Anne Herrera
Sep 8, 2018 · 4 min read

Hace justo un año, alrededor de las 11:49 p.m. fue el primer gran temblor de septiembre. 8.2, con epicentro en el golfo de Tehuantepec.

Ese día yo ya estaba dormida en mi casa. Desperté en parte por el movimiento, en parte por los maullidos de Lilo y Flan, que estaban frenéticas al no entender que pasaba. Yo, medio en sueños todavía, tampoco entendí muy bien qué estaba sucediendo.

Abrí la ventana, vi como los vecinos estaban saliendo de sus casas y hablando de lo fuerte que se sentía. Seguía temblando. En ese momento, mi cerebro no había reaccionado del todo. Pensé en agarrar a mis gatitas y bajar. Dejó de temblar. Estaba sola en casa, mi roomie no había llegado a dormir. No le vi caso a bajar ya para ese momento. Un poco en mi intento por entender qué estaba pasando, tomé mi teléfono y le marqué a mi novio. Él estaba muy tranquilo, yo no. Me dijo que estaba bien, que acababa de llegar a su casa y ya se iba a dormir. Yo no quería estar sola, pero no tenía mucha opción. Colgamos. Ahora estaba ya bien despierta.

Para ese entonces, ya había cientos de mensajes en whatsapp. Todos los grupos estaban activos, preguntando cómo estaban los demás, hablando de lo fuerte que se sintió. Mandando memes, porque, ¿qué mejor forma de combatir el miedo que la risa? Entro a twitter. Obviamente el tema ya era TT. Empezaron a circular fotos de los lugares que habían resultado más afectados. Casas derrumbadas por completo. El palacio de gobierno de Juchitán, o los restos de él, coronados por una bandera de México. En redes, esa foto fue el símbolo sobre el cuál se volcaron los mensajes de solidaridad, bajo las consignas de #PrayForMexico y #FuerzaMéxico.

Era ya la 1 de la mañana. Pensé que lo mejor sería dormir. La verdad estaba muy ansiosa, ¿qué tal que me duermo y vuelve a temblar? ¿qué tal que otra vez no salgo y esta vez no tengo tanta suerte? En la calle ya no había nadie. Los vecinos de junto, supongo que tan nerviosos como yo, decidieron que como no se podía dormir, mejor seguían la peda. Intenté dormir. En algún punto lo logré.

Lo que vi a la mañana siguiente en las noticias y en las redes fue peor que una película de terror: 122 municipios de Chiapas en emergencia, alerta de tsunami, Peña Nieto en Juchitán declarando 3 días de luto nacional. Había decenas de muertos, miles de casas destruidas, familias que habían perdido literalmente todo de la noche a la mañana.

Recuerdo haberle marcado a Kike (Director Social de TECHO, en donde entonces trabajaba). ¿Qué vamos a hacer? Ya estaban poniéndose en contacto con las autoridades locales de dichos estados. El qué íbamos a hacer se iría definiendo en función de las capacidades que teníamos como organización y las necesidades detectadas en las mismas comunidades. Nuestras limitantes estaban mayormente representadas en el hecho de que no teníamos equipos en los estados afectados. Estábamos un poco atados de manos.

Desde Puebla, mis amigos y yo empezamos a movernos en lo que podíamos, compartiendo información, invitando a las personas a ir a los centros de acopio. Llamé a un amigo que trabaja en Cruz Roja Mexicana para preguntarle cómo se iban a movilizar ellos, me comentó que aún no recibían ninguna solicitud de las delegaciones estatales de Chiapas y Oaxaca, por lo que al momento no había mucho que hacer. Mi hermana y yo pensamos en ideas para un cómic en el que se invitara a las personas a ayudar, que publicó en las redes de su proyecto de ilustración (@Everydaycmcs). En TECHO nos comentaron que uno de los aliados más importantes de la organización había decidido que lo que se obtuviera a través de la colecta anual se destinara a labores de reconstrucción en Chiapas y Oaxaca.

Lo que podíamos hacer no se comparaba con la magnitud de los daños causados por el sismo, pero definitivamente era mejor que no hacer nada. Así, entre pequeños esfuerzos y muchas frustraciones, pasaron los días…Hasta que llegó el 19S.

Empecé a escribir esto el día de hoy porque antes no me había animado (en distintos momentos de este año me he podido dar cuenta de que es un tema que sigue tocando fibras muy sensibles para mí). Lo hago ahora porque creo que es muy importante no olvidar que al día de hoy existen muchas familias que siguen sin poder reponerse de lo que se llevaron los sismos. En mayor o menor medida, durante este año he recopilado varias historias que giran alrededor de los sismos de septiembre y que me gustaría seguir compartiendo.

Ojalá la memoria no sirva solo de excusa para regresar a la sensación de pérdida que dejaron esos días, sino que nos siga movilizando para apoyar a las familias que todos los días siguen reconstruyendo sus comunidades.

@rockanneroll

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