Encontrar belleza en el Caos.

Revista Desértica
Aug 8, 2017 · 2 min read

1- En 1952, una mujer llamada Mary Richardson entró en la National Gallery de Londres y acuchilló a la Venus del espejo de Francisco de Goya. La pintura su frió siete golpes: el primero de ellos rompió el cristal que protegía la obra. El sonido de los vidrios alertó a los guardias; sin embargo, el que estaba más cerca de ella resbaló, lo que dio a Richardson una ventaja que le permitió hundir el cuchillo una y otra vez. La famosa venus su frió daños en la zona de la espalda y los hombros, pero fue restaurada por el jefe de la National Gallery. Ahora es imposible distinguir las reparaciones en la tersura de su piel: sólo la venus recuerda las puntadas que ha recibido. Su belleza ha roto el hilo del tiempo.

2- A los trece años comencé a leer Aura, de Carlos Fuentes. Desde hace tiempo conservo una manía lectora: evito a toda costa leer las contraportadas de los libros. Sea un acto de rebeldía o una declaración de inocencia, voy por los libros a ciegas. Pudo haber sido el caso de Aura, pero no me resistí: a final de cuentas, seguía siendo una niña, más inocente que rebelde. Ahí leí esa frase por primera vez: “esa zona del arte donde el horror engendra la hermosura”. El golpe fue directo al estómago. Yo conocía la belleza de Audrey Hepburn y Rita Hayworth, pero ese día descubrí la otra cara de la moneda: encontrar la belleza en el caos.

3- Como a cada uno de nosotros, toda palabra de nuestro idioma fue inventada de la nada. Sólo por eso es bella.

4- En japonés, el término wabi-sabi nos recuerda la capacidad de enamorarnos de lo imperfecto. ¿Cuántas veces no he terminado sintiendo vértigo al admirar la inmaculada belleza de una actriz de Hollywood o el aroma de una taza de té? No encuentro más belleza en la perfección que en lo inconcluso o en lo deshecho. Aprendemos a amar lo roto porque en el fondo, nuestra belleza también está hecha de esas pequeñas cicatrices. Habría que ser necio para negar que a Rita Hayworth de vez en cuando se le corría el rímel por el llanto y que los brazos perdidos de la Venus son tan sólo un accesorio de su belleza.


Por Aniela Rodríguez

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