BAJA


Acá arriba las esperanzas también luchan contra la gravedad. Si caen no hay salida, es decir, no hay esperanza. A treinta mil pies sólo somos un pedazo de aluminio relleno de jornaleros viejos, de poesía, de viajes de ida y vuelta, de viejas vueltas a nuevos regresos, de promesas y de ausencias. Desde aquí puedo ver el mar besar la lengua de la península, y el desierto que arde en celos se avalanza sobre él. Como cuando tú besabas la lengua del olvido y yo (desierto) lo apuñalé en un callejón sin salida y sin estrellas. Y cuando las estrellas se asomaron no había olvido y yo sangraba tantísimo del pecho. Luego la sangre se detuvo, no se si porque no hubo más que sangrar o porque se cerraron las canillas del llanto y de la herida. Ahí se abrió mi mano y el arma justiciera cayó al mar. Y yo ese día me quedé sin olvido, sin océano, sin desierto y con tantísimas estrellas.

https://youtu.be/H1wiA-MUTT8

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