Las candidaturas independientes

Los partidos tradicionales se encuentran pasando por una crisis de legitimidad. Como he dicho anteriormente: “los partidos políticos, como los conocemos hoy, no son viables. Los fenómenos de organización política en el mundo atraviesan una crisis de legitimidad, tal como le ocurre al PNP en general y a Ricardo Rosselló en particular”. El Partido Popular no es inmune a ello y David Bernier, en nuestra historia reciente, ha sido el primer presidente de un partido político en reconocerlo.

El cuatrienio que se asoma es de suma importancia para darle significado a ese malestar social que causa la crisis de legitimidad: habrá que reconfigurar el tejido político puertorriqueño. Cuando David Bernier ha mencionado que se necesita de una nueva mayoría se refiere a eso precisamente. No tapemos el cielo con la mano, si bien es cierto que al PPD se le acabó el dulce ideológico del ELA con la determinación del Tribunal Supremo de Estados Unidos en Sánchez Valle, no es menos cierto que ese país se ha mostrado indiferente y distante ante el reclamo de estadidad y las amenazas del PNP, con un fin electorero ciertamente, en ejecutar el “Plan Tennessee” en enero próximo. Se impone, por la rigurosidad histórica del momento, un nuevo horizonte político en el país.

Cuando escuchamos que las elecciones de este próximo 8 de noviembre son innecesarias o no tienen importancia por la presencia de la Junta de Control Fiscal (JCF), nos equivocamos peligrosamente. Bernier ha dicho que estos próximos comicios electorales son los más importantes en nuestra historia. Así lo demuestra la crisis económica que atravesamos y otras razones que he expuesto anteriormente. Sin embargo habría que añadir, en primer lugar, que la presencia de la JCF sí representa un reto enorme. Ante ello el gobierno puertorriqueño tiene dos opciones que no son excluyentes entre sí: 1) representar los mejores intereses de nuestros pensionados, de nuestros estudiantes en el sistema público de enseñanza, de nuestros trabajadores y servidores públicos ante la JCF; y 2) el Gobierno se tiene que concebir, en esta situación, como un espacio de lucha por fomentar aquello de lo que la Ley PROMESA adolece: un plan afirmativo de desarrollo económico. El gobierno debe suplir esa insuficiencia de la ley.

Una victoria de David Bernier es necesaria para fomentar una reorganización de fuerzas en el país, una nueva mayoría en los próximo 4 años. La reorganización de fuerzas no es un ticket en blanco: es en última instancia la reconstrucción del vínculo representativo entre ciudadanía y su clase política con miras a consolidar una nueva fuerza de cambio social que pueda generar, a su vez, un proyecto de país a corto y largo plazo.

Para lograrlo estamos convencidos que las iniciativas individuales no son suficientes. Tampoco ofrecen alternativas reales a los problemas que enfrentamos. El esfuerzo de un solo candidato, o aquellos que generan un capital político alrededor del culto a una personalidad en particular, no es suficiente, aunque ese esfuerzo vaya acompañado con las mejores intenciones del mundo. El reordenamiento de fuerzas en una nueva mayoría es siempre apostar a las soluciones colectivas. Un solo hombre o una sola mujer, sin el respaldo de una colectividad, no puede avanzar en un nuevo proyecto de país. Sin embargo, esa nueva fuerza social debe tener oídos para escuchar a todas esas voces disidentes que se han conglomerado alrededor de las candidaturas independientes. No nos queda la más mínima duda de que esa parte de la sociedad civil tiene algo importante que decir sobre el estado en que se encuentra el país.

Sin embargo, ese mismo conglomerado de la sociedad civil tendrá que considerar la realidad inmediata que, impuesta también por la rigurosidad histórica del momento, el país tiene ante sí: una victoria de Ricardo Rosselló no será el mejor vehículo para representarnos frente a una poderosa JCF; tampoco lo será para concebir el gobierno como un espacio de lucha que supla lo que una insuficiente Ley PROMESA no puede proveer: desarrollo económico, generación de nuevo capital local, ampliar el sector privado y garantizar la creación de nuevos empleos. Un gobierno de los Rosselló será el espacio corporativo para que: 1) los “Empresarios con Rosselló” puedan cobrar de vuelta lo donado a su campaña política; y 2) los viejos estilos de represión y violencia, que tanto daño causó a nuestra juventud entre el 2009–2012, bajo el gobierno de Luis Fortuño, vuelvan hacerse sentir en el complejo panorama que nos depara el próximo cuatrienio. Ricardo Rosselló no es un chiste.