¿De qué trata esta elección?

Si lo miramos con perspectiva histórica, la elección de noviembre de 2016 es la más importante desde 1940. En esta elección, cada voto que se emita debe tener dos efectos: defender a Puerto Rico de los enemigos de lo que verdaderamente somos y escoger un líder con la capacidad de refundar al país. De manera simple y llana, esta vez los puertorriqueños votarán a favor de Puerto Rico o en contra del pueblo que vive en esta gran nación.

Nunca antes en nuestra historia se habían encontrado juntos tantos elementos que pusieran en riesgo la propia viabilidad de un país. Sobra repetirlo, pues todos lo sabemos, pero la crisis económica y las consecuencias políticas en todos los órdenes hacen latente una grave incertidumbre institucional en nuestro sistema educativo, de salud, de seguridad, de vivienda, con una inmediatez que atenta hasta contra la comida que pondremos esta noche en nuestra mesa.

La coyuntura geopolítica que nos dicta el desarrollo económico acelerado de República Dominicana y la apertura de los Estados Unidos hacia Cuba, entre otros esfuerzos en la región, abonan a un escenario en el que nos urge estar preparados para lo que será una importante competencia.

Los debates en el Congreso van a la médula de nuestra relación política de más de seis décadas con los Estados Unidos; no hay exageraciones respecto del panorama futuro del país, estamos pasando por un momento difícil no conocido por muchas generaciones y aún no hemos tocado fondo.

El voto de noviembre de 2016 tiene que procurar defender a Puerto Rico, su identidad, su cultura, su forma de entender la vida y de vivirla. Cuando vayamos a votar en noviembre estaremos votando por hacer viable al país, los sueldos de los empleados públicos, los trabajos en el sector privado y las pensiones de los maestros, entre tantos otros retos.

Para transformar a Puerto Rico y proyectarlo hacia las nuevas décadas necesitamos un líder capaz de lograr un cambio en la manera como hasta ahora se han venido haciendo las cosas. El perfil de ese líder tiene que ser el adecuado. Debe ser una persona disciplinada, que esté acostumbrada a hacer mucho con poco y a lograr resultados en corto tiempo; que no tenga temor a las circunstancias difíciles, que tenga experiencia en el gobierno y conozca desde adentro cómo pasan las cosas y cómo piensa la gente, que no se entretenga en la política diaria y se dedique a atender, a resolver y a gobernar con respeto y compasión.

En varias ocasiones le he preguntado a David Bernier a qué candidato prefiere enfrentar y siempre me ha respondido lo mismo, que como acostumbrado competidor siempre le gusta enfrentarse al mejor. Démosle a Puerto Rico los mejores candidatos y las mejores ideas. Si su partido va a primarias para escoger al líder que aspira a gobernarnos, escuche sus ideas, lea sus propuestas, escrute sus argumentos. Vamos a darle al país las mejores opciones.

De eso trata esta histórica elección.

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