Internet es gris

“Hay dos perspectivas antagónicas, ¿cierto? Todo es genial, la internet creó toda esta libertad y todo será fantástico o todo es terrible, la internet creó toda estas herramientas para perseguirte, espiarte y controlar lo que decimos. Y la cosa es que ambas son ciertas. La internet creó ambas, y ambas son sorprendentes y extraordinarias. Y cuál de las dos triunfará en el largo plazo dependerá de nosotros”

Aaron Swartz

Esta nota nace de un error. Hace algunas semanas me llegó un e-mail de Internet Society anunciando que esa organización cumplía 25 años. A causa del deterioro constante que sufre mi atención, pensé que el mensaje se refería a los 25 años de internet. Y cuando digo internet quiero decir la web como la conocemos hoy: la World Wide Web. En realidad, el primer cuarto de siglo del invento de Sir Tim Berners Lee se cumplió el 6 de agosto del 2016 con un nuevo aniversario de la puesta en línea del primer servidor web. Pese a descubrir mi error, me siguió pareciendo una buena idea redactar algunas ideas y nociones sobre lo que internet significa para nuestras vidas en el año 2017.

Las distintas ideas que la gente tiene sobre “lo que es” internet son muy variadas y rara vez se acercan a la realidad. La aparente omnipresencia del servicio combinada con la reciente metáfora de la nube (sistemas de cloud computing) confunde a muchas personas. Internet y toda su información es más tangible de lo que creemos: se aloja en enormes servidores y se transporta en cables de fibra óptica. Tan concretos como esta computadora en la que estoy escribiendo.

La figura de Berners Lee será recordada por tres grandes inventos: el protocolo HTTP, el lenguaje HTML, y el identificador URL. En poquísimas palabras, podemos decir que se trata de cómo se iban a enviar y recibir los datos, cómo se iban a traducir en las computadoras y cómo íbamos a llegar a unos datos y no a otros. Pero lo que más se valoró de la obra de este señor fue que desde un principio apuntó a que el internet que estaba creando fuera libre.

Hasta la llegada de la World Wide Web las redes de computadoras conectadas que existían eran cerradas y había que pagar una especie de entrada al club. Existían redes, pero de clientes de esas empresas, no eran accesibles a todo el mundo. Lo que propuso Berners Lee fue una gran comunidad mundial conectada mediante la liberación del software que lo permitía. Personas de cualquier lugar del mundo compartiendo información, ideas y conocimiento. Un sueño que se hizo realidad con los años.

Lo que ocurrió con el paso del tiempo es lo que suele suceder: algo que nace como público tiende a quedar en pocas manos. Los servidores y la fibra óptica que mencionamos antes tienen dueños. Y si miramos detalladamente, no son tantos. Los canales de transmisión de todo lo que hacemos en internet y los lugares dónde están alojados esos datos pertenecen a grandes empresas. Esto ocurre también con parte de los servicios online que utilizamos diariamente y mucho del conocimiento y el arte que se genera a diario en el planeta. El sueño de Tim Berners Lee solo se mantiene a flote gracias a un montón de activistas que continúan militando por una internet libre.

La aparición de nuevas tecnologías suele generar tensiones en los sistemas administrados por humanos y su funcionamiento. El nacimiento de la propiedad intelectual se suele fijar en el siglo XV o XVI. Sus aspectos legales y técnicos han tenido adaptaciones a medida que las tecnologías se sucedían. Pero nunca habían tenido que enfrentarse a una herramienta de acceso tan masivo como internet. La circulación de materiales culturales se incrementó como nunca antes y deshizo los límites del espacio y tiempo.

Todos recordamos las historias de Napster y Megaupload, dos empresas de internet que tuvieron que cerrar su servicio por violaciones a los derechos de autor. Hay diferencias entre estos casos ya que, mientras que Megaupload ponía a disposición de los usuarios los contenidos en su sitio (lo cual hizo simple su cierre dando de baja sus servidores), Napster utilizaba el sistema P2P. Este método de intercambio de archivos se basa en una red entre usuarios que no depende de ningún servidor intermediario. Internet y lo que pasa en ella, en manos de sus usuarios.

El gran problema de Napster fue que a pesar de que las transferencias de archivos se realizaban entre usuarios, la red que operaban era centralizada. Las listas de usuarios y canciones compartidas eran administradas en sus servidores. En el año 2000, poco después de su lanzamiento, comenzaron a llegar las denuncias de distintas discográficas y la más popular (posteriormente ridiculizada), la del baterista de Metallica, Lars Ulrich. Se acusaba a la empresa de contribuir a infracciones al copyright y la justicia terminó por darles la razón a los querellantes. Pero el sistema P2P ya estaba a la vista de todo el mundo y de poco sirven las prohibiciones cuando hay una comunidad dispuesta a organizarse. En la actualidad existen muchos servicios como Napster que apuntan a conectar usuarios que quieren intercambiar información, cultura o lo que sea.

Cada país tiene sus propias leyes de propiedad intelectual pero existen tratados internacionales vigentes que tienen peso en la justicia nacional. Además, si hablamos de derechos de autor en la era de internet debemos recordar que la mayoría de los servidores de las empresas que alojan contenido se encuentran en EE.UU. por lo que sus leyes son muy importantes.

Hay muchos aspectos de nuestra vida que han sido transformados a partir de la aparición de internet pero mantienen normativas de antaño. En materia de derechos de autor, es menester un acomodamiento de las leyes a la realidad de las personas respetando tanto al autor como al consumidor. Cercenar la distribución de la cultura es una resistencia al avance tecnológico en detrimento de su utilización para el bien común.

El mencionado sistema P2P también es utilizado para crear alternativas a la internet convencional a la que accedemos todos los días. Un ejemplo de esto es ZeroNet, una red de internet descentralizada que aloja los sitios que la componen en la computadora de cada usuario. De esta manera, no hay riesgo de que un sitio que frecuentamos se caiga ya que su infraestructura técnica está por doquier. El sitio oficial de ZeroNet muy bien lo dice: “¡No está en ninguna parte, porque está en todas!”.

El caso de ZeroNet o redes similares es muy interesante además, porque nos permite esquivar los servidores de las grandes empresas que usamos día a día, como Google, Facebook, etc. En los últimos años tuvimos muchas noticias de grandes corporaciones de internet trabajando con gobiernos en sistemas de vigilancia masiva. Resulta muy difícil en este momento un traslado de usuarios a redes descentralizadas de internet por lo que hace falta un refuerzo de las leyes contra la vigilancia gubernamental. En nuestro país es para destacar el trabajo de Vía Libre y la Asociación por los Derechos Civiles, dos organizaciones que trabajan para defender los derechos en línea de los ciudadanos.

Esta nota se abre con una frase de Aaron Swartz, uno de los más grandes activistas que tuvo internet. Cómo en muchos grandes temas de discusión, aparecen las opiniones tajantes que entienden todo en blanco o negro. Es muy fácil decir que internet es tan solo una red de vigilancia masiva. También es muy simplista pensar a la web solamente cómo un acceso al mundo desde cualquier lugar. Internet es un proyecto que comenzó en el ámbito militar, que encontró su veta comercial con su masividad y que fue tomado como bandera por sus propios usuarios que militaron y militan su libertad.

Internet es las fake news, con todo el odio que destilan. Pero también es Internet Society buscando redes comunitarias de internet para los pueblos de África. Internet es jóvenes racistas y xenófobos en Twitter. Pero también es un niño aprendiendo a programar desde su casa con cursos online gratuitos. Internet es empresas que nos vigilan y hacen dinero con nuestros datos. Pero también es el proyecto reCAPTCHA que nos hace parte de la digitalización de miles de libros. Internet es esa, esa otra y también aquella. Pero no es ‘mala’ ni ‘buena’. Es una herramienta que desarrolló la humanidad y que, cómo dijo Aaron Swartz, se inclinará para un lado o para el otro según lo que hagamos con ella.

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