Mi E. T. Personal

Jose Rafael Aponte
Jul 20, 2017 · 3 min read

*Photo cred: Dermont Reddan*

Hoy quiero escribir acerca de un alien color verde esmeralda que llegué a conocer en un aula común, durante un día corriente, en primavera, verano u otoño. El alien que abrió mi corazón a la verdad, y del que siempre estaré agradecido.

Este alien era especial, el día que lo conocí lucía lentes para leer y traía consigo libros, amaba estas cosas como si fueran personas (quizás aún más), los abrazaba a su pecho como si cada uno de ellos fuese tan especial como ella lo era, como si las historias ficticias que traían dentro eran un mejor lugar para vivir que el hoy, que el mañana y el por siempre.

Este alien en particular tenía secretos que le resultaban vergonzosos, secretos importantes porque de ellos iba a depender el resto de su vida.

Odiaba las matemáticas, amaba hornear magdalenas y decía la verdad mucho más que menos. Era valiente a pesar de las adversidades terrenales, no lloraba en público y, sobre todo, era excelente pretendiendo que no le importaba las opiniones de los demás cuando eran negativas, aunque definitivamente jugaron un papel en su caída.

Déjenme dejarles bien claro que este alien no era ningún ángel, este extraterrestre vivió y, estoy seguro, que no lo hubiese preferido de ninguna otra forma de tener la oportunidad de repetir los momentos, las horas y los días. El problema con vivir muy rápido es que la vida se nos acaba con rapidez.

El tiempo pasó, y el alien se fue esfumando frente a mis ojos de forma lenta pero constante. Alguna vez trató de que su exterior llegase a lucir como su interior, la odiamos por ello porque como todo lo que no entendemos, nos causó miedo. Alguna vez trató de encontrar amor, pero como casi todo aquel que incursiona en las aguas de eros acabó con el corazón roto al mismo tiempo que terminó rompiendo corazones. Alguna vez miró dentro de nuestros ojos y nos pidió ayuda con ellos, con un abrazo prolongado o con contacto visual suplicante, pero como somos personas (y generalmente preferimos ignorar los asuntos que nos incomodan), seguimos adelante, maduramos y crecimos, y dejamos a nuestro alien atrás.

Me gustaría decir que el alien al fin volvió a Marte y fue feliz, definitivamente aquí en la tierra nunca pudo serlo, la verdad es que no lo sé.

¿Creen en el concepto de la felicidad? Cuando alguien me dice que es feliz, o en casos mucho más atrevidos que sea feliz, me imagino a un hombre o a una mujer con una sonrisa de comisura a comisura, con todo tipo de ángeles animados y pequeñas aves volando alrededor de su cabeza. Quizás me imagino a alguien enamorado, o tal vez simplemente a alguien teniendo un día grandioso. Sé lo que significa estar feliz, lo he experimentado, lo que nunca he llegado a sentir son ganas de no estar (sí, ganas de no estar), ganas de no ser, deseos de dejar de respirar porque el dolor es inimaginable y sin origen, y vivir es como esas películas donde estás atrapado en un loop hole del mismo día deprimente que se repite una y otra, y otra vez.

Todo esto es inferencia, imaginación y empatía. La última vez que la observé a los ojos me abrazó con amor y fuerzas, y se despidió. Desearía haber hecho más por ti, quisiera hubiese sido un mejor amigo para ti, merecías mejor que nosotros, de eso estoy seguro. Espero que estés por fin en paz querida amiga, y si de alguna forma el planeta en el que habitas ahora tiene conexión con la tierra, si de algún modo me escuchas (o más bien me lees), te amo. Cambiaste mi vida para bien, y por siempre estaré agradecido contigo.


Dedicado a Melany Luciano y a todas las demás víctimas de la soledad del universo, resultaste demasiado grande como para conformarte con la Tierra.

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