Y le GRITO a la lluvia.

¡LE GRITO!

le susurro

La miro a través del hueco que deja la persiana contra mi cama.

Le GRITO sobre las preocupaciones del mundo.

Le GRITO sobre las regiones áridas del norte del país, que se desviven por un poco de su gracia.

Le GRITO, exigiéndole que deje de atormentar esta ciudad que es el centro de mi mundo porque no podemos con más cosas rebasando nuestro cuello (preocupaciones y agua desbordada).

Le GRITO que no inunde mi hogar, que se aleje, que esto ya no es un lago, que este cuenco que es el Valle de México es mío y que no le permito que lo llene, porque es mi copa vacía (como Pethra, la runa vikinga que implica que falta algo, y que, literalmente, es una copa vacía, esperando a ser llenada).

Le susurro que llueva un poco más fuerte para que no oigan mis sollozos en el cuarto de al lado.

Le susurro que deje caer granizo y relámpagos para que el ruido me ayude a dormir, aunque sean las tres de la mañana.

Le susurro sobre mis amores no cumplidos, sobre mis preocupaciones, le pido consejo a las gotas de lluvia que revientan contra el alféizar, porque ellas, que saben lo inútil que es nuestra existencia deben de tener las respuestas.

Le susurro que no deje de caer, para que cuando la gente me vea a la cara no vea las lágrimas deslizándose por mis mejillas.

Le GRITO/susurro que se VAYA/quede porque estoy HARTA/ necesitada de su PRESENCIA/consuelo.

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