Ser mujer y no morir en el intento

Tengo una semana reivindicativa de mi condición de fémina, incluso me atrevo a llamarme feminista reconvertida por Chimamanda Ngozi* que me ha abierto los ojos y ha conseguido que me tropice de bruces con la realidad.

Semana reivindicativa de reconocimiento por lo que padecemos por nuestra condición precisamente de mujer, padecimientos fisiológicos, tan poco reconocidos. Con decirnos : -Estas insoportable, no hay quién te aguante; nuestros amados maridos e hijos o parientes masculinos solventan nuestros mensuales cambios hormonales.

Y con cuántos dolorcillos nos premian cada mes las hormonas (también femeninas y plural): te estallan los ovarios, tienes a todo Calanda tocando los tambores de Viernes Santo en tu cabeza y si la blusa de seda más delicada te roza una teta es como si te pasara por encima papel de lija ( habrá entre mis iguales quien piense que exagero porque haberlas haylas que tienen la regla y ni se enteran).

Hablando de enterarse, también cuando llegan los sofocos somos muy iguales (nosotras, claro) y me estoy dando cuenta que unen mucho y crean círculo (no lo he mirado porque no soy muy de Facebook, pero seguro que hay un grupo, o podría haber de ‘Mujeres que sufrimos los sofocos de la premenopausia -en silencio-’). Esto es también como cuando estás embarazada, cuántas embarazadas como tú. Ahora, que cuando menos te lo esperas (pero suele ser en el peor momento) tu temperatura corporal se iguala a la del núcleo del centro de la Tierra, en ese preciso instante hay, al menos a otras cuatro o cinco mujeres a tu alrededor, que le pasa lo mismo. Y últimamente me las voy encontrando (une mucho esa gotilla de agua indiscreta encima del labio superior) y hablamos y compartimos experiencias y les digo el remedio que me ha mandado mi ginecólogo, que funciona muy bien y es natural, porque eso sí, todas estamos en contra de lo hormonal que por qué será y aquí también parece que nos ha parido la nisma madre, NOS SIENTAN MUY MAL.

Lo dicho que llevo una semana reivindicando (y dando la cena a mis chicos) que ser mujer es mucho más meritorio que hombre: ni menstruación ni sofocos ni embarazos ni dolores múltiples. Mi sentencia: para que no todo sea tan bonito, desde lo Alto os han impuesto un castiguillo, conseguirás el pan con el sudor de la frente y aguantarás las hormonas de ella.

*’Todos deberíamos ser feministas’
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