Ferragosto

Kitchen, Banana Yoshimoto

Yo era de pedir calabacines albardados por mi cumpleaños. En mi casa se decía así, albardados, pero lejos del País Vasco -no sé si fuera- creo que se dirá rebozados aunque se habla más de empanar y esto, en realidad, ni siquiera lleva pan. Además, se hace en el orden inverso al de empanar. Primero se enharina -¿existe?- la rodaja de calabacín que cuanto más lámina sea mejor y, después, se pasa por el huevo y, finalmente, se lleva a la sartén. Nada de primero el huevo y luego la harina -pan rallado- y después sartén.

También solía pedir ensaladilla rusa. Y esos pimientos verdes pequeñitos que igual hasta eran de Padrón. Alguna vez tuvieron que serlo. Jamás se me ocurrió pedir tortilla de patata. Ni croquetas. Ni paella porque en mi casa no se hacía paella, digo yo que porque éramos muy de Bilbao como para hacer paella. Ni siquiera me parece que fuéramos dados a comerla. Lo que nos volvía locos eran los langostinos. Y aquellas cosas que sólo se hacían antes, que precisaban hasta de tomos de la enciclopedia para que quedaran como tenía que ser. Cocinas con envolturas, hilos, largas esperas, puede que actos.

Ahora tengo a medio hacer una ensaladilla, desde ayer a mediodía, y esto es demasiado miedo de nada. Cocí por separado huevos, zanahoria y patatas. Dejé reposar. Lo puse en el frigorífico. Me dediqué entonces a mimar unos pimientos rojos que tenía abandonados desde antes de que se fuera Fausto, al que era un gusto ver cocinar por las noches y no sólo porque me alimentara.

Vi a mi tío Guillermo en julio hacer, con sencilla alegría, esa ensalada de pimientos rojos así también como él, sencillo y alegre, y quería probar. Pensé: igual hallo algo de gracia. Conseguí quitar la piel de los pimientos asados, debí haberme ayudado del agua antes. Ayer me enteré de que le van bien los cominos pero ni siquiera he conseguido aún ponerles aceite y sal. Hubo un año en el que me dediqué a hornear pero ahora ya. Ahora en esta casa hay inducción y me llevo mal con sus botones. En este verano extraño lo mejor que se puede hacer es comer melocotones. Los quiero fuertemente y los engaño con las nectarinas, toda esa agua, toda esa Clarice en ‘Agua viva’, todo Nancy en ‘El goce’, todo Alba RIco que es y no es un cuerpo y Banana Yoshimoto por adelantado, o por descontado, para animarme, en cocina, a salir del medio.