Aquel millón de miradas que no eran para mí.
Aquel millón de miradas que no eran para mí las recuerdo en cada momento.
En el pasillo, cuando me ilusionaba, respiraba y luego moría cuando pasabas de largo.
Todas las veces, los segundos desperdiciados en tu cara.
Todas las veces, ni una sola mirada.
Por los últimos ocho meses te he estado pensando.
Por los últimos ocho meses he estado memorizándote.
Todas y cada una de las veces he hecho historias imaginarias y castillos de papel que no aguantan a los huracanes de tu rechazo.
No es necesario decir que ya empiezo a echar en falta la libertad de la cual gozaba cuando no eras inquilino de mi mente.
Sí, de mi mente, no de mi corazón.
No de mi corazón puesto que, a pesar de que has invadido mi ser completo con tu marea, me reservo el derecho de mi corazón.
He estado alimentando a un monstruo en mi interior que ha evitado los desmoronamientos emocionales de los cuales antes era presa.
Y no quiero que seas devorado por ese monstruo.
Eres el único pensamiento bueno que me queda.
Pero yo no te he pensado.