Narcisista

Estoy obsesionado con el año en que nací. Desde hace tiempo me he encargado de darle importancia en mi cerebro a cualquier evento, persona, película o cualquier otro dato que haya salido a la luz en ese año.

Algunas cosas son realmente valiosas, otras son una mierda. Pero desde hace unos días empecé a cuestionar las razones de esta costumbre. La primera de ellas es ridícula: dentro de mi mente, en un pequeño espacio escondido casi en mi subconsciente, se encuentra la idea de que esas cosas de alguna manera forman mi carácter. Es obvio que la identidad es formada hasta cierto punto por los medios que consumimos y los medios reflejan la realidad de ese momento, pero la manera en que yo lo proceso es más parecida a la astrología —una predestinación — que a un concepto psicológico. Si no fuera así, entonces por qué otra razón estaría como pendejo preocupándome de encontrar todas las referencias. Es patético.

La segunda razón tiene que ver más con la parte social. El conocer estos datos, estas películas y esas canciones me hace creer que me conozco más a mí mismo y me hacen sentir más seguro. Los momentos que más recuerdo, buenos o malos, siempre termino asociándolos con otras imágenes, escenas o párrafos, tanto así que algunas veces llego a confundir y fusionar las realidades de esos recuerdos. Y los sentimientos de esos recuerdos son los que me ayudan a relacionarme con otras personas. Igual de patético.

Obviamente, este tipo de obsesión no podría ser saciada sin la ayuda del internet, nuestro gran salvador y el único.

Después de dos pláticas — o más bien dos sermones — por parte de dos profesores muy diferentes, mi mente se escandalizó y comenzó a darle vueltas a una idea. El sermón de uno de ellos iba dirigido en contra del «daño», «la maldad», los riesgos a los que está sometiendo el internet y las nuevas generaciones (los millenials, para ser exactos) a esta gran sociedad pura y santa que nunca ha tenido problemas y de la cuál sólo han brotado maravillas. Ambos se basaban en una serie de argumentos que listaré a continuación:

  • En el futuro será necesaria una educación para poder recuperar la capacidad de socializar con personas en el plano físico
  • Las personas dejarán de interesarse en la realidad y vivirán sólo en la realidad virtual
  • Los seres humanos harán el peor uso posible de la tecnología

Aunque no tengo ningún argumento en contra de este último punto, sí lo tengo para los dos primeros, empezando con el segundo.

La fantasía de vivir inmerso en un mundo hecho de código binario y pixeles, un mundo que puedes hacer y deshacer, ha estado presente desde décadas atrás y no ha podido ser desplazada. Desde niño lo he visto en caricaturas, lo he escuchado: un casco que te permite transformarte en el personaje del juego y el mundo alrededor; y mucho antes lo puedes observar en Videodrome de Cronenberg. Ahora que ya sabemos que este casco puede tener infinitas posibilidades en los ámbitos de la sociedad, surge el miedo de utilizarlo 24/7, descansando sólo para ir a cagar o comer o dormir. Es totalmente probable, pero, ¿qué acaso no ya vivimos conectados todo el tiempo? La mayoría de mis amigos contestan en breve los mensajes; si alguien quiere difundir un mensaje importante no va a la calle y lo grita o empieza a distribuirlo verbalmente con sus vecinos: postea el mensaje en Facebook, Twitter o alguna otra red social, y si lo quiere hacer de una manera más privada utiliza el correo electrónico o el celular. Cuando haces ejercicio una aplicación cuenta el tiempo y distancia que recorres y te avisa cuando cumples tus metas, además de postear tus resultados en otros espacios virtuales donde tus amigos pueden observarlos y criticarlos. Otra aplicación te recuerda los pendientes, otra te muestra los mejores lugares para comer, otra más te muestra cómo llegar al lugar, etcétera. Y ni hablar de la comunidad de videojuegos, lo más criticados y donde de verdad han ocurrido muertes relacionadas con la conectividad. Ni siquiera las personas más viejas pueden escapar de esta red: mi abuela tiene menos de un año usando un smartphone por primera vez en su vida y ya ni siquiera toca el teléfono fijo de su casa, sólo desplazó su gusto por la televisión hacia YouTube.

No sirve de nada hacernos pendejos: la inmersión en otras realidades viene ocurriendo desde hace ya más de 100 años. El cine fue un gran paso. De hecho, la expresión que dice que el cine es una «máquina o creador de sueños» no es en vano porque las películas nacieron para llevarte a otra realidad: a través del montaje, la fotografía y otra serie de recursos del lenguaje, engañan al espectador y, así mismo, la sala de cine está hecha para incomunicarte del mundo exterior, de la realidad. Y antes del cine estaba el teatro, la pintura, los espectáculos con sombras y linternas, y otros más. La humanidad siempre ha buscado maneras de escapar de su realidad. ¿Por qué? Es difícil responderlo, sobre todo porque supongo que hay varios estudios por parte de expertos que no he leído y algunas otras tesis que no pasaron la prueba y ahora sólo rondan en la web, pero mi más grande suposición sería porque nuestra sociedad es una mierda.

Si analizas la historia del ser humano desde que comenzó a establecer poblaciones a gran escala, también surgieron los problemas, las guerras y matanzas: el dirigente es ambicioso, por lo que decide invadir otra ciudad y en el proceso violar a todas sus mujeres, matar a la población y robar sus pertenencias; el papa decide que la iglesia católica merece más territorio, por lo que invade otras naciones y erradica otras creencias, además de quemar unas cuantas brujas; a un nuevo líder no le gustan los judíos, los detesta, así que los mata en masa de diferentes maneras; un gobernante no está de acuerdo con darle un mejor futuro a los estudiantes, así que les dispara en público; el jefe de una empresa decide darle más oportunidades a un empleado que es cercano a sus círculos sociales pero es incompetente en su trabajo, de tal manera que otro empleado que ha trabajado de una manera más eficiente y productiva siempre se mantiene en un puesto que no le genera suficientes ingresos ni autoestima. Superior e inferior, el que tiene la razón y el que no; el líder y los súbditos… y el favoritismo. Y claro que podemos encontrar otro tipo de patrones que la humanidad ha venido arrastrando desde siempre y que no logra erradicar. ¿Aún se preguntan por qué la mayoría de los seres humanos buscan un escape a la realidad?

Más bien lo que debería preocuparnos es buscar y arreglar las razones que nos provocan esta ansiedad de buscar otros mundos. Claro que cuando esta tecnología se desarrolle y de verdad nos surmeja en la realidad virtual van a surgir los adictos, como han existido las personas dependientes de algo toda la vida: adictos a las drogas, al sexo, al trabajo, a las relaciones, a los videojuegos, a las apuestas. El vicio también es parte del ser humano. Tan sólo basta con mencionar el cigarro, estoy seguro que es más dañino que la realidad virtual y obviamente no hay indicios de prohibirlo.

En cuanto a la educación para socializar que supuestamente tendríamos que recibir en el futuro no puedo decir que estoy en contra, sino que es sólo un ejemplo de los distintos tipos de nuevas materias y estudios que van a surgir durante este siglo. Si la manera de comunicarnos entre nosotros está cambiando es porque aún no la hemos perfeccionado. La socialización, la capacidad de poder formar vínculos con otros seres humanos y aprender en favor de nuestra personalidad, viene mutando desde el momento en que se inició el proceso de evolución del hombre de las cavernas. Antes apenas y salían balbuceos de la boca del hombre, ahora necesita horas y horas de conversaciones, de experiencias, para poder confiar en alguien. En el kinder conocí niños que su proceso de socialización se basaba en humillar a los demás, en la primaria había maestros que creían que el mejor método de enseñanza era la tortura y de la escuela es de donde aprendí la filosofía del país: chingar o ser chingado.

Mientras siga existiendo la exclusividad, la discriminación, la falta de respeto, el suicidio y depresion, veo muy difícil que podamos admitir que nuestro proceso de socialización es el perfecto e indicado.


Bueno, en resumen, creo que si eres una de esas personas que cree que la tecnología sólo nos está hundiendo en un umbral de mierda y retroceso, deberías pensarlo dos veces, ya que la tecnología no aparece de la nada, no se crea por arte de magia. La crea una persona que tuvo una idea, influenciado por las experiencias, los conocimientos y las necesidades que observa en el mundo, para que al final miles y millones de individuos terminemos utilizándola. Y justo en este periodo de la historia, la tecnología es más accesible que nunca. Cada día hay más pánico, más ansiedad de saber qué es lo que sigue pero, en mi opinión, lo mejor es prepararnos con una mente abierta para todo lo que vendrá en los próximos años: nuevos tipos de conflictos, nuevos tipos de guerra, nuevas maneras de relacionarnos, de mirar, de escuchar, nuevas maneras de experimentar sensaciones; y reflexionar sobre cómo era la sociedad hace 100 o 200 o 2000 años.

Y por si nunca te has dado la molestia de investigar la historia mundial, aquí un resumen muy breve y abstracto: