Reflexión, La fiesta de mi cumpleaños.
- La fiesta de mi cumpleaños.
Te contare, sobre la fiesta de mi cumpleaños. Todos los años me hacen una fiesta y creo que este año sucederá lo mismo de todas las veces. Algunas personas piensan poco en mí, y otras ni siquiera me conocen, otras tantas reniegan de mí, pero sin embargo quieren venir a mi fiesta, no para agasajarse ellos mismos. Desde hace algunos años me están festejando mi cumpleaños, con una gran parranda, con muchos regalos, y provocativos y suculentas comidas. Al principio parecía que les agrada celebrar conmigo mi fiesta, y me agradecían lo que hice y sigo haciendo por ellos, aunque no me lo pidan; pero desde hace algún tiempo nadie sabe qué es lo que está celebrando en esa fecha y ni siquiera de mi se acuerdan porque me echan al olvido. La Gente se reúne esa noche, se emparranda, se toman sus tragos, y muchos de ellos se emborrachan pero ni saben a quién y porque lo festejan.
Recuerdo que el año pasado a llegar el día de mi cumpleaños hicieron una gran celebración es porque eres mi honor. La mesa está repleta de viandas, manteles compras colores y motivos brillantes, muy bien decorada y arreglos de flores y muchas guirnaldas; al pie de esta, estaba un árbol lleno de mucho regalos obsequios, bombillos y luces radiantes. Y sabes una cosa? Ni siquiera me enviaron tarjeta de invitación a la fiesta. No vi entre los regalos ni uno solo para mí, y eso que la estaban haciendo en mi conmemoración. Me dejaron afuera, me cerraron la puerta y no compartieron conmigo la mesa. Sin embargo eso no me sorprendió, porque los últimos años, se me cierra la entrada.
Como no me dejaron entrar, me les colé en un disimulo cuando había mucho tumulto de gentes, sin ser visto por ellos. Entre en puntillas sin hacer ruidos con las sandalias en la mano y me quedé quietecito en un rinconcito. Todos estaban brindando con toda clase de licores finos y de una gran cantidad de vinos añejos y al rato muchos ya estaban ebrios de tanto beber, contaban sus chistes, cantaban, reían, pero no se acordaban de mí, sabiendo que esa era mi fiesta.
Al mucho rato llego un viejo gordo, vestido de rojo, con barba y cabellos blancos, con botas negras y sobre su cabeza un gorro también rojo que le tapaba la frente, y llevaba unos pequeños lentes, no sé si para poder leer de cerca o ver de lejos a la gente. Comenzó a gritar ¡Jo, Jo, Jo! Y se dejo caer sobre un sillón como si viniese cansado de un viaje muy lejos; parecía que lo conocían porque corrieron a él y le decían ¡Santa Claus! ¡Santa Claus! Como si la fiesta fue en su honor. Parece que a mí ya me pasaron por éste.
Cuando iban hacer las doce de la noche, las campanas comenzaron a replicar y sonaban los pitos y pólvora, y todos comenzaron abrazarse y luego se daban los besos y yo les extendí mis brazos para hacer yo lo mismo con ellos, y sabes? Nadie me abrazó ni me dio un beso. De repente empezaron a repartirse los regalos, y uno a uno los abría hasta terminarse. Me acerque con disimulo haber si había quedado alguno para mí, pero ya no había nada en la mesa.
Te pregunto: que sentirías si el día de tu cumpleaños se repartieran tus regalos a ti no te dieran uno solo de ellos?
Comprendí con tristeza y llanto en mis ojos que yo sobraba en esa celebración, y entendí porque me cerraron la puerta y no me habían dejado entrar, y salí muy afligido sin hacer espavientos y ruidos; cerré la puerta y me retiré acongojado y muy adolorido sabiendo que esa era mi fiesta.
Cada año que pasa las cosas son peores. La gente solo se acuerda de la cena, de estrenar, de la parranda, el licor y la fiesta, y de mí ya nadie se acuerda.
Quisiera que esta año si vinieras a mi fiesta y no me cerraras la puerta de tu alma, porque la celebración que voy hacer en esta ocasión es muy diferente a la que ahora me hacen.
Sólo quiero que me confirmes de antemano tu asistencia, y reservare el mejor lugar para ti y escribiré tu nombre en mi corazón cómo si fuese la tarjeta de invitación, con las pocas gotas de sangre que quedaron de las que derrame aquel viernes sobre el madero santo. No olvides venir a mi fiesta. No me traigas obsequios, solo tráeme tu corazón y regálame tus pecados. Atte. Tu amigo JESÚS.