Cadeaux
Tal vez el mejor regalo que me han dado en la vida, después del pastel hecho por mamá cuando tenía cinco años (y que estaría en el primer lugar de la lista si no hubiera sido rosa)… ha sido mi gato.
Marco Polo tiene dos años con nosotros. Nació según las cuentas marcianas de mamá y mías, el día de mi cumpleaños: 15 de marzo. El día que lo conocí hacía tarea, era de noche y si la memoria no me falla estaba en trabajos finales de la escuela. Mi padre entró a la habitación con los brazos cruzados, mamá seguía su paso, luego mi hermano menor, luego el más pequeño.
Ante tan inesperada reunión giré la silla del escritorio, los miré a todos en fila y pregunté «¿Pasó algo?», todos miraban a los brazos de papá… me extrañó ese gesto y yo también lo hice: Miré su suéter color azul marino y entre sus brazos, dormido, estaba un pequeño animal atigrado, adormilado, pequeño, que no medía más de quince centímetros de alto. Abrió los ojos y después de un breve momento bostezó.

Sonreí. Tal vez mi cara demostraba más sorpresa que emoción, porque una cosa siempre tuve segura: a mamá no le gustan (gustaban) los gatos. Ella sonreía mientras tomaba al minino, lo miró y me dijo «¡Feliz cumpleaños!». Estábamos en mayo pero eso no importaba, ahora era parte de la familia.