Los náufragos gañanes

Hace muchos años, Pepito, Jaimito, Menganito y Splatch, naufragaron en medio del océano Pacífico.

— Mira Jaimitos, eso es una islas. -Dijo Splatch.

— ¡Es verdades! ¡Vamo pallás! -Contestó Jaimito con entusiasmo.

Los 4 náufragos, nadando a toda prisa, pusieron rumbo a la isla.

— Mira cuanto árboles hay en esa zonas tío. -Comentó Menganito mientras salía del agua.

— Yo quiero vivi en esa zonas. -Dijo Splatch.

— No, yo la vi primeros. -Sentenció Menganito.

— ¡Mira mira! ¡Un ríos! — Exclamó Pepito.

— Yo quiero vivi en la zonas del ríos. -Dijo Splatch.

— No, yo la vi primeros. -Exclamó Pepito con decisión.

— ¡Tía tíos!¡Ahí hay una cabañas! -Dijo Jaimito.

— Yo quiero vivi en la cabañas. -Dijo Splatch.

— No, yo la vi primeros. -Objetó Jaimito.

— Pues yo me quedo en la playas. -Dijo Splatch.

Una vez efectuado el reparto de tierras, comenzaron a construir chabolillas con ramas, cada uno en su zona, preparándose para pasar la noche. Como Jaimito ya tenía una cabaña de madera, se dedicó a pensar la forma de salir de la isla, y llegó a la conclusión de que lo mejor era desmontar su cabaña y aprovechar los clavos y la madera para construir un barco.

— ¿Qué haces Jaimitos? -Preguntó Splatch.

— Construyo un barcos para irme de estas islas. -Contestó Jaimito.

— No tienes suficiente maderas. -Dijo Splatch.

— Es verdades. -Confirmó Jaimito.

— Menganitos tiene muchas madera. -Dijo Splatch.

— ¡Es verdades! ¡Voy a comerciar con Menganitos! -Exclamó Jaimito emocionado.

Jaimito, raudo y veloz, puso rumbo a la arboleda donde vivía Menganito para negociar por su madera.

— ¡Menganitos!¡Necesito tu árbole para maderas!¿Tú qué quiere a cambios?

— Sé que guardaba las lata de mejillone en escabeches que había en tu cabañas. Te doy un árboles por cada latas. -Contestó Menganito.

— Vales, trato hechos.

Jaimito le dio dos latas de mejillones a Menganito a cambio de dos arbolillos y continuó con la construcción de su barco sintiéndose como un gran hombre de negocios, había logrado su objetivo y además le habían sobrado dos latas de mejillones, por lo que decidió abrir una para celebrarlo.

Una semana después, la construcción del barco había avanzado casi hasta la mitad, pero ya no quedaba más madera, por lo que Jaimito puso rumbo de nuevo hacia la choza de Menganito para ofrecerle la lata de mejillones que le quedaba a cambio de los 3 árboles que necesitaba para terminar el barco.

— ¡Menganitos! Necesito 3 árbole, si quiere te doy otra latas que me queda. -Dijo Jaimito.

— 3 árbole son 3 lata de mejillone.

— Solo queda una latas.

— Pue si quiere te doy un árboles.

— Un árboles es pocos, necesito 3 árbole, dime que quieres a cambios.

— Lata de mejillone.

— Tenemo que pensá en el bien comunes, si me da lo árbole te llevo en mi barcos.

— ¿El bien comunes? ¿Quiere convertí esta islas en unas república bolivarianas? A mi no me gusta lo populista tío, algún días tendré mi propio barcos.

Las diferencias políticas rompieron la negociación y Jaimito puso rumbo a la playa para hablar con Splatch.

— Splatches tío, Menganitos no quiere darme lo 3 árbole, no vamo a queda para siempres atrapado en esta islas. -Dijo Jaimito visiblemente preocupado.

— Esta islas no es tan malas, tú está rabiosos por que no tiene papel del culos.

— Si me ayuda a convencé a Menganitos te llevo en mi barcos.

— No me fío de tu barcos, no tiene papel del culos, algún días haré mi propio barcos.

— Tú no tiene maderas ni clavo.

— Pero tengo fé en el sistemas de mercados.

— El sistemas de mercado están colapsando tío, nuncas vamo a pode sali de la islas.

— No me venga con rollito comunistas.

Pasaron los años con duras negociaciones, pero Jaimito nunca fue capaz de conseguir las latas de mejillones necesarias para desbloquear la operación y los náufragos gañanes pasaron sus largas vidas cultivando melocotones en la isla.

FIN