Procrear y educar son dos asuntos diferentes; una cosa es dar a luz y, otra, dar luz.

Se armó ayer un pandemonio en Colombia debido a la decisión de la Corte Constitucional de permitir la adopción por parte de parejas LGBT; unos están felices, otros desconcertados, otros aterrados, abatidos.

Para defender la decisión hay quienes hablan de los miles de niños que esperan poder ser adoptados y que ahora sí podrán tener un hogar. Eso es reducir la discusión a un asunto de oferta y demanda, lo cuál es razonable, aunque también de corte económico. En esa línea de pensamiento es posible preguntarse ¿la comunidad LGBT demanda qué tipo de niños, de qué edades, proveniencias? ¿Se toma esta decisión solo porque los heterosexuales están muy selectivos, porque no están adoptando tanto o porque puede disminuir o aumentar algunas estadísticas ? Yo creo, simplemente, que es un asunto de equidad. Volveré al tema.

Algunos atacan la decisión por antinatural, indigna, indecente, mientras otros la defienden por decente, digna y natural. Los conceptos se prestan para todo. Natural es tanto el hecho de que la procreación humana es solo posible entre hombre y mujer como que hay grupos de primates (y otros animales) en los que la crianza cooperativa es igual de importante a la parental. Natural es que se aprenda por imitación, que se hereden instintos y enfermedades vía adn y que las tendencias sexuales varíen según tal o cual configuración biológica particular. Indecente bien puede ser una minifalda, una mirada, un rostro descubierto, un disfraz o el robo de las pertenencias de otro. Dignidad puede haber en comportamientos sectarios y científicos, religiosos y criminales, es cuestión de escoger el argumento apropiado para la justificación necesaria.

Dignidad, decencia, oferta, demanda, machismo, feminismo, paz y justicia son invenciones humanas, están en nuestra mente y en las de otros gracias a nuestras estrategias de socialización colectiva y a los mecanismos que inventamos para mantener y aumentar nuestro dominio sobre el planeta. ¿Existirían las religiones sin alguien que nos contara sus mitologías, habría tal avance científico si no privilegiáramos la duda y la competitividad? Hay gente atacando y defendiendo la decisión con ideas relacionadas con violencia y con las consecuencias que tendrá su implementación y es imposible llegar a acuerdos inmediatos: que no va a haber tanto maltrato infantil, que entre gays hay menos maltrato entre parejas, que los niños todos van a ser gays, que van a ser más amados, que van a recibir más atención.

El problema es de superioridad moral: todos asumen su comportamiento (costumbres y actividad social) como superior al de los demás y no se toman el tiempo de pensar en la posibilidad de ser inferiores, diferentes, perjudiciales, odiables. En la comunidad LGBT también hay borrachos, violentos, mentirosos y corruptos así como valerosos, valientes y honestos; entre heterosexuales también hay bondadosos, incluyentes, progresistas y proelegetebeistas así como criminales, indolentes e insufribles.

Lo que se logró ayer fue grande, estoy contento, hubo un gran avance hacia la equidad. Ahora todos tenemos los mismos derechos, estamos en el mismo juego, nos pueden juzgar bajo más o menos las mismas reglas y eso es equilibrado. Los niños tienen más posibilidades, los padres también. Hay quienes los procrearan y hay otros que los educarán, que les darán luces sobre cómo es el mundo, sobre cómo estar en él. Lo que pase después es apenas justo, una consecuencia de la equidad.

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