Historia de un acoso callejero

Todos los días camino de mi casa a la oficina (Para quienes no saben, vivo apenas a unas cuadras de distancia). Llevo casi dos años viviendo ahí, es una zona tranquila y bien ubicada de la ciudad. La mayor parte del tiempo me siento segura y confiada transitando ahí, incluso a altas horas de la noche.

Hoy, como todos los días, salí de mi casa, crucé la banqueta y comencé a caminar con dirección a la oficina, y apenas a unas casas de distancia me topé con un tipo que, recargado sobre su automóvil y a la vista de quien caminara por ahí se encontraba auto-complaciéndose. Ante lo incómodo y molesto de la situación, volteé y seguí mi camino, no sin recibir todo un catálogo de vulgaridades y bajezas de su parte refiriéndose a mi físico y a lo que haría conmigo (No vale la pena repetir).

Durante los últimos meses el acoso callejero ha sido un tema controversial en redes sociales debido, por ejemplo, al vídeo de “Las Chamas” en la Ciudad de México, o a las historias compartidas a través del HT#‎MiPrimerAcoso, en donde se hace notorio el grave problema de violencia de género que existe en nuestro país, uno que ha sido constantemente minimizado por quienes tachan a quienes han decidido contar sus historias como “feminazis”, sensacionalistas y exageradas.

Dejemos algo claro: El acoso callejero (como cualquier manifestación/tipo de violencia de género) NO ES UN PROBLEMA MENOR.

Tan solo en el estado de Puebla, durante 2016 se han registrado por lo menos 32 feminicidios, que ni siquiera son reconocidos como tal por parte de las autoridades competentes, quienes además se han negado a emitir una alerta de género ante el notorio incremento de éstos casos (De 2010 a marzo de 2016 se tiene constancia de 198). La mayor parte de los mismos continúan impunes (Hasta hace apenas unas semanas existían únicamente 3 sentencias condenatorias de feminicidio en el estado).

Y sin embargo, entre la siempre presente “opinión popular”, se siguen escuchando frases como “Seguro se lo buscó”, “¿Cómo no quería que le pasara si se vestía así?”, “Eso le pasa por puta”.

Con todo el respeto que me merecen ¡NO MAMEN!, el problema, como todos, empieza también desde nosotros mismos, quienes constantemente minimizamos la situación, quienes nos hemos vuelto inmunes al dolor, miedo y desgracia ajenos. No tiene que ver con cómo te vistas o cómo decidas disfrutar de tu sexualidad, sino con asumir que como sociedad estamos normalizando este tipo de conductas que únicamente generan más violencia.

¿Qué habría pasado si en lugar de a mí ese tipo se hubiera encontrado a una niña que caminaba a la escuela? ¿Por qué se pudo ir tan campante a seguir su vida sin más que una mentada de madre de mi parte?

No pasó ni un minuto después de la escena que les comparto para que el tipo subiera a su coche y se fuera, pero alcancé a tomar sus placas: 745-TYX (La placa es de la Ciudad de México), el coche es un Chevrolet Meriva color gris.

Si alguien lo conoce, ojalá por lo menos le haga reflexionar.