La economía Argentina 2016.

El Gobierno generó un primer shock positivo de expectativas. Pero la economía no le va a sonreír a Mauricio Macri en los primeros meses de gestión. Se esperan efectos recesivos para el primer semestre, con augurio de buenas noticias recién para la segunda mitad del año, y la apuesta a un posible despegue en 2017.

El crecimiento está muy jugado este año, sobre todo hasta julio y refleja la sensación de gran parte de los economistas. Las proyecciones apuntan a una contracción cercana a 2% en el primer semestre. Y gracias a un leve repunte en el segundo, 2016 podría cerrar empatado.

El efecto interno del ajuste del tipo de cambio y del fuerte salto inicial de los precios marcaría el rumbo del arranque de año. En los primeros meses, el golpe sobre la capacidad de compra del salario frenaría el consumo como el motor de la economía. Ya se movió el dólar, y ahora se están moviendo los precios. La atención deberá estar puesta en qué pasará con los salarios y las tarifas. El resultado de la puja distributiva va a definir el recorrido del segundo trimestre y del resto del año. El año 2016 será, para los economistas, de alta inflación. Los porcentajes esperados oscilan entre el 32 y el 40%, sin embargo, para nosotros la misma ya tuvo una fuerte contracción inflacionaria en noviembre, del 2,4%, acumulando a Noviembre de 2015, el 26% y en diciembre según nuestros cálculos preliminares, en el orden el 3,1%, cerrando el año 2015, con el 29,1% de inflación. En Force Total Consulting creemos que el 2016, cerrará alrededor del mismo algoritmo, +/-2%, lo que se pone en el piso de lo que otros colegas piensan, incluso menos, marcado por el poco incremento de precios en el segundo semestre y la contracción del consumo, precisamente, lo que hará que las empresas no especulen mucho con los precios.

En todo caso, el resultado de las negociaciones salariales es clave para la estabilidad de las predicciones. El acuerdo social entre empresarios y sindicatos tendría que ser lo suficientemente equilibrado como para no extender el parate del gasto de las familias, ni generar nuevas expectativas inflacionarias.

Los movimientos del dólar en el actual esquema de flotación “sucia” no deberían ser bruscos. Pero la inflación y la devaluación del real agitan un fantasma: “Que la devaluación haya quedado corta”.

El dólar está quieto porque armaron un esquema de bicicleta financiera y el campo está vendiendo su stock, pero no es sostenible si no entran dólares adicionales, aunque ha salido mejor de lo previsto, puesto que esos nuevos dólares que han entrado, no han salido a abastecer el mercado y la flotación “sucia” hasta el momento ha sido “limpia”, esperando que se mantenga en ese rango.

Hay cuatro cuestiones claves para tener en cuenta en el pronóstico extendido: las paritarias que empiezan en marzo, el programa pendiente para atacar el déficit fiscal, la consolidación del financiamiento y la evolución de Brasil, el principal socio comercial. La definición de estos temas puede desencadenar tormentas o, por el contrario, despejar el horizonte.

Nuevo motor. Si la actividad empieza a repuntar en el segundo trimestre, en la segunda mitad del año las tasas de crecimiento interanuales pueden ser altas, incluso pensarse en un segundo semestre con un crecimiento del 2% interanual, lo que sería un rotundo éxito, pero todavía muy lejano. Si esto se cumple, el año que puede ser muy fuerte es 2017. El empujón vendría de la mano de la estabilización macro, de la puesta en marcha de las exportaciones y de la ansiada llegada de dólares frescos. La caída del nivel de actividad podría ubicarse en el 1,8%, con un consumo cayendo por la caída en el salario real, que se procurará evitar, y una inversión subiendo al triple. En especial, el motor sería la inversión de sectores que recibieron señales de precio, como el campo, y la infraestructura con deuda externa.

La entrada de capitales y del financiamiento para el sector público y, también para el privado, harían contrapeso frente a las fuerzas contractivas de principio de año, si asoma finalmente el acuerdo con los fondos buitre, puede haber un ingreso considerable de crédito externo. Argentina puede recuperar un lugar de privilegio –junto a Brasil o México– como destino de la inversión extranjera directa, con un potencial de US$ 20 mil millones este año.

La balanza comercial será difícil determinar, pero una cosa es simple, tendremos por primera vez en muchos años, un superávit, con un piso de us$500 millones de dólares, pero difícilmente supere los us$ 3 mil millones de dólares, a pesar de lo que digan otras consultoras más optimistas, puesto que ahora el tema que todavía no está en agenda y que habrá que enfocarse, es el problema fiscal, donde una reforma fiscal, debe ser una prioridad de la administración Macri, lo que no significa más impuestos, sino una adecuada gestión de los existentes, un mayor control de cobro, y una verdadera gestión progresiva de estos impuestos, hacia los sectores más pudientes, logrando la consciencia social, sin caer en el populismo, en busca del objetivo de pobreza cero en la Nación.

El enfoque heterodoxo sigue primando con medidas que apuntan casi exclusivamente a negociar los ajustes de precios con la advertencia de una apertura de la economía en una mano y el uso de la política fiscal en la otra. El Gobierno está dejando para después el desequilibrio fiscal, con la esperanza de financiarlo con dólares del exterior. En este punto, debemos saludar la “flexibilidad” en la toma decisiones del Gobierno, que atribuye a “un gabinete segmentado con controles (los dos secretarios que dependen del jefe de Gabinete)”.

Que esté mejor cada día.