El fanatismo en el fútbol. ¿Un diario vivir?

La industria del deporte espectáculo es una de las mayores generadoras de dinero del mundo, en tanto que el espectador busca una distracción, una “descarga” al estrés y la complicada vida tercermundista a través de los diferentes deportes populares.

Los efectos sobre el público varían según el deporte que se esté mirando. El fútbol sigue siendo el deporte que genera más emociones en el público a nivel mundial, el problema es su fanatismo.

El fanatismo esconde unos terribles efectos secundarios: limita la libertad, empobrece la comunicación, limita la autocrítica y el afán de superación, reduce la riqueza de matices de la vida y en muchos casos desemboca en la negación rotunda ante otros. El fanático se caracteriza por su espíritu maniqueo y por ser un gran enemigo de la libertad. Los lugares donde prevalece el fanatismo son terrenos donde es difícil que desarrolle a fondo su conocimiento. Para él no cabe el debate o la búsqueda común de la verdad, el fanático siempre cree poseer la verdad de manera tajante. Afirma tener todas las respuestas y en consecuencia, no necesita seguir buscando a través del cuestionamiento de las propias ideas que representa la crítica del otro. El fanático suele suponer más de la cuenta.

La mayoría de personas que sufren fanatismo nunca se han detenido a pensar las ventajas y desventajas que ello les ofrece. Pero reflexiona por un momento:¿Qué ganas tú?. Buenos momentos de ocio, euforia, una subida de adrenalina y… ¿nada más?.

En cambio, mostrar obsesión con un deporte cada vez que tu equipo pierde es un calvario hasta el punto de discutir acaloradamente con otras personas o impedirte descansar bien. Incluso tu familia puede verse resentida por tu desmesurada afición: riñas, dejar de realizar actividades por atender a partidos, mal humor, etc. De hecho en casos más graves y extremistas, cada año hay decenas de muertos por enfrentamientos entre aficionados, principalmente de fútbol que es el deporte que más fanatismos desencadena.

Concluyo este post con unas palabras del gran escritor italiano Umberto Eco:

Yo no tengo nada contra el fútbol… si se tercia, me veo un buen partido con interés y gusto, porque reconozco y aprecio todos los méritos de este noble juego. Yo no odio el fútbol, yo odio a los apasionados del fútbol… No amo al hincha porque tiene una extraña característica: no entiende por qué tú no lo eres, e insiste en hablar contigo como si tú lo fueras… Son como hablar con la pared. No es que a él no le importe nada que a mí no me importe nada. Es que no consigue concebir que a alguien no le importe nada.