Un ROMANce que cambió la historia…

…y el paladar del hincha de Boca


Garra, huevo y corazón…escuchaba desde chiquito en mi casa. Eso era Boca. Nací en 1981 y mis primeros recuerdos son de escuchar los partidos en una radio portátil al lado de un árbol en la quinta que mis padres tenían en Del Viso, allá por 1987. El club de mis amores, el de los colores azul y oro que se transmitieron de generación en generación de mi querida familia Bostera, deambulaba sin rumbo por la mitad de la tabla en cada torneo.

Recuerdo que siendo tan chico, iba poco a la cancha…5, 6 ó 7 veces al año. Me fascinaba escuchar los cantos de la hinchada, pero todo cambiaba al momento de “Boca, Boca, Boca, huevo, huevo huevo”. En La Bomborera se generaba un clima diferente, cada hincha sacaba toda su pasión desde lo más profundo de sí, y pedía a los jugadores ese fuego sagrado, esa marca registrada con la que se distinguía al Xeneize.

Había escuchado varios nombres de ídolos que marcaron para siempre a esta camiseta: Mouzo, Rattín, Pernía, Passucci, verdaderos gladiadores de la azul y oro. En mi infancia disfruté de ver a Hrabina trabar con la cabeza, a Giunta jugar con el corazón, a Márcico desgarrado y a Cabañas ensangrentado, por mencionar sólo a algunos.

Pero en 1996 llegaste vos, el distinto, aquel capaz de cambiar para siempre el paladar del hincha de Boca, aquel capaz de cambiar para siempre la historia del club. Al jugador de Boca Juniors se le exigía huevo, garra, sudor y jugar al límite de lo que su cuerpo podía dar. Tal es así que aún retumba en míos oídos el hit: “Con la camiseta de Boca a matar o morir”.

Pero vos modificaste a una institución de más de 100 años. Nos hiciste disfrutar del buen juego, de celebrar con la pelota debajo de la suela, de volvernos locos con un caño, una asistencia o un gol que solamente jugadores de tu clase pueden hacer. Por lo que me cuentan en casa, un tal Ángel Clemente Rojas; Rojitas, tenía cosas tuyas…pero vos naciste para ser el más grande, vos naciste para cambiar la historia.

Ese paladar tan particular del Bostero fue cambiando, vos lo fuiste cambiando. Nos mostraste que jugar con huevo no era solamente trabar con la cabeza, también era pedir la pelota con 2 marcas encima, aguantarla y hacer un cambio de 40 metros. Tener sangre no era solamente jugar con una venda en la mano, sino tirar un caño en un clásico. Ser crack no es hacer 5 goles en un partido, es romperla cada partido contra River, Real Madrid, Gremio, Palmeiras…Y para los más exitistas, ese modo de sentir el fútbol vino con resultados, y cuantos! Debajo de tu botín se esconden 11 títulos con la azul y oro, todos con tu sello.

Siempre fiel a tu estilo, a tus principios y a tu forma de ser. No te entregaste nunca al sistema, al poder de los dirigentes ni al poder de la barra. No tuviste inconvenientes en defender tus pensamientos, aunque eso significara enfrentarte con Maradona, Macri o quien fuera. Hablaste poco en cada caso, en cada disputa, mientras ellos llenaron páginas de diarios y minutos en TV, vos hablabas en la cancha, jugando y haciendo jugar.

Te vamos a extrañar mucho más de lo que vos a nosotros. Esta vez parece que no hay retorno, y duele. El legado que dejás es realmente inmenso, sos el máximo ídolo de la historia de Boca. El tiempo lo va a magnificar y cada día se va a valorar más tu marca, cada día serás más leyenda.

Acostumbraste al Bostero a un plus, elevaste la vara de las exigencias para los jugadores que de aquí a la eternidad se pongan la azul y oro: al sacrificio “marca registrada” de Boca, se le suma: jugar bien, levantar la cabeza, meter una asistencia milimétrica, tirar un caño, definir como crack, aguantar la pelota y juntar 2 marcas para que un compañero quede libre, bajar hasta mitad de cancha para generar espacios arriba, potenciar a los laterales con pases precisos al vacío…

Gracias por estos 18 años de felicidad, gracias por esta pasión, gracias por ser uno de los nuestros y sobretodo gracias por este ROMANce que cambió la historia.

Pablo Durañona

@pduranona