Rarito

Primero, observó los que quedaban. No habían ido prolijamente arreglados como él ni mucho menos. Cero estética, no parecían estar muy preparados. Eso sí, parecían una coreografía las miradas de desentendimiento hacia él.

Su pie derecho nunca dejó de marcar el tempo, lo que significaba que mentalmente seguía practicando la canción.

- El que sigue — se escuchó desde la oficina, muy precaria para su gusto. Con una decoración rústica, muy vintage y a su percepción, inspirada en Venecia. Digamos, era eso o la humedad que había no correspondía a ningún detalle decorativo, sino a una desatención de muchos años. Prefirió pensar y quedarse con la idea veneciana.

Avanzó, no sin antes cargar su notebook. Tenía las bases cargadas y algún efecto pre-establecido de AutoTune. Se vino bien preparado, desde que leyó el aviso en el diario, no había dejado de pensar en escribir La Canción de la Temporada para La Barra.

- ¿Bombo? — el tono burócrata, lapicera en mano y párpados caídos del barra I, marcaba un dejo de hastío. Al levantar la vista, vió que lo que se venía era algo que iba a terminar contando a la noche en casa. Se miró con barra II y barra III, ya riéndose.

- ¿Cómo?

- Si vas a precisar el bombo, morfeta — acotó barra II.

- Eh, no. Cre-creo que me arreglo.

- Creés o te arreglás?

- Me arreglo, vine preparado.

- Ya veo. Rápido, hoy tenemos para rato.

Abrió la notebook, dio doble clic y las bases empezaron a sonar.

Del otro lado de la mesa, sentados y tan intrigados como tentados, no podían creer lo que estaban viendo. A Barra II se le cayó el chicle, de tan grande que había abierto la boca.

La melodía era pegadiza, pero bien rara. Rarita, para ser más precisos a las palabras que se le venían a la cabeza al triunvirato de jueces. La letra inentendible, una cruza Spinetta y Solari que nada de nada tenía que ver en ese lugar. Barra II y III estaban a punto de saltar del otro lado para trompearlo. Pero Barra I los frenó. Les susurró al oído algo de roce internacional, de volver a ser lo que eran, de jugársela un poquito.

- La melodía de dónde la sacaste? Qué es? El Polaco? Los K-mikaze? La Pasta?

- No, esto es de MGMT. Kids.

- ¿Qué?!

- Kids.

- ¿Kiss?! — abrió grande los ojos y antes que pudiera corregirlo, se dirigió hacia los otros dos — Bueno, no es mala. Acuérdense que los 70’ son bastante emblemáticos en las canchas. Cuando le afanamos la canción a los cuervos, la de Creedence, después sonaba hasta de los caracoles en las playas de Brasil. Y los primos tienen ese hit de Rod Stewart para putear a sus jugadores.

- No, no es Rod Stewart, él hace un cover, es de Bonnie Tyler en realidad.

- Quien fuera, boludo. Esto para mí es oro puro.

- A mí me suena a re mariconada, discúlpame — Barra III era el más sacadito, y estaba ansioso para argumentarle con los dedos por qué este tema no podía ser el tema de la temporada — En ningún momento dice algo de la B, no están las palabras aguante, ni correr, ni putos, ni nada. No escuché una sola puteada. Eso es de putos. Acordate que nos hicieron la camiseta rosadita y hasta el día de hoy se prenden de eso para decirnos los rositas. Ponernos a cantar una canción de una banda que se pinta la cara es medio maraca.

- Eso, pintar la cara. Pensalo así, conceptualmente. Les pintamos la cara — Barra I cada vez se convencía más. Ahora hablaba mirando hacia arriba, a la nada.

- Disculpen — los interrumpió — No es Kiss. Es Kids, es el nombre del tema. La banda se llama MGMT. El disco es Oracular Spectacular, ellos hacen una especie de Psychodelic Space Rock, son muy buenos.

Los tres clavaron la mirada al frente, incrédulos. No dijeron nada, pero se notó cómo Barra I empezaba a desilusionarse y Barra III se relamía los dientes. La tensión pasó a gobernar la sala. La musicalización ahora venía desde afuera, donde se escuchaban bocinazos y sirenas a lo lejos. Pasaron algo así como 30 segundos sin que nadie diga nada, sosteniéndose la mirada. 30 segundos, son mucho para saber si este era el tema o no de la temporada.

De repente, se entraron a reír. Carcajadas. Tanto que lo que tentaron y él también se sumó a las risas.

- Algún día nos van a matar acá adentro — dijo Barra I, y las risas de Barra II y Barra III fueron cada vez más fuertes.