Madre, hoy todo está bien

14 de Mayo. Visperas del día de la Madre en Paraguay.
Como en muchas otras oportunidades, la fecha del festejo me tomaba desprevenido, sin haber comprado un presente. Asi que, como varias veces lo hice antes, acudí a ella.

“Que queres de regalo por el día de la Madre” le pregunté sin tapujos.

“NADA”. fue su rápida respuesta. “Ya tengo TODO lo que quería”, añadió.

El día anterior habían llegado ellos a casa. Ellos, nuestros hijos.
Un año lectivo había terminado en el hemisferio norte, y se tomaban unas merecidas vacaciones. Y la madre está de fiesta.
Aunque sigan las responsabilidades del trabajo y de la casa. 
El Gimnasio y las compras. 
El atender a los parientes mayores, o acompañar a algún sobrino chiquito.
Porque ella tenía todo lo que quería. A sus hijos cerca.

Son adultos, si. Ella lo sabe. Pero siguen siendo ante sus ojos, pequeños. Y se preocupa por cada cosa que pasa en sus vidas. Desde un proyecto de estudios o trabajos a un desencanto amoroso, no hay evento en la vida de sus hijos que le pase desapercibido.

Resulta que, como padres, sentimos cada cosa que les pasa a nuestros hijos como nuestra. O PEOR. Porque, si queremos hacer las cosas bien no debemos hacer mucho más que aconsejar. Y con prudencia porque, si bien parecidos, son ellos. No somos nosotros. No son una extensión nuestra. Aunque así se sienta. Y entonces debemos velar porque lo que les digamos, opinemos o hasta nuestros silencios sean para SU bienestar, y no para el nuestro.

Querríamos tenerlos para nosotros, siempre.

Darles lo que necesitan, o lo que nosotros creemos que necesitan. 
Pero son otras personas. Y tienen otras necesidades. Y otras expectativas. Muchas veces parecidas a las nuestras, pero otras veces totalmente contrapuestas.

Por eso nuestra función de Padres es dificil. Porque debemos tratar de, pese a nuestro sentimientos, hacer lo mejor para ellos, y no lo más deseado por nosotros.

Debemos enseñarles a volar. Aunque esto los aleje del nido.

Ellos construirán el suyo.

Y nos alegrará.

Y nos dolerá.

Pero es así como debe ser.

Creo que a la madre esto le duele más que al padre. Porque los engendró. Los alimentó desde su seno, les dió vida de su vida. Murió un poco cuando ellos nacieron.
Lo nuestro, de padres, es más de soporte, de guía y consejo. De compañia y ayuda. Y lentamente en cada paso que ellos dan, nos damos cuenta que al final el camino los irá separando de nosotros. Y vamos aceptando este “dolor en cuotas” como parte del proceso natural de crecer.
Pero ellas. Ellas se dieron físicamente a si mismas
Su propia carne se hizo carne en ellos. Divino trabajo y misterio. Por eso quizás la madre “sufra” más, y su duelo merezca más reconocimiento en el lamentablemente inevitable proceso de separación de la relación padres-hijos.

Pero nada de eso importa hoy. Hoy Ella está contenta. Ellos están cerca.
Y todo lo demás estará bien.

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