Confesión #1

Soy asexual.

No es la primera vez que lo digo “en voz salta”, pero sí la primera en que me lo digo estando sola y conciente.

Crecí en una familia ridículamente católica, donde las relaciones sexuales eran al mismo tiempo tabú y morbo; donde si alguien se hacía de novio o novia toda la familia comenzaba a especular sobre la vida sexual de ese alguien intrigados y escandalizados.

La primera que me habló abiertamente de sexualidad (y que no rechacé) fue mi hermana mayor. Yo tenía unos 16 años y ella 23. Me dijo “es que después de que ud lo hace por primera vez, ya no quiere parar”. Esa frase marcó mi vida, recuerdo haberla comentado con mis amigas en el cole y como todas hicimos un pacto no dicho de “hay que ver si es cierto”. Sin saberlo y sin previo aviso, el tema de COGER (así, en mayúsculas) se volvió un tema de todos los días, donde incluso juzgábamos la apariencia de los maes y hacíamos un estimado de cómo sería su pene. Ahí me di cuenta — sin saberlo — que el tema se volvería raro para mí, donde yo no me sentía como ellas.

Me tocó vivir la primera vez de mi mejor amiga — aclaremos que cuando uno habla de MEJOR AMIGA estamos hablando de la misma sangre, la misma piel, el mismo cerebro y el mismo corazón — . Ella logró lo que para mí hubiera sido el sueño: estar con el mae que le gustaba y que él fuera lo suficientemente “entendido” (palabra familiar para decir conocedor o experto) para saber dónde, cuándo y cómo. La ayudé a recolectar plata y aporté a la causa cuando creímos que estaba embarazada (que al final no) e incluso fui ese apoyo cuando el mae SOÑADO se convirtió en el primer imbécil.

Prefiero contar la historia de ella que la mía, porque fue lo más decepcionante del mundo. La segunda, igual de patética. Tercera y cuarta como que casi pero no. Y podría continuar, pero si sumamos los hechos y sacamos el común denominador el resultado era simple: la del problema era yo. Los maes hicieron su mejor esfuerzo y para mí no fue suficiente. Todas y cada una de las veces me vi en esas situaciones (o sea, coger) fue muy incómodo y poco satisfactorio. Porque sí, para mí eso que ustedes llaman deseo y ganas, NO EXISTE. NO LO SIENTO. NO LO ENTIENDO.

Cuando lo he comentado las preguntas y comentarios siempre son los mismos (aquí algunos con mis respectivas respuestas):

  • Seguro el mae no supo cómo hacerlo. / Tendría yo muy mala suerte que todos los maes sexualmente malos del mundo lleguen a mí.
  • Es que aún no le ha llegado la persona. / ¿por qué tiene que llegar?
  • ¿No será lesbiana? / me he preguntado lo mismo, pero no siento ese deseo sexual por las mujeres, aunque siento que somos LAS MEJORES.
  • Siento lástima por ud / EH. OK.
  • ¿y se ha ido a revisar? / pasame el número de tu doctor.
  • ¿segura que lo está haciendo bien? / sé que formas hay muchas, pero es muy básico hacerlo, no es ciencia complicada, estoy segura.
  • dé tiempo, experimente más / ese es el problema, que no quiero, estoy bien así.

Ser asexual no es una orientación sexual porque ni siquiera nos orientamos hacia algo, por ende tampoco una preferencia. Sentimos líbido, pero es más rápidamente pasajero. Sentimos frustración por nuestras parejas, si es que llegamos a tenerlas. Somos felices con las relaciones amorosas, basadas en lo afectivo y no en lo sexual. Vivimos nuestra vida desde otro punto que no sea el coito.

Ser asexual no me da pena, tampoco me enorgullece. Aún me falta mucho por descubrir sobre esa nueva parte de mi vida, pero ¿quién dijo miedo?