LO BUENO Y LO MALO DE SER PELÓN
El destino y la vida quisieron que yo tuviera una gran cabellera... pero a mí no se me dio la gana.
Si fuera Sansón, sería el hombre más débil del mundo, pero afortunadamente “en la tierra de los calvos, los pelones son trenzudos”.
¿Los pelones son trenzudos?
Creo que es gracias a este refrán y a la ignorancia del 99 % de la gente que todavía se cree que los pelones somos unas máquinas sexuales, ya que es precisamente por el exceso de testosterona que estamos como estamos. Me van a disculpar los demás pelones, pero es imposible que seamos ejemplo de virilidad si al momento de ponernos un sweater de cuello de tortuga parecemos condón roto. Hay que aceptarlo, los pelones nada más servimos de referencia para poder ubicar a la gente que los demás no ven. Jamás he escuchado una conversación como ésta:
- ¡Esa güera está buenísima!
- ¿Cuál güera? ¡No la veo!
- La que está junto a esa máquina sexual seductora con exceso de testosterona que irradia virilidad, sensualidad, erotismo, lujuria, magia, tentación y que viste de traje negro.
¡No! Siempre será algo así:
- La que está junto al pinche pelón ese que está vestido de negro.
Todo el dinero que los pelones nos hemos ahorrado en peluquería, tratamientos capilares, shampoo, enjuague, cepillos, peines, gel, cera, spray y secadoras, lo hemos gastado en terapias con el psicólogo para poder superar el trauma y en putas para que nos levanten la autoestima y nos hagan creer (pagándoles el triple de su sueldo) que sí somos una máquina sexual seductora con exceso de testosterona que irradia virilidad, sensualidad, erotismo, lujuria, magia, tentación y no sólo somos el pinche pelón vestido de negro que se encuentra junto a la güera que está buenísima.
Fui calvo prematuro. Aunque la verdad resulte prematuro decir que me quedé calvo antes de lo habitual o de lo necesario. Nadie sabía a qué edad se me iba a caer el cabello, por lo tanto ni fue antes ni fue después… a mí el cabello se me cayó precisamente 15 años antes de que estar rapado fuera una moda. Sí, a los 23 años empecé a decirme a mi mismo “un calvo saca otro calvo” cada vez que iba al baño a hacer pipí y como mi ego es muy grande (de hecho quiero confesar que el es lo único que tengo grande), en lugar de ser calvo, decidí ser pelón y me rapé.
Lo único malo de ser pelón es tener que soportar una y otra vez los mismos chistes con los que corrieron a nuestros bisabuelitos del kínder.
- Ya llegó el que se les fue con el cambio.
- ¿Cobras regalías por cada bote de Maestro Limpio que se vende?
- ¡Eres igual que un río manso! No tienes ningún remolino.
Lo bueno de ser pelón, es que no usas shampoo y te puedes bañar siempre con los ojos abiertos. Créeme que no usar shampoo y bañarte con los ojos abiertos puede ser la diferencia entre la vida y la muerte; ya que jamás podrá llegar un loco asesino disrazado de viejita al Bates Motel para clavarte un cuchillo 137 veces sin que te des cuenta por tener los ojos cerrados. Con los ojos abiertos tienes la ventaja de poderte asustar, gritar e identificar al asesino antes de morir acuchillado.
No sé porque hablo de violencia si los pelones somos pacifistas… y no somos pacifistas porque al estar rapados parezcamos monjes budistas sino porque no podemos agarrarnos con nadie de la greña.

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