El año del pensamiento mágico, de Joan Didion

Es sobre lo que pasa cuando se muere un ser querido. El cuento que todos te repiten es ah sí, Didion, es la periodista, escritora, guionista que se le murió el marido y la hija también casi se muere, tremendo, todo al mismo tiempo. Uff. Es triste, me había dicho el librero. Pero no me pareció. Al contrario, para evitar hablar del sufrimiento, Didion busca ensayos, papers, investigaciones médicas y todo lo que le sirva para entender, para anticiparse, para racionalizar lo que pasa.

A diferencia de Milena Busquets, Didion sí presta mucha atención a la escritura y este es un texto con un sistema de escritura: adentro de la novela hay citas a otros textos de ella y del marido que también era escritor, los personajes se relacionan con quiénes ellos fueron en la vida real y con toda la vida en común, los personajes de las novelas anteriores entran y salen de la historia actual como los numerosos flashbacks, de manera perfecta. También a diferencia de Milena, Didion se toma muy en serio. Tal vez por eso me resultó apenas un poquitito más aburrido. Pero es injusto que lo diga. Los dos libros son incomparables.

Entre toda la bibliografía relacionada con la muerte que cita Didion como para escapar del terror, me gustó mucho el pasaje del libro de Etiqueta de Emily Post “Funerales” de 1922. Post habla de manera muy práctica al dar consejos sobre qué comer, cómo vestirse, cómo hacer para pasar por esos días de duelo, como una guía práctica para pasar y acompañar a quiénes atraviesen un duelo: sentarlos al sol, darles te o caldo, nada muy pesado de comer, mantener el hogar caliente, que no pasen frío, entre otras cosas.

Dice Didion: “En la tradición anterior, sobre la cual escribía la señora Post, el acto de morir todavía no se había profesionalizado. No solía haber hospitales de por medio. Las mujeres morían en el parto. Los niños morían de fiebre. El cáncer no se podía tratar. En la época en que ella escribió su libro de etiqueta, debió de haber pocos hogares en América a los que no afectara la pandemia de gripe de 1918. La muerte estaba muy cerca, en casa. Del adulto medio se esperaba que lidiara de forma competente, y también sensible, con sus secuelas”.

Resaca del libro: ganas de escribir sobre cómo me gustaría que fuera mi velatorio y todo eso.

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