Santa María de Nieva, 14/10/79

“Vista desde el aire, la selva ondula debajo de mí, aparentemente pacífica, pero eso es sólo una ilusión, porque la naturaleza en su ser más íntimo nunca es pacífica. Incluso cuando es desnaturalizada, domesticada, les devuelve el golpe a los domadores y los degrada al nivel de animales domésticos, de chanchos rosados, que luego se consumen como grasa en la sartén. Me viene a la mente la imagen, la gran metáfora del chancho de Palermo, que escuché que cayó dentro del pozo de desagüe del mercado: vivió ahí dos años y siguió creciendo y sobrevivió con los desperdicios que tiraban al pozo, y cuando lo sacaron, porque finalmente había tapado todo el desagüe, el chancho era casi blanco, gordo y había tomado la forma del pozo. Se había transformado en una especie de gusano blancuzco e inmenso de figura rectangular, cúbica, flácida, un gran pedazo de grasa que sólo podía mover la boca para comer, mientras que las piernas se habían atrofiado y hundido en la gordura del cuerpo.”

Seis días antes, dijo:

“(…) Jack Nicholson quería que lo encontrara en el set de El Resplandor, tiene ganas de hacer algo conmigo, pero no quiere ir a la selva, ¿se podrá hacer la cosa en un estudio, en casa? Kubrick se enteró de que estaba en el set y como era horario de almuerzo me invitó a comer con él. Una cadena de asistentes con walkie-talkies me fue derivando hasta alcanzarlo. Nos comportamos respetuosamente el uno con el otro, pero teníamos poco para decirnos. Le dije que como no sabía casi nada de su proyecto, su set me causaba impresión, y hablamos de cómo él tenía que abrir con largos movimientos de cámara, sin cortes.

En Los Ángeles, Sandy Lieberson me confesó que iba a renunciar como presidente de la Fox, nadie lo sabía todavía, yo debía quedarme callado, pero de todas formas ese tipo de internas no son relevantes para mí, porque voy a estar solo con la producción. Por un momento se apoderó de mi la sensación de que mi trabajo, mi visión, me destruirían, y por un segundo me permití una mirada sobre mí mismo que de otra forma no conseguiría jamás: por instinto, por principio, por un impulso de supervivencia; una mirada nacida de una curiosidad más bien material: si mi visión no me había destruido ya. Me tranquilizó saber que aún respiraba.”

“Conquista de lo ínutil” de Werner Herzog.

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