Serendipia

Uno no ve lo que quiere ver, eso es mentira, nosotros vemos lo que es en realidad, tu realidad, mi realidad y ambas son verídicas, me convenzo a mi misma mientras me quedaba sentada junta a la ventana, casi a punto de anochecer…
Pero ¿Qué te pasa?, se escuchó una voz suave y cálida, no había nadie a mi lado, así que rápidamente abrí los ojos, ahí estaba ella, sonriente, despeinada con cabello negro y largo, la vi a los ojos, mientras le preguntaba, qué hacía ahí, ella me dijo inocentemente que -nada, sólo quería platicar, la tomé de la mano y la senté a mi lado, tenía mucho que no la veía, a veces la ignoraba porque no quería confesarle que tenía miedo de hablar con ella y no saber que decir, ya que últimamente no paraba de callar.
Tomó de la mesa una servilleta y el lapicero que tenía a mi lado, me dijo — que porqué estaba en blanco, sí siempre me gustó escribir, sólo sonreí y no supe contestarle, tienes que escribir me decía imperante, — ¿para qué?, ya no es lo mismo, quise mejor vivir que plasmarlo en letras.
-No temas, no se irá nada de tu mente, la vida ha sido una maravilla, hemos viajado, leído, visto, escuchado y has estado en la plena dicha de Luz material, te has enamorado ya! se sonrojó como aquella niña que ve al amor como una utopía ¿qué tienes?- volvió a preguntar un tanto enfadada.
Sólo la vi tiernamente, porque en verdad no sabía que contestarle, quería decirle que en realidad no tengo nada, que es la normalidad de la adultez, es la dureza de querer vivir, es el levantarme todos los días para ser, en realidad no tenía nada y es lo que más coraje me daba, lo tenía todo para estar bien y no quería decirle que nunca me he parado de preguntarme lo mismo o a los demás, que no paro de preguntar para comprender lo que está a mi alrededor y que a veces el preguntar el porqué de las cosas no es tan apropiado…-no lo entiendo, le dije cabizbaja.
-No tienes porque, simplemente es…voltea hacia la puerta y me comenta que ya se tiene que ir, con sus pequeñas manos me acaricia la cara y me da un abrazo — yo quiero verte bien, eres lo que quiero ser, no te preocupes y me siento bien, su sonrisa peculiar entre dientes hizo que la abrazara fuertemente. -adiós- hasta pronto me contestó y se fue corriendo…
Tomé mis cosas, vi el reflejo de la ventana y ahí estaba yo, sonriéndome, sin preguntas ni respuestas, simplemente estaba, me levanté de la mesa, baje las escaleras y ahí estaba, dispuesta a seguir, a encontrar la manera de fluir, entre la combinación del tiempo y espacio de un mundo causal, pensando lo tonta que había sido días anteriores…ya que lo estaba haciendo, estaba tratando de quitarme la culpa de no ser lo que podría haber sido, no, soy lo que quise ser y con miras a descubrir que más será de mí…eso sí, no estoy sola, la tengo a ella mi alma en miniatura, mi yo de inocencia y asombro de vida, aquella que sale cada vez que tomo la mano de aquellos que amo, sí porque para mí dar la mano siempre desde la edad de los siete años, fue lo más esencial de mi vida…
Y afortunadamente, tengo muchas manos que tomar y no para bajarlos del vuelo, sino para continuar volando, a la par, juntos, algunos se quedarán otros seguirán conmigo pero justo hoy, tengo dos que sé tenemos que seguir recorriendo el universo, sí, ¿Me acompañas?
