LOS LOCOS SUÁREZ (¿ADAMS?)
Sentarme a comer en la casa de cualquiera de mis amigos siempre me deprimió. Todo era perfecto. ¡Nadie gritaba! A todos les gustaba lo que comían y ninguno se quejaba. El papá siempre le sonreía a la mamá y los hermanos convivían en total armonía. Todo lo pedían por favor y además antes de comer todos se tomaban de las manos (incluyendo al pobre del invitado) y agradecían a un “señor” que nunca estaba ahí… Tanta cursilería me ponía mal.
Al único señor que yo recuerdo haberle agradecido por mis alimentos fue a Don Pepe el dueño de la tienda de la esquina que siempre me fiaba mi Chocotorro y mis Submarinos de fresa.
La primera vez que la familia Corcuera Torreblanca me invitó a pasar el fin de semana a su casa de Cuernavaca fue la última vez que les permití a mis papás que me dieran permiso para irme con ellos.
Recuerdo en la carretera toda la familia cantaba a la perfección las canciones de Cri Crí y la mamá los dirigía como si se tratara de Los Niños Cantores de Viena. Se terminó el repertorio y empezaron las adivinanzas, las preguntas de historia, de geografía… Y por ser “yo” el “invitado” siempre me tocó contestar la primer pregunta de cada ronda… Qué familia tan educada y tan considerada. ¡Pendejos!
Tuve náuseas y taquicardia todo el fin de semana.
Nos tocaban una campana para desayunar, comer y cenar. Y no lo vas a creer, pero a las 5:30 de la tarde era obligatorio tomar Kool Aid de uva y comer galletitas del “Surtido Rico” de Gamesa.
- Niños, hace mucho calor y no quiero que nadie se me vaya a desmayar ni se me vaya a debilitar por las calorías que están quemando mientras juegan bajo los rayos del sol… Así es que a comer galletas y a tomar mucho Kool Aid… No quiero que se deshidraten… No olviden agradecer al señor por nuestros alimentos…
Mi amigo y yo estábamos jugando “Monopoly”. ¿Cuántas calorías se pueden quemar por comprar propiedades en un juego de mesa? ¿Quién se ha deshidratado por lanzar dados en un tablero y mover una figurita?... Definitivamente esta familia estaba integrada por puros anormales…
En cambio salir de fin de semana con mi familia sí era divertido. A mi papá le encantaba que en la carretera mi hermana y yo fuéramos cantando y bailando con él en su coche… Eran los años setenta y lo que escuchábamos era música Disco. Los Bee Gees, Abba, Donna Summer, Gloria Gaynor, KC and The Sunshine Band.
Era mucho más divertido cantar “Tragedy”, “Bad Girls” o “That’s the Way I like It” que cantar “La Patita con canasto y con rebozo de bolita”…
Y lo mejor de todo era que en cuanto salíamos de la casa, mi hermana y yo recibíamos nombres nuevos por parte de mi papá. Ella era “chingada madre” y yo era “puta madre”.
- Apenas salimos de la casa y ya quieres saber cuánto falta para llegar chingada madre… Pues baja la ventana, ya te dije que cuando te sientas mareada bajes la ventana… ¿Vomitar? ¿Quieres vomitar chingada madre? Pues saca la cabeza por la ventana y vomita… A ver puta madre, ayuda a tu hermana a que saque la cabeza para que no me manche las vestiduras de mi Ford Galaxy… Carajo chavos, ustedes ponen de malas hasta el más santo, de veras… - ¡Puta madre! Te dije que mearas antes de que saliéramos de la casa. ¿Te lo dije o no te lo dije? ¿Entonces? Puta madre y aquí dónde quieres que me pare, ¿eh? ¿En una curva, para que nos rompa la madre un camión? Puta madre, la próxima vez que salgamos de viaje me obedeces y meas en la casa… Chingada madre, tú no llores…
- No, puta madre, no se me ocurre hacerte ninguna pregunta ni de geografía ni mucho menos de historia… Mejor que te las haga tu mamá. Ella sí terminó la universidad y tiene un título de “Maestra en Historia”… ¡Chingada madre! No te duermas, ya vamos a llegar…
A mi mamá no podía pedirle que nos hiciera preguntas de geografía o de historia porque siempre viajaba aparte. Le daba pánico subirse al coche con mi papá.
Finalmente llegábamos a Cuernavaca y siempre llegábamos al mismo lugar, al Hotel Posada Jacarandas… Mi hermana y yo nos metíamos en la alberca desde que salía el sol y jugábamos con los demás niños hasta que se hacía de noche.
No te imaginas lo bien que la pasábamos en la alberca. Todo era felicidad y paz hasta que escuchábamos a mi papá decirnos:
- ¡Puta madre! No se vayan a mear en la alberca… Acuérdense que se pone rojo alrededor de ustedes si se mean en la alberca… Y no quiero que la gente sepa que fueron mis hijos los que se mearon en la alberca… Me oíste, ¡chingada madre!
Esa es una leyenda urbana, ¿no?
¿Nunca te dijeron que si te hacías pipí en la alberca, unos químicos se iban a activar y automáticamente el agua a tu alrededor se iba a pintar de color rojo?
¡Eso es mentira! Se trataba de un truco por parte de nuestros papás para que no nos hiciéramos pipí adentro de la alberca… Además el agua nunca se ponía color rojo… ¡Nunca!
Siempre se ponía amarilla… Se sigue poniendo amarilla.
Es increíble lo que pueden llegar a inventar los papás para controlarnos y para manipularnos…
Los adultos siempre decidían cuál era el mejor momento para que nosotros fuéramos al baño… Y ese momento siempre tenía que ser: antes de dormir, antes de salir de la casa o a la hora del recreo… Como si la vejiga y el culo tuvieran horario…
- Maestra, ¿puedo ir al baño?
- No, claro que no. Para eso tuviste recreo. ¿Por qué no aprovechaste tu recreo para ir al baño?
Esa es la respuesta que nos daba la persona que era responsable de nuestra formación… Increíble, ¿no?
¿Qué habilidades pedagógicas puede tener una persona que cree firmemente que las vejigas de todos los alumnos están educadas para vaciarse solamente en los veinte minutos que se tienen de recreo? Prohibiéndonos ir al baño durante clases ¿va a mejorar el sistema educativo de México?
Si los alumnos fuéramos al baño a la hora de recreo ¿crecería el promedio de libros leídos en nuestro país?
¡Qué razón tenía Mark Twain! No debemos permitir que la escuela se interponga en nuestra educación… Por eso yo ni la prepa he terminado.
Y si los viajes de los locos Suárez eran totalmente sui géneris, no te imaginas lo que era la hora de la comida.
La primera en sentarse en el comedor con mi hermana y conmigo era la abuela Ana… Una andaluza adorable. Ya murió, pero todavía la recuerdo con un gran cariño… Era muy divertida y para todo tenía un refrán y le encantaban las pláticas escatológicas.
- Niños vosotros sabéis que el olor de los pedos proviene de pequeñas cantidades de Azufre y de Sulfuro de hidrógeno…
Su madre me ha pedido que mañana vaya por ustedes al colegio, pero si no voy a la huerta por lechugas, mucho menos voy a Cholula por coles… Lo poquito agrada y lo mucho enfada, así es que por qué no me jalan un poquito el dedito y a ver ¿qué pasa?
Mi hermana le jalaba el dedo y la abuela se tiraba un pedo justo cuando aparecía mi papá secándose las manos con la toalla del baño de visitas.
Papá.- ¿Qué fue es eso?
Abuela.- ¿Cómo qué? Un ratoncito en su motocicleta… Está escondido debajo de mi silla.
La abuela Ana dejaba salir un poco más de azufre y sulfuro de hidrógeno de su cuerpo…
Abuela.- ¿Lo habéis visto niños? Allá va el ratón en su motocicleta.
Mi hermana Julieta era una linda y muy ingenua. Buscaba al supuesto ratón por toda la casa…
Hermana.- Ratón, ven acá… ¿Por qué nunca me traes nada cuando se me cae un diente?
Papá.- ¡Chingada madre! Deja al ratón en paz… Yo tampoco recibí nunca nada del pinche ratón… A mí los dientes me los tiró mi papá a madrazos… Siéntate y agradece que tu papá es diferente… ¿Qué pasó con la comida?
Entraba mi mamá al comedor.
Mamá.- (Dirigiéndose a mi papá) Chulito, acaban de comprar tortillas, están recién hechas, ¿quieres que te las traigan?
Papá.- ¿Para qué Pepita? Toda la vida es la misma historia. Me traen las pinches tortillas, y nunca hay una pinche salsa que pique, y cuando finalmente llega la pinche salsa que pica, las tortillas ya ¡están sobaqueadas! ¡Ya no están calientes! Y cuando por fin llegan las tortillas junto con la salsa que pica, a mí ya se me fue el hambre… Todo tiene su tiempo Pepita, todo y tú estás matando el mío…
Mamá.- Ay, no, no, no, no, no, no, no, en serio. Francamente yo por eso prefiero que comas en la calle, con tus amigos o con tus viejas… Siempre que vienes a comer a “esta tu casa” es la misma historia de siempre contigo… No sé ni para qué le dije a la muchacha que se fuera a formar desde temprano a la tortillería, en serio… Pero claro, como tienes a Saturno en tu casa 4, no puedes darte cuenta de lo que los demás hacemos por ti… En este momento Plutón está haciendo una cuadratura con tu la luna y con Marte que es el planeta de la guerra. Por eso estás de malas… Además estás en un año 5 que es de muchos cambios, muchos cambios… En serio que ahora sí me voy a encerrar en un Ashram y me voy a poner en contacto con mi yo interno para encontrarle sentido a esta vida que me tocó vivir… Claro, como soy Acuario con ascendente en Piscis, me estoy ahogando… Tú ¡me ahogas!
Papá- ¿Ves? Ves por qué no me gusta venir a comer a la casa. Si quiero saber de mi horóscopo, mejor compro el Tele Guía Pepita… Qué tienen que ver unas tortillas y la pinche salsa con el sistema solar. Acaso la Luna, los asteroides, y los meteoritos le van a dar sabor a la comida, ¿eh? ¿Quién te crees que eres? ¿Señorita Cometa?
Las discusiones iban a más y más…
Y ya te imaginarás cómo se ponían las Navidades, ¿verdad?
La abuela Ana se quedaba dormida antes de que cenáramos no sin antes advertir:
- Ya lo saben niños: Cuerpo dormido, culo perdido…
Y ya dormida aprovechaba para llenar la Noche Buena de azufre y de sulfuro de hidrógeno… Era tal el olor que los muñequitos del Nacimiento se echaban a correr… dejando al niño solo en la cuna.
Una vez más entre mi mamá y mi papá todo era gritos, platos rotos, más gritos, más platos rotos.
Esa noche en lugar de venir Santa Claus a la casa, venía la policía… El turrón nos lo íbamos comiendo en la patrulla y el ponche nos lo tomábamos en el estacionamiento de la delegación con todos los policías.
Ya de regreso a la casa mis papás seguían la discusión en donde la habían dejado antes de que llegara la policía.
Menos mal a mí era al único que escuchaban. En cuanto yo intervenía finalmente lograba que los dos se pusieran de acuerdo. Al mismo tiempo los dos me decían:
- ¡Cállate! Esta es una conversación para adultos y los niños no pueden opinar.
¡Wow! Qué frase, ¡qué frase!... Esta es una de las muchas frases de antología con las que crecimos… Yo a estas frases las bauticé como “FRASES DE COLECCIÓN”.
Frases como esa te hacen vivir con sentimiento de culpa toda tu vida y te hacen creer de verdad que no mereces ese pan que con muchísimo esfuerzo pone tu padre sobre la mesa.
No mereces ir a esa escuela bilingüe que con tanto sacrificio pagan mensualmente para que seas una persona de bien en este mundo de mal y que está próximo a vivir un cataclismo.
No mereces la lonchera de metal de la Guerra de las Galaxias que te compraron para sustituir la de El Hombre Nuclear en la que llevas el sandwich de queso de puerco que con tanto cariño, cuidado, ternura y amor le pidió tu mamá a la muchacha que te preparara. (Si no tratas así a las muchachas terminan por irse en el momento menos esperado.)
“Esta es una conversación para adultos y los niños no pueden opinar”…
Y lo peor es que te lo creías… Creías de verdad que por ser niño, eras un pendejo… Después de la frase, como te sientes realmente ofendido; te dan ganas de llorar. Lloras y en el momento que se dan cuenta que estás llorando te atacan de nuevo con otra gran frase de colección:
- ¿Estás llorando? ¿Por qué lloras? ¿Por qué lloras?
¿Quieres que te dé un motivo para llorar? ¿Eh? ¿Quieres un buen motivo?... ¡Yo te voy a dar un buen motivo para que llores de verdad!
Esta frase nunca la pueden decir así como así, ¡no!
Mientras te la dicen siempre se van desabrochando el cinturón a la velocidad de la luz…
No te da tiempo de dejar de llorar por una cosa cuando ya estás llorando por otra completamente diferente.
A los niños de mi generación se le prohibió llorar… Por eso nos cuesta tanto trabajo hacerlo.
- Los niños no lloran, aguántese, ¿qué no es machito?
¡Guárdese esas pinches lágrimas pa’cuando yo me muera!
Relacionamos llorar con ser pendejos y ser pendejos con ser niños.
Ser niño no se trata de vivir con miedo, asustado y amenazado todos los días… ¡No! Y tampoco se trata de vivir callado.
La infancia debería de ser como un éxtasis… ¡Un éxtasis! Así como si le hicieras el amor a Angelina Jolie y no como si te la mamara Micheal Jackson…
Los niños de mi generación teníamos prohibido entrar a la sala. La sala era única y exclusivamente para las visitas… y tus amigos no eran considerados visitas, por lo tanto también tenían prohibido entrar a la sala…
A mi casa jamás fueron visitas, sin embargo “lo mejor” estaba reservado para ellos. Las mejores toallas, la comida más rica, los chocolates más finos… y a mi hermana y a mí nos prohibieron tocar cualquier cosa que le perteneciera a esos desconocidos… ¡Qué poca madre!
Así es que cuando tus papás te mandaban llamar a la sala ya sabías de antemano que no se trataba de nada bueno…
Cada vez que mi papá me mandaba llamar a la sala, se hacían presentes en mi mente los mismos pensamientos.
- “Uta, ahora sí me van a meter a una escuela de gobierno… Me van a mandar a la militarizada… ‘Ora sí me cumplen lo del internado… Ya me vi, ora sí ya me vi trabajando de cerillito en la Comercial Mexicana”.
¿Cuál es la frase que nos decían para intimidarnos?
- “Mientras vivas en esta casa, se hace lo que yo diga”.
¿Y para hacernos sentir culpables?
- “Haz lo que te dé tu regalada gana”.
Y si hacías lo que te daba tu regalada gana, te decían la siguiente:
- “¿Qué crees que tú te mandas solo y que puedes hacer lo que te dé tu regalada gana?”
Y después de los cinturonazos y de dejarte todo madreado, la mejor frase de todas:
- “Créeme que me dolió mucho más a mí que a ti”.
Siempre me quedé con ganas de decirle:
- Me imagino que tu hemorragia es interna cabrón, porque por afuera te ves a toda madre…
Tú, ¿recuerdas alguna frase?

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