Viajar

Alejarse de la frustración para encontrar inspiración.

Nunca estuve muy enfocada en contar experiencias personales, pero esta vez me pasó algo que, entiendo, vale la pena compartir. Y, sino, poner en palabras ciertas vivencias funciona muchas veces como una gran terapia, porque permite vivir desde otra óptica las mismas experiencias que pasamos en carne propia.

En fin, superando mi viejo vicio de la justificación, empiezo: me muero de ganas de viajar. ¡Qué original, Rosario! Sí, soy un lugar común. Poco me importa, las ganas no se me van a ir por un cliché.

Trabajo de 9 a 18 en una empresa muy formal. En el área de comunicación, lo que debería hacerlo un trabajo mucho más creativo. Hago énfasis en la palabra debería, porque no estaría ocurriendo. Sin embargo, soy muy optimista: me pongo creativa en procesos, en discursos, en maneras de manejarme: principalmente porque no me puedo poner muy creativa a nivel publicitario (paradójicamente).

Cuando me invade la rutina cotidiana, cuando me aplastan las operaciones recurrentes, la burocracia y la jerarquía, sólo pienso en una cosa: V I A J A R.

Tengo una sensación hermosa que me dice que en otro contexto voy a sentirme más libre, más conectada con mis deseos, con más inspiración para poder escribir. Me especializo en contenidos (lógico, soy por definición propia escritora, por definición ajena creativa). Y no me dedico a la redacción porque jamás me hice el espacio. Oficio, por momentos, más de correctora, porque no se puede creer la cantidad de errores nefastos que pueden proveer las agencias de publicidad.

He aquí el meollo de la cuestión: cuando me falta potencial creativo, cuando me parece injusta la división del trabajo, cuando me doy cuenta de que no comparto los valores que profesa el mercado laboral actual, sólo pienso en una cosa: ya la dije, no me hagan repetirla. Encima la puse en bold, no hay excusas.

La buena noticia es que en tres meses me voy de viaje (muy bien acompañada, de más está decir). La mejor noticia es que vamos a un lugar que nos interesa conocer con más tiempo y con otra mirada. Vamos a viajar con otro objetivo, lo que es una novedad (por lo menos para mí, que suelo irme más de vacaciones).

Pensar en que el mundo es más grande que tu ciudad, que el camino que hacés de tu casa al trabajo todas las semanas, que hay más posibilidades que las que hoy podés vislumbrar, que hay otros estilos de vida y otra idiosincrasia, te hace sentir uno más del mundo.Por un lado, te quita el peso de sentirte protagonista de todas las historias y, por otro, te abre a sentir que hay otra vida, más allá de la que percibimos inmediatamente con nuestros sentidos diariamente. Te hace ver que podés elegir y que no estás condenado a un trabajo de oficina, a tener que viajar en hora pico al centro, a comer todos los días lo mismo, hablar con la misma gente, seguir los mismos horarios. Te da la pauta de que la libertad puede tomar muchas formas, así como vos también. Te da pánico, te da alivio. Pero también te da algo más.

Salir de la zona de confort siempre es un desafío. Distanciarte de los que más querés, aún peor. Pero las experiencias se hacen en vida, no soñando despierto. Somos partidarios de abandonar los supuestos y las hipótesis para ir a vivir una vida que merece ser vivida.

La frustración es una sensación muy puta. Es una mezcla de cansancio, con miedo y comodidad. Nos deja inmóviles, pensando en que no tenemos herramientas para lograr superar ciertas situaciones que nosotros mismos generamos. Nos lleva, si es muy repetida, a un inminente fracaso. Y combinada con el estrés, ni te cuento. Pero, si somos un poco más avispados, podemos hacer algo mucho más interesante con ella: usarla de motor creativo. Ninguna idea nació de una persona cómodamente habituada a su espacio. El motor de cambio es siempre el deseo de mejora, la ambición de llegar más allá del horizonte que podemos ver con nuestros propios ojos.

Hay personas que no pueden vivir con la sensación de que ya pueden ver el final de su vida, anticipar sus vivencias, planificar su futuro. Yo me reconozco una de ellas, y me genera frustración anticipada el sólo pensar que puedo tener en mis manos el final de mi vida, el camino a seguir. Cuando siento que estoy llegando a ese lugar común y me siento cómoda en la queja y la inactividad, es momento de cambiar de lugar. Y ese momento está cerca.

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