Espera, ¿Te conozco?
Siento que quiero escribir acerca de 99 cosas distintas pero, como todo, empezaré por la más urgente.
En mis casi 23 años he pasado por muchas etapas en mí relativamente corta vida, en su mayor parte mí personalidad se ha inclinado hacia escuchar muy por encima de dirigir la conversación. Escuchar y juzgar eran mis dos actividades preferidas, luego llegaron los años universitarios (los cuáles aún estoy cursando), y escuchar fue lentamente desapareciendo. Juzgar se apoderó de mí casi por completo.
La razón por la que prefería escuchar es que escuchando se obtiene información, y cuando conversas con alguien esto es precisamente la meta: obtener tanta información como nos sea posible.
Es naturaleza humana conocer un individuo y tratar de suponer o dominar todos los hechos acerca de esta persona que simplemente apareció, aquí está frente a ti, y solo hay un número finito de cosas que puedes saber de él o ella en los primeros 10 minutos de interacción, lo cual provoca ansiedad. La situación empeora si consideras a la persona en cuestión atractiva, es como si tu interior se volviese un mar inagotable de curiosidad y tienes que sacarlo o reemplazará el aire de tus pulmones ahogándote completamente (tal vez un poco exagerado, pero es solo para establecer un punto).
Habiendo dicho esto tener este sentimiento no es el problema, las acciones en respuesta al mismo lo son. De verdad quiero que analicemos lo siguiente porque es importante: si apenas conozco una persona, ¿Tengo derecho a cuestionar su vida privada?
La respuesta es no, no tienes derecho. Si cuestiones como si alguna vez he intentado suicidarme, con quién tengo o no tengo sexo y mis conflictos mentales fuesen de dominio público figurarían en cada una de nuestras cédulas. ¿De verdad hemos caído a tal nivel de narcisismo que pensamos que el día a día de una persona debe encajar en la palma de nuestras manos? ¿Somos millennials, y por eso tenemos todo el derecho de saber cada detalle de la vida de nuestros vecinos? Como si nuestras vidas y nuestro ocio personal son lo único que importa.
¡Hey! Te tengo noticias, compartes el mundo con aproximadamente 7, 400 millones de personas y hay una razón por la cual no nos comunicamos empaticamente (sí, a lo sense8), y esa razón es que el concepto de privacidad aún existe, y te guste o no, no llevamos nuestras experiencias en la frente. Yo decido qué comparto y tú decides qué compartes. Es un error de madurez, yo crecí fuera de él, pienso que todos debemos hacer lo mismo.
La próxima vez que decidas compartir verbalmente algo que no te corresponde con el individuo en cuestión o con otros, piensa: “¿Conozco lo suficiente a esta persona como para tocar este punto acerca de su vida?”, si la respuesta es no, sugiero que lo entierres muy dentro de ti, te hará mucho mejor ciudadano del mundo.
