Uno de uno.

Miren, Freud pensaba que hay una irremediable tendencia a creer que vivimos en un mundo donde todos son buenos y uno es malo o, donde todos son malos y uno es el bueno de la película. A mí me parece que todos estamos bien confundidos con teorías de cuanto percibimos, con innumerables cajones para que todo encuentre su lugar, porque no hay cajón que diga “humano” en donde podamos meternos por completo y entre tanta división, ya se nos han perdido unas cuantas piezas.

Entre la confusión me digo, ¿eres buena o eres mala? Estás salvada por vivir entre un mundo amoroso que te ofrece la redención a través de los demás o tu bondad está condenada a perderse para siempre ante las atrocidades del mundo.

Yo soy todo el mundo, en mí están todas las realidades, algo así se las gastaba Krishnamurti. Por lo tanto, la cosa se complica un poco más porque soy el bueno, el malo, el amor infinito del universo y los actos más crueles de la existencia humana; soy el hambre y la gula, el dolor inigualable de perder un hijo, estoy ciega, soy millonaria, un genio en potencia, el ser más indefenso. Ah, pero que soberbia, me cae. Y no es que yo esté en contra de Krishanamurti, sólo aceptando esa condición entenderemos al prójimo cree él, estoy en contra de mí que no quiero ser el niño que se la pasa en la calle pidiendo monedas con la cara sucia al rayo del sol. En contra de mí que quiere escribir un blog en la comodidad de su hogar, desde su laptop mientras merienda.

La buena noticia es que todo tiene su tiempo para ser creído y este no decir nada puede creerse de ahora en adelante o por lo menos, un segundo. Al final todo se desvanece como al limpiar la huella húmeda del vaso en la mesa y después ni siquiera se puede pensar que una vez estuvo.

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