Carta para Elisa

Mi querida Elisa hoy me senté en nuestro porche, como en las noches de otoño, en las que aún estabas a mi lado, miré al cielo, ese cielo cuajado de estrellas, mis ojos cansados buscaban tu rostro una y otra vez en cada recodo, en cada pliegue de la noche…

Son tantos recuerdos que inundan está cabeza mía y que mi pobre corazón no entiende que tiene que sacar de su interior…

El porche sigue siendo el mismo de siempre, con sus dos sillones de mimbre, uno de ellos de un gran vacío.

Mi hermosa Elisa de mirada serena y dulce sonrisa, ahora eres un ángel que juega a dibujar estrellas en el cielo y pintas con tu ternura hermosos amaneceres.

A veces creo oírte muy cerca de mí, esperando mi mirada, pero es tan difícil para un mortal, para un simple mortal poder contemplar un ángel…

Sabes mi querida Elisa, ya llegó el otoño, una alfombra dorada cubre nuestro jardín, los peces de colores del estanque presienten las lluvias otoñales y se sumergen al no encontrarte por ningún lado y aunque les repito que yo estoy aquí parece que no es suficiente para llenar ese hueco llamado Elisa, Elisa, mi Elisa.

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