Llamadas

15 llamadas perdidas de un número que tengo registrado como desconocido pero que tengo guardado en la mente. Son pocos en realidad los números de teléfono que me sé de memoria; parece que en pleno 2014 es innecesario grabarse otro más que el propio. Sin embargo, ése número me atormenta. Me persigue en las madrugadas y cuando al fin logro conciliar el sueño lo veo en ellos. Siempre escondido en mi subconsciente esperando a aparecer. De momento lo veo en las páginas del libro que estoy leyendo o en la ip de la página que estoy visitando. En el total de lo gastado en el súper y en las canciones que tiene la playlist de fondo. Esa bendita sucesión de números que años enteros no me han permitido olvidar.

Suena el celular y sigo sin contestar. Responder a esa llamada es abrirle la puerta a un pasado que cerré hace ya tres años. Tomar la llamada es perderme nuevamente en sus palabras y lanzarme al vacío sin paracaídas. Lo sé porque aunque hace tres años que cerré ese capítulo, hace sólo dos de la última vez que escuché su voz.

Hace dos años respondí al tercer timbrazo sin detenerme a ver el número antes y en cuanto murmuraste un hola supe que había perdido la batalla. No contesté. No hablé. Fue una llamada de 45 minutos en las que sólo él rompió el silencio. Dijo cuánto me extrañaba, no de esa forma romántica y empalagosa en la que extrañan todos los hombres de las películas de Julia Roberts. Dijo que me extrañaba en esos pequeños intercambios diarios, en los detalles cotidianos, en los momentos reales. Balbuceó excusas y lamentos y exigió perdones por lo pasado. Habló de nosotros para siempre como algo más que un recuerdo de dos personas que estaban destinadas a estar juntas y que en su lugar terminaron cada una en otro lado, en otro tiempo, en otra historia. Habló de la inmortalidad y la asoció con nosotros y culpó al cangrejo por ser espurio y ser incapaz de vivir por siempre.

Lamenté cada uno de esos minutos y cada una de las lágrimas derramadas los siete días siguientes a esa llamada. Así que suena nuevamente el celular y sigo firme en mi posición de no tomar la llamada.