SUMMA GENDERRATICA: La anatomía del sistema de género.

Esta es la traducción de un post del sitio Honey Badger Brigade (que originalmente estaba colgado en Genderratic, al cual se hace referencia en el texto)de YetAnotherCommenter. Pueden leer el original aquí.

Nota del autor: Este es un sumario de mi teoría completa acerca de cómo el sistema de género de nuestra sociedad opera y cómo se originó. Se pretende que sea un mapa de las normas de la sociedad acerca de la masculinidad y la feminidad. Creo que puede explicar todas las normas de género en nuestra sociedad. El movimiento por los derechos humanos de los hombres requiere una integrada y consistente teoría acerca del género para poder competir con éxito con el Feminismo Radical de Segunda y Tercera Ola- esta teoría es un intento de proveer una.

Lo siguiente no menciona todos los aspectos del sistema de género de nuestra sociedad, pero creo que cualquier aspecto no mencionado de las normas de género puede ser exitosamente explicado por esta teoría (siéntanse libres de ponerme desafíos a lo “explica esta norma como producto del sistema de género” en los comentarios)

Tengan en cuenta que aunque titulo a este post “Summa Genderratica” no deseo implicar que la teoría de aquí abajo(en su totalidad) es aceptada por nadie más que mí mismo. Simplemente estoy ilustrando mi teoría aquí, y no se supone que se deba tomar como la “filosofía oficial” de todo GendErratic. La razón del título es porque soy un cabrón pretencioso y como tal disfruto la connotación auto-importante/ referencia hacia las obras de Aquino.

¡Empecemos con la teoría!

PARTE 1
La Primera Premisa: El Propósito de las Normas Sociales.

¿Por qué surgieron las normas sociales?

Esta teoría tomará como axiomático que las normas sociales surgen para la supervivencia y por el sentido práctico.

El Desafío

El sistema de género surgió en los primeros días de nuestra especie. Durante estos días, la comida y los recursos eran escasos, la acumulación de ellos era una tarea difícil y propensa a fallos, y fue con el trabajo manual que se realizó estas tareas; el trabajo físico fue la principal fuente de mejoras para la supervivencia y el nivel de vida (a diferencia de hoy, donde el capital tecnológico y el trabajo de conocimiento proporcionan esto (Nos dice bastante que los primeros desafíos al sistema de género sólo surgieran con la Ilustración y la Revolución Industrial … periodos durante los cuales la economía se volvió menos dependiente del trabajo y más dependiente del capital debido a los avances tecnológicos, y también que dichos desafíos al sistema de género surgieran inicialmente entre los grupos materialmente acomodados de la sociedad)).

Debido a que el trabajo físico era el principal medio de producción, se hizo hincapié en los medios de producir trabajo físico, es decir, reproducir y aumentar la población. Sin embargo, sólo una minoría de los niños sobrevivió para llegar a la edad adulta, y como tal se requerían tasas de natalidad mucho más altas para aumentar el tamaño de la población en general.

Pero sólo una mitad de la población podía tener hijos.

La Respuesta

La biología combinada con la necesidad de criar agresivamente obligó a las hembras a “especializarse” y dedicar grandes cantidades de su tiempo a estar embarazadas y producir niños (y cuando están embarazadas son menos móviles y por lo tanto más vulnerables).

Como los varones no podían realizar esta importante tarea, proporcionaban protección y provisión de recursos (en esencia, todo el “resto”).

Las normas sociales surgieron para empujar a la gente hacia sus tareas obligatorias por sexo. La “buena hembra” y el “buen varón” eran las hembras y los varones que contribuían a su sociedad cumpliendo su papel asignado; La “buena hembra” era la madre fértil, el “buen varón” era el guerrero fuerte y el cazador productivo. Estas normas sociales se reflejaron en todas las instituciones de la sociedad, incluyendo la religión (ver los dioses guerreros y las diosas madres para más).

Sumario 1
1. Las normas sociales surgen como respuestas a los desafíos de vivir y prosperar
2. Las sociedades de baja tecnología dependen del trabajo físico para sobrevivir
3. Fueron necesarias tasas de natalidad muy elevadas para aumentar la oferta de mano de obra
4. Sólo la mitad de la población humana podría dar a luz
5. Los roles de género surgieron para fomentar la especialización sobre la base del sexo

PARTE 2
Madurez y Género

Como se ha dicho antes, la “buena hembra” y el “buen varón” se entendían en términos de aquellos que contribuían a la sociedad cumpliendo sus tareas asignadas por sexo. Sin embargo, los niños de ambos sexos son físicamente incapaces de hacer esto.

Una mujer tiene que ser post-puberal para poder tener un hijo. Los varones jóvenes son, en promedio, significativamente menos desarrollados físicamente y, por lo tanto, generalmente carecen de la fuerza necesaria para tener incluso la oportunidad de realizar con éxito su tarea asignada por sexo.

Como tal, existe una asociación entre madurez y cumplimiento de las normas de género. Una hembra necesita someterse a un proceso de maduración biológica para realizar la contribución femenina a la sociedad, sin embargo este proceso es esencialmente automático y se supone básicamente que se produce con el tiempo, con la menstruación sirviendo como un claro indicador biológico de la aptitud para realizar la tarea.

Con los varones, las cosas son más tenues. La pericia o incluso la habilidad de realizar la función masculina, y mucho menos realizarla bien, no está garantizada biológicamente. Además, no hay un solo claro indicador que diga “él está listo” en la biología masculina.

Mientras que las hembras “crecen” en mujeres, los varones no crecen para automáticamente convertirse en “hombres de verdad”.

Feminidad Aristotélica, Masculinidad Platónica y la Dicotomía Sujeto-Objeto

Una hembra joven se convierte en una mujer automáticamente debido a las propiedades innatas de su biología. Su menstruación evidencia su maduración. Su feminidad es, simplemente. Se asume que son conformes a las normas de género y por lo tanto socialmente contribuyentes por defecto.

Un varón joven tiene que demostrar, a través de la acción, la capacidad de realizar tareas masculinas con éxito. Un varón joven debe demostrar que ha “crecido” y se ha convertido en un “hombre de verdad.” Los varones no se asumen conformes a las normas del género (y así socialmente contribuyentes) por defecto; por sí mismo, es sólo otra boca para ser alimentada por la obra de “hombres de verdad”. Un hombre debe validar su masculinidad mediante la acción, de lo contrario no es un hombre de verdad sino un “niño” (es decir, alguien inmaduro, un no-adulto masculino).

Como tal, uno puede entender correctamente los roles de género tradicionales como premisas sobre el esencialismo epistemológico, aunque diferentes tipos de esencialismo epistemológico sustentan cada rol. La feminidad se entiende en su mayor parte como innata a la biología femenina, como una esencia inmanente, mientras que la masculinidad se entiende sobre todo como un ideal al que aspirar, una “forma” en la que uno “participa” para obtener una identidad.

Es una particular peculiaridad de la psicología humana que tendemos a percibir la agencia moral (la capacidad de hacer las cosas) y la paciencia moral (la capacidad de que te hagan cosas) dicotómicamente, aunque los seres humanos tengan de hecho ambas. Como tal, la asociación de la agencia con la masculinidad combinada con la comprensión innatista de la feminidad (así como, quizás, el hecho de que el embarazo hace a una mujer menos móvil y más dependiente de los recursos) llevó a la asociación de la mujer con la paciencia moral. Los hombres son vistos como actores, y las mujeres son vistas como sobre las que se actúa. Esta es la tradicional dicotomía sujeto-objeto.

La Dicotomía Desechable-Entrañable

Una persona de ambos sexos que cumple con las normas de género es considerada valiosa para la sociedad (ya que actúa de manera que se ajusta a las normas orientadas a la supervivencia). Sin embargo, se asume que las hembras son (o serán) obedientes a las normas de género; las mujeres naturalmente infértiles son la excepción más que la regla y por lo tanto la suposición es que cualquier hembra dada es (o será) capaz de tener hijos debido a su biología.

Como tal, a hembras se les atribuye un valor innato simplemente por ser hembra. Las hembras son vistas como inherentemente entrañables porque son las incubadoras del futuro.

A los varones les falta esto. Su cumplimiento de las normas de género no es visto como una característica inevitable de su maduración biológica, sino más bien un ideal al cual apegarse. Los varones no son ni se convertirán en “hombres de verdad” por defecto. Como tales, no tienen un valor innato. El valor de un hombre es exclusivamente dependiente de las consecuencias de su agencia y por sí mismo, es en última instancia, desechable.

Debido a que los hombres no son valorados por las propiedades de su biología, sino por los resultados de sus acciones, la muerte de un hombre es ceteris paribus una tragedia menor a la sociedad que la muerte de una mujer. Después de todo, cuando ocurren tragedias, los conteos de muertes típicamente especifican el costo que toma en las mujeres y los niños (es decir, el futuro).

Nuestra sociedad puede dar a conocer a sus héroes varones que van y mueren para que otros puedan vivir, pero como se dijo antes, las normas sociales surgen para empujar a los individuos a realizar tareas socialmente beneficiosas; el culto al heroico autosacrificio masculino es una manera de alentar a los hombres a ver sus muertes por causas nobles como una contribución digna a la sociedad y así hacer que los hombres estén más dispuestos a morir por los demás.

Las Normas de Género en Pocas Palabras

Como consecuencia de todo lo anterior, los varones son sujetos innatamente desechables, las hembras son objetos innatamente entrañables.

En última instancia, todas las normas de género son reducibles a esto.

Sumario 2
1. La madurez, para cada sexo, se conceptualiza como el cumplimiento de las normas de género
2. La madurez femenina se ve como un resultado natural del desarrollo biológico
3. La madurez masculina no se ve como garantizada, sino como algo que es probado/ganado
4. Los hombres hacen, las mujeres son, porque la masculinidad se trata de hacer y la feminidad sólo “es”
5. Debido a que el cumplimiento de las normas de género es visto como valioso y las mujeres son vistas como innatamente conformes a las normas de su género, las mujeres son vistas como innatamente valiosas.
6. Debido a que los hombres NO son vistos como innatamente conformes con las normas de su género, los hombres son vistos como innatamente prescindibles
7. Ergo, la dicotomía sujeto-objeto está superpuesta por la dicotomía desechable-entrañable, poniendo a los varones como sujetos innatamente desechables y las hembras como objetos innatamente entrañables.

PARTE 3 — Algunas Implicaciones Avanzadas
Agencia y Poder Femenino

Todo el mundo deriva una sensación de poder – empleada aquí para significar eficacia o competencia – cuando realizan con éxito una tarea que tiene el resultado final de satisfacer sus necesidades. Esto tiene sentido evolutivo — si las cosas que aumentan la supervivencia no dieran placer y las cosas que disminuyeran la supervivencia no causaran dolor, un organismo tendría una probabilidad significativamente menor de sobrevivir.

Pero el desempeño de las tareas se asignaba típicamente a los varones; la feminidad no estaba asociada con la agencia y debido a la innata utilidad reproductiva de las mujeres, las mujeres eran mantenidas seguras y alejadas del potencial peligro cuando era posible (lo que a su vez generaba una presunción auto-reforzada (y quizá algo auto-cumplida) de una competencia femenina inferior – que tenía algo de cierto durante el embarazo (y puede ser también algo cierto en promedio con las tareas que requieren gran cantidad de fuerza en la parte superior del cuerpo) pero que claramente se exageró y se sobregeneralizó).

Sin embargo, cada ser humano tiene necesidades materiales de supervivencia, y estas necesidades materiales deben ser satisfechas mediante la acción (la comida debe ser adquirida, el refugio debe ser encontrado). Entonces, ¿cómo una mujer, alguien culturalmente percibido como y alentado hacia permanecer deficiente en agencia, puede adquirir estas necesidades?

La respuesta es que se anima a las mujeres a depender de los hombres, y no meramente en el sentido pasivo, sino en activamente alistar la agencia de los hombres para proveer para su supervivencia. El poder masculino es así equiparado con cualquier cosa que mejore la agencia exitosa/competente (por ejemplo, los músculos grandes), y el poder femenino se equipara con cualquier cosa que mejore el reclutamiento de agentes exitosos/competentes. El poder masculino es aquello que aumenta la agencia, el poder femenino es aquello que aumenta la adquisición y preservación de agencia por medio de la delegación.

El sistema de género, por lo tanto, siempre contenía una forma de poder femenino, es decir, formas en que las mujeres podían actuar para atender sus necesidades materiales. Mientras que reservó la adquisición directa a través de la agencia a los hombres, el sistema también reservó la agencia a través de la delegación para las mujeres.

Jerarquía Masculina

La comprensión social de la hombría como un ideal platónico al que se aspira explica cómo puede haber “mejores hombres” y “peores hombres” (como hombres), así de cómo los varones biológicos pueden ser “hombres que no son de verdad” — el uso de “de verdad” para significar “ideal” es revelador.

Debido a que la hombría se demuestra mediante la realización de ciertas tareas, los hombres se clasifican de acuerdo con lo bien que realizar estas tareas. Los hombres son clasificados por otros hombres y por mujeres — su identidad de género está fuertemente sujeta a la validación y la revocación social. Esto significa que la “verdadera masculinidad” es un estatus social ganado que es dependiente del colectivo, jerárquico y competitivo, y los hombres pueden ser socialmente emasculados en cualquier momento. La identidad masculina se hace dependiente a la competencia entre sí para demostrarse a sí mismo como un “mejor hombre”.

Como se mencionó anteriormente, la madurez está vinculada con la “verdadera masculinidad”, pero la madurez masculina se valida socialmente nuevamente debido al hecho de que el desempeño de la tarea masculina no está garantizado biológicamente — esto significa que los varones ancianos (particularmente los padres) se colocan en una posición de evaluadores donde juzgan a los varones para separar a los “niños” de los “hombres”.

La jerarquía masculina puede ser efectivamente dividida en tres categorías básicas (desde el estatus social más bajo hasta el estatus social más alto)

1) Los varones que no son “hombres de verdad.” Los socialmente emasculados. “Niños.” Machos Omega.
2) Los varones que son “hombres de verdad” pero que no son capaces de revocar el estatus de “hombre de verdad” de otro varón. Machos Beta.
3) Los varones que son “hombres de verdad” con la capacidad de revocar el estatus de “hombre de verdad” de otro varón. Los Machos Alfa.

La división entre los estatus 2 y 3 es contextual ya que a menudo depende de otros arreglos institucionales, así como de los varones en los alrededores; de hecho, alguien puede ser Alfa en una jerarquía y Omega en relación a otra.

Esta configuración irónicamente obliga a que un Beta sea sumiso a su Alfa para evitar ser convertido en Omega. En otras palabras, el papel de género masculino no se trata enteramente de dominación, sino más bien de sumisión a “mejores” hombres.

Géneros Sociales

Típicamente, el “género” se toma como binario — como una referencia a la masculinidad o a la feminidad. Sin embargo, esto es difícil de conciliar con la situación anterior — los hombres que no son “hombres de verdad” no se considera que poseen la masculinidad (es decir, no aportan valor masculino). Son “niños” y no hombres, según el sistema de género.

Ellos no reciben muchos aspectos del “privilegio masculino” porque gran parte de los “privilegios masculinos” son, de hecho, privilegios del “hombre de verdad”. Y mientras están socialmente emasculados, ellos tampoco reciben privilegio femenino, porque debido a su biología no pueden llevar a cabo la tarea femenina esencial de tener hijos.

En resumen, los hombres que están emasculados socialmente no son vistos como masculinos o femeninos, sino más bien percibidos, tratados y categorizados como un tercer género. No son ni un hombre ni una mujer (socialmente hablando más que biológicamente hablando).

PARTE 4: Desafíos

Existen varios problemas clásicos en los estudios de género que cualquier examen prospectivo del sistema de género debe explicar. A continuación, tomo varios de estos fenómenos y los reconcilio con la teoría propuesta anteriormente.

La Doble Moral de la Promiscuidad

La doble moral de la promiscuidad(de ahora en adelante DMP) de nuestra cultura es bien conocida; un hombre es visto como un macho digno y viril cuando se acuesta con varias mujeres, pero a una mujer se le considera como una puta que se rebaja y degrada ella sola cuando hace lo mismo.

Típicamente, la DMP se trata como un constructo unitario — como si los imperativos de género de la DMP surgieran de la misma fuente. Esto es contra-intuitivo porque los imperativos de la DMP están en conflicto — los hombres son alentados a acostarse con varias mujeres y a las mujeres se les desalienta de hacerlo, lo que significa que los hombres no pueden cumplir con el sistema sin que haya mujeres que no cumplen con él (y viceversa). La DMP ciertamente no está a favor del interés de los hombres, ya que anima a las mujeres a impedir que los hombres se acuesten con más de una mujer(a través de la retención de las prestaciones sexuales).

El análisis feminista típico ve a la DMP como una construcción masculina inventada para controlar la sexualidad femenina. El hecho de que los intereses de los hombres no sean servidos por el estímulo de la castidad femenina complica esta explicación, pero se complica aún más por el hecho empírico de que la mayoría del slut-shaming es perpetuado por las mujeres unas contra otras. Si los hombres crearon y hacían cumplir la DMP, uno esperaría que los hombres fueran quienes principalmente avergonzaran a las “putas”.

Como tal, puede ser más exacto ver la doble moral de la promiscuidad no como un solo constructo, sino como dos constructos diferentes, propuestos y aplicados por diferentes partes para diferentes propósitos.

Una cosa interesante sobre el concepto de “puta” es que las mujeres que son putas son vistas como que se “rebajan a sí mismas” o se “degradan” — son vistas como que dan prestaciones sexuales con demasiada facilidad (es decir, dan un bien sin obtener lo suficiente a cambio). Veamos el marco transaccional aquí: existe un mercado, las mujeres son las proveedoras de las prestaciones sexuales y los hombres son el lado de la demanda en la ecuación. Se anima a las mujeres a no dar sexo “demasiado fácil”, es decir, se les anima a recibir algo a cambio de sexo. Son sobre todo mujeres las que avergüenzan a otras mujeres por regalar sexo.

Desde una perspectiva económica, estamos viendo el comportamiento de un cártel; vendedores que conspiran entre sí para elevar el precio del sexo al restringir la cantidad de prestaciones sexuales que están inmediatamente disponibles.

Entonces, ¿cuál es el “precio” del sexo? Como se explicó anteriormente, se anima a las mujeres a alistar a la agencia masculina a su servicio, ya que el sistema de género les disuade de desarrollar la suya propia. Así, el “precio” del sexo es la agencia masculina, típicamente enmarcada como una relación comprometida. Cuando las mujeres son putas y, por lo tanto, “se ponen demasiado fáciles”, la presión competitiva disminuye el precio del sexo y, entonces, perjudica a los intereses femeninos (como se comprenden tradicionalmente).

Las implicaciones aquí son muy deprimentes; porque las mujeres son impulsadas a experimentar el poder mediante el reclutamiento de la agencia masculina, “las putas” se oponen al poder femenino tradicional erosionando la posición de negociación de las mujeres. Las mujeres son animadas por el sistema de género tradicional a experimentar su sexualidad como si fueran derrotas y conquistas, en lugar de la obtención de algo que desean (es decir, la satisfacción sexual). También se anima a las mujeres a ver a los hombres como adversarios ya que la defensa masculina de la liberación sexual femenina es una amenaza para su seguridad material (es decir, “¡sólo quieren sexo más barato, los desgraciados!”).

En conclusión, la DMP no fue inventada “por hombres” — al menos la mitad de la DMP es un estándar mantenido principalmente por las féminas, destinado a sostener el poder femenino tradicional mediante la preservación del valor del sexo y maximizando así la agencia que las mujeres pueden obtener a cambio de otorgar prestaciones sexuales. Los imperativos de la DMP entran en conflicto entre sí, y el transaccionalismo sexual implícito de la DMP establece una situación adversa que sabotea la satisfacción sexual para ambos sexos.

La Doble Moral de la Conformidad de Género Infantil

Un doble estándar común en nuestra sociedad es uno que se relaciona con la conformidad de género entre los niños. Miren la facilidad con la que nuestra sociedad acepta a las niñas que pasan por una “fase tomboy”. Comparen esto con la inquietud y preocupación que acompaña a cualquier niño varón que quiera jugar con muñecas. Es “normal, se le pasará en unos pocos años” que una niña a quiera jugar con los niños, pero si un niño confiesa que le gusta el rosa inmediatamente se sospecha que es homosexual o un fracaso de género.

Esta es una consecuencia obvia del hecho de que la maduración biológica femenina (y por lo tanto el cumplimiento de las normas de género) se ve como un proceso automático que “simplemente ocurre”. Como la condición de ser mujer es vista como biológicamente innata, las acciones de una mujer no se consideran la fuente primaria del valor que ella pueda aportar a la sociedad.

La maduración biológica de los varones, por otra parte, no es una garantía de poder realizar las tareas masculinas que le han sido socialmente encargadas. Ser un “hombre de verdad” (es decir, capaz de aportar valor masculino a la sociedad) no está garantizado biológicamente. Dado que el cumplimiento de las normas de género de un varón se evalúa no en lo que él es, sino más bien en lo que hace, las acciones de un varón ponen a todo su valor social en riesgo.

Muchos teóricos del género sostienen que la sociedad se preocupa más por los hombres porque nuestra sociedad presuntamente valora rasgos masculinos por encima de los rasgos femeninos; Esto contradice el hecho de que los rasgos femeninos son elogiados cuando son exhibidos por las mujeres (también contradice el hecho de que históricamente las sociedades han sacrificado a los hombres para proteger a las mujeres; las sociedades no sacrifican a los miembros más valorados por los menos valorados). La biología dice que un hombre que actúa femenino no puede realizar la tarea social “fundamental” de la mujer, y por lo tanto que él sea femenino representa un potencial desperdiciado (pero cuando una mujer actúa femenina no es una percibida como una amenaza). Así, un hombre que actúa femenino no es percibido como una mujer, sino más bien como un neutro (un macho omega).

Sin embargo, puesto que tanto los hombres como las mujeres son (de hecho) agentes y el valor masculino depende no de lo que alguien es, sino de lo que alguien hace, las hembras pueden de hecho aportar valor masculino al menos de algún grado (y el movimiento feminista ha influido en las personas para que acepten la realidad de la agencia femenina, e incluso celebren cuando las mujeres transgreden los roles de género). Como tal, las mujeres pueden “agregar valor” a través de la no conformidad de género, mientras que los hombres no pueden; las hembras pueden ser socialmente andróginas mientras que los varones (debido a su incapacidad para realizar la tarea femenina central bajo el sistema de género) sólo pueden ser socialmente neutrales.

Por lo tanto, es la dicotomía sujeto-objeto (y no cualquier presunta valoración de la masculinidad como superior a la feminidad), que constituye la base de la La Doble Moral de la Conformidad de Género Infantil

El Complejo de la Madonna y la Puta y las Evaluaciones de Género de Carácter Moral

Nuestro sistema de género ha influido en las normas éticas que se aplican a ambos sexos. En el caso de este problema, mientras que los hombres están sujetos a los estándares éticos normales, las mujeres no lo están; Las preguntas sobre el carácter de una mujer están totalmente centradas en torno a si es casta o no.

Este es un producto obvio de la dicotomía sujeto-objeto, que lanza a las mujeres como pacientes morales. Como las mujeres no son vistas como agentes morales, no son tratadas como si estuvieran sujetas a estándares morales o como si fueran poseedoras de gran virtud (o vicio) moral .

El slut shaming bajo el sistema de género se explica más arriba, sin embargo, es obvio que las normas religiosas han influido en el Complejo de la Madonna y la Puta(¡véase el nombre!). La religión es un sistema separado del sistema de género (aunque ambos interactúan claramente), y las religiones monoteístas abrahámicas condenan la promiscuidad en ambos sexos (no sólo en las mujeres). Las mujeres, sin embargo, son tildadas de prostitutas por las normas tradicionales de género y las normas religiosas, mientras que los hombres sólo son avergonzados por acostarse con bastantes mujeres en torno a un conjunto de normas, pero alabados por hacerlo en el otro conjunto.

Esta confluencia de normas de género y normas religiosas, junto con la cosificación de las mujeres bajo el sistema de género, explica por qué la cualidad de casta o puta se enfatiza tanto en las discusiones sobre el carácter de las mujeres: a las mujeres se les deja fuera de la discusión en los estándares que se relacionan con otros problemas(minimizando tanto su virtud como su vicio), por lo que el estándar de la Madonna y la Puta llena el vacío.

PARTE 5: Conclusión

Lo anterior es un sumario de toda mi teoría del género tal como se expresa en todos mis artículos anteriores. Creo que es una explicación superior del sistema de género, para ambos sexos, que las teorías del status quo aceptadas en la mayoría de los departamentos de estudios de género. Los comentarios, las sugerencias y las críticas son bienvenidos.