El encuentro

Llevaba ya un par de tentativas; muchas técnicas creativas para dar vida al universo sin estructura que giraba en su cabeza. Se sentaba en su balcón durante la madrugada, para escribir viendo el amanecer; o esperaba el inicio de la noche para prender su lamparita y convivir con esa semi oscuridad que cambiaba la perspectiva de su alrededor. Había intentando en su casa; se había ido a la biblioteca de su barrio, al café cercano a la casa de su novio. Tenía armadas tres playlists estimulantes, tranquilas, desesperadas; también había mirado su hoja de papel en puro silencio. Y finalmente, había encerrado la servilleta en un cajón de su cuarto; regresó a la vida cotidiana.

Pero hoy, en el camino hasta su casa, sin tocar ningún timbre o notificar su llegada, algo en aquel edificio le inspiró, aquel cabello de mujer, aquel perrito persiguiendo un pajarito. Finalmente, le había llegado el regalo perdido en los correos de su inconsciente: la primera frase de su novela.

Por: Mathilde Dubost

Ilustración: Liz Quezada