poder, voz, política, tecnología, acceso, conocimiento. Cuestiones que también apasionaban a Swartz.

Antonio, miembro de nuestro equipo, reciclador y habitante de El Sombrero

En su forma actual, el parque laboratorio es un nuevo proyecto a pesar de que sus inicios se remontan a 2013, cuando algunos vecinos decidieron ingenuamente reforestar una hectárea del cerro con especies nativas, consiguiendo la ayuda de vecinos y algunos otros voluntarios (yo era uno de esos voluntarios).

Digo ‘ingenuamente’ debido a que los fondos públicos que este grupo obtuvo no cubrían el mantenimiento esencial de los árboles, el riego. Así, que lo que vino fue para ellos un esfuerzo inesperadamente grande y complicado. Pero demostraron estar a la altura, y lograron que el gobierno local proporcionara equipos de riego y el agua necesaria para que pudieran regar manualmente los árboles, uno por uno y por meses, -sin recibir ningún tipo de apoyo financiero. Un grupo insistente y adaptable. También consiguieron que el Consejo Municipal declarara su intención (ya saben, ‘intenciones’ son sólo eso) para apoyar la construcción de un parque en el cerro: no una cosa difícil de apoyar puesto que no hay ni un solo parque en la ciudad (hay uno llamado Héctor Pino, pero es bastante pequeño, cercado por rejas y en realidad nadie lo usa).

Sin embargo, la participación de un mayor número de miembros de la comunidad llevó al entendimiento de que ni siquiera un riego eficiente era suficiente, que permitir que algunos árboles crecieran en un terreno que antes fue vertedero, situado en una zona segregada, y socio-económicamente vulnerable, no era suficientemente transformador. Tal vez era necesario un espacio público diferente. Y entonces comenzó a emerger una nueva visión.

El actual objetivo del proyecto es fomentar procesos de co-producción entre los miembros de la comunidad, organizaciones de la sociedad civil, el sector público, científicos/as, tecnólogas/os, artistas e investigadoras/es de diverso tipo. En general, apostamos a que mediante la combinación del conocimiento, experiencia, necesidades y potencial de muy diferentes actores el parque laboratorio podrá estimular procesos de colaboración radical, que a su vez conducirán a la transformación urbana, el empoderamiento comunitario y la inclusión social.

Pero, ¿qué significa realmente colaboración radical? ¿Qué estamos imaginando siquiera con eso? Bueno, no estamos seguros de cómo lucirá este proceso y método o si también va a ser un fin en sí mismo (una de las razones para interrogar Swartz). Iremos abriéndonos paso. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que esta idea se encuentra detrás o en estrecha relación con los ideales de justicia, igualdad, acceso abierto y libre al conocimiento, la información y la cultura. Creemos que la cooperación funciona mejor que la competencia. Nos gusta lo abierto, pero de verdad abierto. No sólo abierto para aquellos que pueden permitirse el pagar entradas, o las elevadas tarifas de conexión a Internet.

Cuando los no tan ingenuos vecinos, mis ahora compañero de equipo, llevaron a cabo la reforestación con fondos del Ministerio de Medio Ambiente, se les aconsejó cercar el área reforestada para evitar que jinetes y transeúntes destruyeran los árboles. También se les instruyó no seguir adelante con su idea de instalar una serie de bancos para que los visitantes pudieran descansar y disfrutar de la vista. Las personas de las zonas pobres alrededor del cerro, obviamente, destruirían o robarían los bancos en pocos días, argumentaron.

Pero los vecinos desobedientes fueron en contra de todo eso: no cercaron la zona reforestada y construyeron un banco (sólo uno, ya que tuvo que salir de sus bolsillos). De todos los 1000 árboles, sólo alrededor del 5 parecen haber sido destruidos por humanos desde entonces. Y el banco está intacto (ni siquiera un rasguño) y constantemente está siendo utilizado por los vecinos.

Pero esta voluntad de tener espacios públicos realmente abiertos va en contra de la corriente. Un rápido vistazo a la construcción de nuestras ciudades (¿o debiéramos llamarlas ‘suburbios cerrados’?) y esto se hace evidente. La foto de abajo es un ejemplo.

“Calle sin salida”. No tuve idea de cómo llegar a ese otro barrio que se divisa al fondo. Hay una pared al final (pintado de verde, ¿para engañar?) que separa este barrio de clase media de los edificios de viviendas sociales que se ven al final.

La privatización del conocimiento y la cultura contra la cual Swartz luchó (en línea con el movimiento por el Open Access), va de la mano con la idea generalizada de que sólo unos pocos pueden diseñar y construir el espacio público (y construir y acceder a la cultura y al conocimiento). La privatización de las decisiones sobre la ciudad, el hecho de que las ciudades están haciendo en su mayoría diseñadas por corporaciones, empresas y, en general por una élite poderosa, está vinculada a la privatización del conocimiento y la cultura. Necesitamos luchar contra todas las formas de privatización en conjunto, destacando la forma en que están conectadas y cómo se relacionan con la narrativa que sólo la élite sabe lo que es mejor. Y queremos que el parque sea un espacio en el que podamos hacer eso de manera explícita: hablar sobre el poder, contra-actuar dinámicas actuales de poder.

Pero, de nuevo la cuestión es “cómo”, ¿cómo poner de relieve las conexiones entre estas formas de privatización mediante la apertura y la transformación de un espacio urbano? Encontré algunas pistas iniciales en algunos de los escritos de Swartz en torno a Wikipedia.

Swartz “se inspiró en el movimiento del software libre y su compromiso con una ética de intercambio de información” ya que esto podría permitir “colaboración extendida con resultados enormemente valiosos”, como el sistema operativo Linux y Wikipedia. Él “estaba comprometido con la cultura libre, en parte porque creía que el conocimiento libremente compartido podría transformar la sociedad para mejor.” Pero Swartz se convirtió en un escéptico del poder de la mera transparencia, y comenzó a destacar “la necesidad de que el activismo y el periodismo” (Benjamin Mako Hill y Seth Schoen en The Boy who Could Change the World, the writing of Aaron Swartz). No podemos obviar el tema del poder, de quién tiene voz, y de qué voces se oyen.

Si la apertura del conocimiento y la cultura no pueden alcanzarse sin abordar cuestiones de poder, ¿debe entonces el parque laboratorio también ser un espacio para el activismo? ¿Sería suficiente, por ejemplo, que los vecinos decidan qué tipo de intervenciones de arte desean, o qué formación desean para jóvenes desempleados locales? ¿Llevaría esta toma de decisiones compartida al activismo necesario? ¿Contaría acaso como colaboración radical? Mis conjeturas: no, no, y no.

¿Por qué no? En una serie de ensayos sobre Wikipedia, Swartz (entonces 19) destacó ideas que creemos dan sustento a nuestros principios estratégicos básicos (no importando que estemos trabajando en un entorno urbano y no con un software): “Si tomamos la colaboración radical como nuestro núcleo, se hace evidente que extender el éxito de Wikipedia no significa simplemente instalar más copias del software wiki para diferentes tareas. Sino que significa averiguar los principios fundamentales que hacen que funcione la colaboración radical. ¿Para qué tipo de proyectos es buena? ¿Cómo ponerla en marcha? ¿Cómo se puede hacer que crezcan/escalen? ¿Qué reglas instalar? (…) Estas preguntas no pueden ser respondidas desde un sillón, por supuesto. Requieren de experimentación y estudio. Lo que, a su vez, requiere la construcción de una comunidad en torno a la colaboración en sí misma” (Making more Wikipedias).

Para que la colaboración radical tenga lugar se necesita experimentación y estudio, construir una comunidad en torno a una fuerte colaboración. Todas cosas generalmente ausentes en proyectos de desarrollo, tal vez similarmente ausentes en proyectos de desarrollo comunitarios de base. Estamos demasiado ansiosos por saltar a soluciones, para obtener rápidamente la respuesta “correcta”, exactamente como nos dijeron que debíamos hacer como niños en la escuela cada vez que el maestro nos preguntaba (y nos congelábamos de miedo). Tenemos que luchar contra el miedo, la tentación, o tendencia adictiva de copiar soluciones (copiar wikis) en lugar de experimentar, aprender, adaptar. Y enfocarnos en averiguar esos principios clave detrás de nuestra propia colaboración radical, de nuestra propia experimentación y estudio. Decisiones compartidas sin co-experimentación, aprendizaje profundo y construcción de comunidad, podrían no ser suficientes para permitir la colaboración radical y el cuestionamiento de las estructuras de poder.

Si el parque laboratorio será co-producido (co-decidido, co-experimentado), ¿cómo garantizar que todas esas voces co-productoras son realmente escuchadas? ¿Cómo construir comunidad en torno a la colaboración? ¿Qué nuevas estructuras sociales deberemos probar? ¿Lucirán de forma analógica o digital, o ambas? El Internet, probablemente, puede desempeñar un papel, pero ¿cuál? Las personas que viven alrededor del cerro parecen en su mayoría des-conectados de la web, lo que se puede argumentar los margina aún más o añade la brecha digital como una brecha de desarrollo. ¿Están el libre acceso a, y la construcción de, espacios públicos, conocimiento y cultura invariablemente vinculados al acceso a Internet?

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