The Who y la noche mágica del rock

Las luces se apagaron. Un grito contenido durante mucho tiempo resonó en el Domo de Cobre. Casi 20 mil almas congregadas para presenciar historia estaban listas. En ese momento culminaba una larga espera que duró más de 50 años. Roger Daltrey y Peter Townshend y el resto de la banda subían al escenario listos para destrozar a los seguidores que nos encontrábamos ahí. Los primeros acordes de ‘I Can’t Explain’ retumbaron en nuestros oídos, desatando la locura. Así comenzaba la noche. ¡The Who is in the house!

Qué difícil es describir con puras palabras, que estoy seguro no llegan a ser suficientes, lo que se vivió la pasada noche del miércoles. Siempre es complicado hablar de una banda con más de 50 años de experiencia. ¿Qué puedes decir que no se haya dicho antes? ¿Qué valor agregado puedes ofrecer que nadie haya intentado explorar? La respuesta podría ser que no hay nada más que decir.

Pero ¡vamos!, estamos hablando de The Who, carajo. Nunca habían visitado México. Una visita fallida hace casi 10 años y nada más. Hace algunos meses se anunció sorpresivamente un concierto de la banda en la ciudad. La respuesta fue vacilante. Contra mi pronóstico los boletos no se agotaron de inmediato, lo que frenó la posibilidad de una segunda fecha. La respuesta del público mexicano había sido tibia ante una de las bandas más representativas de la historia del rock. Si no colocas a The Who a la altura de The Beatles, The Rolling Stones, Zeppelin o Sabbath, quiere decir que te has perdido de un sonido particular que ha sido de gran influencia para lo que después se convirtió en el punk rock.

En los medios tampoco hubo tanto eco con la visita de la banda. Un 2016 que ha estado plagado de visitas sorpresivas como los mismos Stones, como Guns N’ Roses, como Waters, como Radiohead, pero The Who no recibió la misma cobertura. La expectación fue casi nula. Desconozco las razones de esto, pero así fue. Parecía que las expectativas sobre la banda eran bajísimas. Pero ahí estuvieron Peter Townshend y Roger Daltry para callar bocas y disipar cualquier duda respecto a lo que se esperaba del show. ¡Lo que nos aguardaba y lo que se perdieron aquellos incrédulos!

The Who salió al escenario sin contemplaciones, sin guardarse absolutamente nada, ni un ápice de energía, la conexión con el público mexicano fue inmediata. A la ya mencionada abridora ‘I Can’t Explain’ le siguieron una desbandada de canciones representativas de la discografía de los ingleses: ‘The Seeker’, ‘Who Are You’, ‘The Kids Are Alright’ y ‘I Can See for Miles’ llegaron como una aplanadora. Una tras otra fueron coreadas con ahínco por parte de un público totalmente entregado.

Peter Townshend nos dio la bienvenida y pidió disculpas por la tardanza de visitar México (eso incluye la cancelación del concierto del 2007). Nada de eso importó, el perdón pasó a un segundo término, la deuda estaba saldada. ‘My Generation’ hizo explotar como nunca al Palacio de los Deportes. Los vasos con cerveza (espero) volaron por diversas partes del recinto. La voz de Daltrey, pletórica por cierto a pesar de todo el tiempo que ha pasado, nos ofrecía una de las mayores frases que se han pronunciado en la historia del rock: ‘I hope I die before I get old’. Afortunadamente ellos no cumplieron con esa sentencia y aún están aquí, rockeando como se debe.

La calma vino con la grandiosa ‘Behind Blue Eyes’, donde el público se unió en coro con la interpretación y las luces de celulares y encendedores provocaron uno de esos momentos que erizan la piel. La tranquilidad duró poco. Otro combo demoledor reactivó el frenesí de un público mexicano que estaba exultante: ‘Bargain’, ‘Join Together’ y ‘You Better You Bet’ continuaban con una noche que ya sabíamos sería especial, pero The Who no se conformaba con eso. Buscaba que fuera una noche épica de rock & roll.

‘5:15’ y una muy especial versión de ‘I’m The One’ hicieron que el Palacio explotara en una enorme ovación para Townshend. ‘The Rock’ nos deleitó con una banda que sonaba a toda madre, mención aparte para Zak Starkey en la batería que, si bien no se puede comparar con la leyenda que es Keith Moon, sí le da un sonido muy potente a The Who; también hay que destacar al hermano de Peter, Simon Townshend (quien abrió el concierto con un set acústico bastante interesante), que complementa en la guitarra para darle un mayor plus a los engranes de una banda muy aceitada que suena espectacular. En esta rola, mientras la banda nos mostraba todo su potencial, pudimos ver una sucesión de imágenes que evocaban la transición política y social de los últimos 50 años en los que The Who ha estado entre nosotros.

A continuación, vino uno de los momentos más esperados, al menos para mí. Los teclados confirmaban que ‘Love, Reign o’er Me’ era la siguiente. A ojos de quien esto escribe fue el momento más conmovedor de la noche. Con un Roger Daltrey dejando la voz en cada una de las notas y acompañado por un espectacular Peter Townshend, que con su característica personalidad ofrecía un momento irreal. De esas sensaciones que piensas que nunca vivirías para verlo y que de pronto se materealiza es algo muy difícil de describir.

‘Amazing Journey’, ‘Sparks’ y ‘The Acid Queen’ llegaron en cascada y sin descanso. La energía no bajaba en absoluto, al contrario, se iba acumulando para lo que sería un clímax de antología. ‘Pinball Wizard’ nos puso a bailar a todos y ‘See Me, Feel Me’ sentaba las bases para uno de los momentos más esperados de la noche.

El intro característico de ‘Baba O’Riley’ hacía su aparición. Fue la locura. Sin duda la canción más esperada y que hizo reventar el Palacio de los Deportes como no lo había visto en mucho tiempo. Todo mundo de píe, contemplando a una de las mejores bandas que ha dado la historia, interpretando la que quizá sea la canción más representativa de su repertorio. La comunión mostrada entre la banda y el público fue indescriptible. Pocas veces he visto una conexión tan poderosa como la que se vivió ayer. No exagero, quien estuvo ahí, estoy seguro que sintió lo mismo.

Vean este video y prueben un poco de lo vivido aquella noche. Sólo de verlo de nuevo, eriza la piel. Por cierto, admiren la bien que se escuchaba. Ni una falla.

El final parecía cerca. ‘Won’t Get Fooled Again’ exprimió hasta la última gota de energía que quedaba en el Palacio de los Deportes. Noche pletórica. Peter Townshend agradecía la entrega mostrada y lucía impresionado por la respuesta del público mexicano, mientras decía que nos amaba. La banda se retiró en lo que parecía el final de la noche. Muchos de los que estaban ahí pensaron lo mismo porque la gente comenzaba a retirarse mientras otros tantos esperaban una oportunidad de que The Who volviera.

Debo aceptar que fui de aquellos que pensó que todo había terminado. Como más tarde me enteré, el encore no estaba previsto, pero al ver la respuesta de la gente, la banda volvió al escenario. Fue curiosos ver como todos los que iba hacia la salida, corrían para volver a ocupar sus lugares. ‘Eminence Front’ nos puso funkys y ‘Substitue’ cerraba (ahora sí) con broche de oro, una noche épica en que la Ciudad de México rockeó como hacía mucho tiempo no lo hacía. No, ni con Roger Waters y miren que yo quedé fascinado con ese concierto del ex Pink Floyd.

Y es que la energía concentrada en ese escenario fue única. Sólo con Pearl Jam y Bruce Springsteen había sentido una sensación similar. Bien lo dijo Eddie Vedder en su momento (en una carta a la banda por su 50 aniversario que pueden leer completa aquí) “(The Who) … rompieron todas las puertas del rock & roll y dejaron a su paso escombros y no mucho más para que el resto de nosotros pueda reclamar”. Y sí, estimado Eddie, tienes toda la razón del mundo.

Como un comentario adicional, más bien queja, tuve una experiencia un poco desesperante con el tipo que estaba a mi lado en el concierto que al parecer era un sabelotodo de la banda porque en todas las canciones repetía el nombre del disco en el que venía la rola en turno y hacía comentarios grandilocuentes sobre el estilo del grupo. Me recordó tanto a este texto que leí de Tamara de Anda, donde narra una situación similar en el concierto de Roger Waters. Ahora te entiendo, Tamara.

Roger Daltrey sigue teniendo una voz increíble y una presencia en el escenario que pocos vocalistas tienen hoy en día. Qué se puede decir de Peter Townshend y su inigualable estilo para tocar la guitarra. Par de genios de los que tenemos fortuna que todavía estén entre nosotros y todavía tengan cuerda para seguir en este extraordinario mundo llamado rock & roll.

¿Concierto del año? Sin temor a equivocarme puedo decir que sí. Sin duda alguna. Ahora ya puedo presumir que yo estuve presente, junto con 19 mil privilegiadas almas más, en ese mítico primer concierto (¿y único?) de The Who en la Ciudad de México en el que destrozó por completo el Palacio de los Deportes.

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