El muerto.

Se suponía que no iba a pensar en eso.

Se suponía que era un pensamiento destinado a ser olvidado.

Pero no puedo evitar que de vez en cuando esa imagen se cuele en mi mente.

El muerto.

Lo que recuerdo:

  • El calor.
  • La vegetación.
  • Una bifurcación en el camino.
  • Un carro volteado.
  • El carro era rojo.
  • No pensar en que podria haber alguien herido.
  • Voltear en el último momento.
  • Unos pies, grises, saliendo por la ventana del carro.
  • Plástico azul cubriendo el resto.

La muerte no debería de ser así.

Oh, pero lo es.

Me reservo estos pensamientos para mí, me reservo la imagen de lo que vi.

Decido no hacer ningún comentario sobre lo que acaba de pasar a mis compañeras de viaje, que comentan lo curioso que es que haya tanta policía para un solo accidente.

Me callo.

Me callo y pienso en morir, y en lo que debe de haber pensado ese hombre, o mujer, joven o anciano, porque no sé quién era.

No sé nada, excepto que estaba muerto, y que le faltaban los zapatos, ya fuera porque alguien se los habia quitado al reacomodarlo, ya sea porque desaparecieron en el accidente, ya sea porque manejaba descalz@.

No debería de acordarme de tanto detalle.

Ni siquiera me afectó lo suficiente para contarle a alguien.

Era sólo un pensamiento oscuro en medio de visiones de agua y monumentos a los dioses.

¿Por qué me acuerdo de ti?

¿Por qué?

Tal vez, esa persona está destinada a ser parte de la zona de pensamientos oscuros de mi mente, una historia que quisiera contar, pero que nadie sabe en realidad.