Surcar las aguas invadidas por la calina de la remembranza,

No es como anhelábamos vivir. Así que, ¿por qué

Buscar la caricia que ciñe el vacío de nuestro corazón?

Allá fuera nos esperan historias en la ciudad de hierro,

Que si supiéramos calibrar su resistencia, no buscaríamos

La salida en el símbolo virgen y efímero del desencuentro.

De cada despedida disuelta en figuras borrosas de otro tiempo,

Veneramos la ciega electricidad de la nostalgia,

Porque confiar en lo inasible parece más sencillo que

Confiar en la muda pero firme realidad erguida en el silencio.

No habrá entonces salida en el sublime laberinto,

Tendremos que aprender así, a amar el espacio infantil

A nuestra mirada. La partícula elemental de las astillas y

Fierros.

Y qué más pedir, cuando la realidad grita a voces cósmicas

La presencia inmediata del servidor del vocablo.

El acceso está ahí al pie del camino, aquel que llega

Al salir del primer tren tomado o el último auto estacionado.

Porque las millas de nuestros pasos son semillas de resistencia.

Mirar al pasado es mirar de reojo los baches y socavones de lo próximo.

Lo impenetrable de una imagen fotografiada.

La raíz de una angustia simbolizada.

Correr en libertad sólo para volver al encuentro semántico.

Así es como anhelamos vivir. Sin llegar tarde a la cita

De la palabra y lo venidero. Al menos, en secreto.

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