Los aviones que le dan cuerda a mi abuelo

Mi abuelo siempre se sentaba con su silla de mimbre en la azotea a observar los aviones pasar. En ocaciones lo acompañaba; La imagen de él fue siempre esa: con un puro en su boca, una gorra roja y una hielera cargada de cervezas. De vez en cuando me decía los nombres y a dónde iban esos aviones. Era el único momento en el día que lo escuchabas hablar coherentemente. En ese entonces era un niño que poco dudaba de lo que le decían, y aún más niño para entender que mi abuelo ya estaba en sus últimos días de vida.

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