Recuerdo que era cercano al medio día, el clima era adecuado para esa hora. El sol se comienza a sentir cuando el calor empieza a decir presente y el frío se retira del cuerpo. Como es costumbre en esta hermosa ciudad la chaqueta y los abrigos ya no serán necesarios hasta que el sol se vuelva a ocultar detrás de las montañas, en ese instante el frío volverá a aparecer. A veces, el calor es tan intenso, el sol domina tanto al cielo que se puede llegar a pensar que el frío nunca volverá pero sólo hay que esperar pues se verá una densa neblina danzar en las montañas, bajando a su propio ritmo y cuando la luna sea quien dirija al cielo se verán las calles abrazadas por la neblina.
No sé a dónde me dirigía pero recuerdo haberme montado en un autobús. Sólo tenía los últimos asientos desocupados y decidí sentarme en uno de esos. Mientras el autobús seguía su recorrido fueron desocupándose varios puestos y varias personas fueron bajando y otros fueron subiendo pero decidí quedarme en mi puesto, sin moverme de lugar pues simplemente estaba cómodo ahí para ese viaje. En una de las paradas recuerdo montarse a un hombre, grande. Si mi memoria no me falla le llegué a escuchar los buenos días pero me causo sospecha. No dejo de mirarle pero no lo hago fijamente, observo que se sienta con su pierna derecha aún en el pasillo a pesar de que tenía el puesto de al lado totalmente desocupado.
Sigo el viaje pero la sospecha no se aleja de mí, un hombre con medio cuerpo en el pasillo, a pesar de tener todo el espacio para acomodarse, era algo que me causaba sospecha seguramente lo estaba prejuzgando, tal vez sólo generalizaba pero la sospecha seguía ahí, a mi lado. De un momento a otro veo que se mueve, mete su mano izquierda bajo su otro brazo y se voltea rápidamente. Veo un destello plateado, nuestras miradas chocan y le escucho decir “Para ver el celular tuyo” su frase terminando y siento el frío del metal en las yemas de mis dedos.
Era más alto que yo pero logro contener con una mano su mano libre, con la otra y todo mi peso, su mano armada. La situación se pone aún más tensa cuando en menos de lo esperado suena un sonido seco, sin eco. En pleno forcejeo cerré fuertemente los ojos, sólo escuché un fuerte sonido y después sólo escuchaba un pitido. Sentí que era la bala, me vi saliendo del cañón, sentí como penetraba la ropa, rompía la piel y afectaba los órganos de una señora que estaba al lado nuestro, ni siquiera nos llegó a ver, no supo que pasaba. El corazón en mi boca, suena otros 4 disparos, los estoy contando, debo hacerlo, no sé qué sucede a mí alrededor, después del primero supe que esto era lucha a muerte. Voy contando 7, la boca del metal se acerca a mí, siento que le gana a mis fuerzas, se acerca a mi estómago y de nuevo el sonido seco.
Se confía, no salgo herido pero sí mi franela. Por cada proyectil que salía sentía que era la bala, podía verme por donde me dirigía hasta chocar con una pared o enterrarme en un árbol, herir a un inocente. Se confió, redujo presión, la señora sigue al lado nuestro, su sangre ahoga nuestros pies. Me doy cuenta que su cabeza está encima de la mía, un cabezazo directo en la nariz desestabiliza al hombre. El arma se acerca a él, llevo 9 contados y sé que debo atinar al primer intento, hombre gigante de pecho ancho es hoy mi adversario. La boca del arma está viendo a su dueño. Soy la bala, siento que la pólvora en mi panza fue puesta para esto. Como la bala, deseo matar a mi dueño, lo recuerdo metiéndome en el cargador, lo veo golpeando a su mujer, drogándose antes de robar. Ahora siento que es el momento, mataré a un hombre, menos que eso mataré a un ladrón.
Me desperté.