Ese señor

Hoy, de nuevo, el conductor inexpresivo, pulcro, decente y justo (lo de decente y justo lo digo nada más por su forma de manejar). Lleva unas gafas de piloto, unos guantes de cuero negro, va peinado hacia atrás, su pelo con unas cuantas canas y unas leves entradas; yo le pongo unos 40 años. Su camisa azul celeste está impecable, perfectamente planchada. A esta distancia, podría decir que huele bien, su pelo y su piel se ven limpios.

Parece ser un tipo calmado, tranquilo. Si un pasajero saluda, él responde. Si un pasajero le agradece, él responde. Cede el paso, y cuando un carro lo cierra o se cruza sin poner la direccional, solo frena a tiempo, no pita y tampoco se enoja, solo se queda mirando como si muchas cosas pasaran por su cabeza pero sin ninguna expresión en su rostro; podría ser un simple "¿por qué lo hace?", o un "voy a matar a este bastardo", eso nunca lo sabremos.

Me pregunto, inútilmente, una y otra vez ¿en dónde orinará? ¿a qué hora comerá? ¿sonreirá?

Se ve tan buen tipo, que me permito dudarlo, algo en su comportamiento me inquieta. Llego a mi parada, le digo "gracias" y él responde "con mucho gusto".

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Mayo 8, vuelvo a ver a este señor. En más de dos meses este hombre sigue siendo el mismo, servicial, atento, un buen tipo. Con su ropa impecable, hoy no lleva sus gafas de piloto.

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