París

Estoy a punto de irme a Paris. Debería de estar contento y emocionado, como lo estaría la mayoría de las personas en esta situación, y a decir verdad lo estoy. Sin embargo, no puedo dejar de sentirme inquieto y temeroso. Abrumado es la palabra. ¡Tantas cosas podrían salir mal! ¡Tantas cosas nuevas que deberé ver y hacer! ¿Cuántas personas nuevas conoceré? ¿Cuántos tumultos tendré que enfrentar? ¡Tan poco de dónde agarrarme! Sé que debo dejar de preocuparme, y debo procurar calmarme, nada voy a solucionar ahora, solo lograré sentirme mal. A estas alturas de mi enfermedad ya sé que mis pensamientos son mis peores enemigos. Dicho por mi psiquiatra y mi terapeuta, de otra forma seguramente, pero el punto es el mismo. Mis pensamientos obsesivos tan arraigados en mi mente. Esta vez no pelearé con mis pensamientos; es lo peor que puedo hacer, no intentaré controlarlos, no tengo ese poder. Curioso, pero así es. Estoy en mi departamento, solo, y a salvo. Nada debo hacer justo ahora, y aunque quisiera hacer algo, no podría. Pero estoy a salvo y es lo que cuenta. Nada me va a pasar. Lo peor será un ataque de pánico.

Sí, es horrible pasar por esto. Pero una vez que pase no me sentiré mal, nada malo me puede pasar. Sé que no me voy a morir y que no me volveré loco. En otras ocasiones, me tomó por sorpresa y desinformado, y creí morir. Otras veces creí volverme loco. Así se siente un ataque de pánico. Es el cerebro volcándose en sensaciones en todo el cuerpo, hasta que incluso pensar claramente es imposible. Nada me puede pasar, me lo repito una vez más, como para tratar de convencerme. No voy a pelear más contra mí mismo.

Ya no puedo respirar tranquilamente, mi respiración está acelerada, mi ritmo cardiaco también. Siento mis pulmones y mi corazón trabajar rápidamente, a toda velocidad, pero no puedo controlarlos, es como si quisieran salir de mi cuerpo. La cabeza me va a estallar. Una parte de mí está huyendo a toda velocidad, pero yo no me muevo, ni si quiera sé si podría en este momento, no lo intentaré. Tengo miedo. Pero no puedo saber a qué. Si trato de moverme y no puedo, temeré quedarme paralítico momentáneamente. En realidad, cualquier cosa en la que piense ahora podría empeorarlo todo. No pensaré. Pasará, volveré a ser yo. La parte de mí que huye a toda velocidad se dará cuenta de que no hay a dónde ir, que está a salvo, y no irá a ningún lado. Mi corazón y mis pulmones regresarán a su condición natural, en sincronía con el resto de mi cuerpo. Solo debo esperar, pasará. Aprieto fuertemente el peluche que me dio mi novia. Lo aplasto. Es lo único que puedo sentir en este momento, es lo único que me ancla a este lugar. Siento los hilos que lo cubren, suaves, reales. Sigo aquí. No iré a ningún lado. No sé cuánto tiempo ha transcurrido. Acabo de percatarme de que estoy hecho bolita en mi cama, cubierto con mi frazada totalmente, mi cara hundida en mis almohadas. No sé en qué momento tomé esta posición. Necesitaba sentir algo, asirme de algo. Este peluche es grandioso, me está salvando, sin él estaría perdido en este momento. A veces he estado perdido, loco, tonto, pero solo por unos momentos, horas, tal vez días. No ahora, no ha pasado tanto tiempo. Mi novia vendrá a verme, ya hubiera llegado. Lo sé, no ha pasado mucho tiempo. Respiro profundamente, repito mi mantra con cada exhalación mientras aprieto a mi peluche. Hago eso por un tiempo, no sé cuánto. Y de repente soy más consciente de mi respiración, creo que está un poco más lenta que antes, aunque mi mente vaga, regreso a mi mantra, no lo fuerzo, me permito regresar a él. Este peluche es muy suave, siento sus hilos en mi mejilla. Mis ojos siguen cerrados, mi cara está hundida en las almohadas, no quiero abrir los ojos, no todavía. Sigo repitiendo mi mantra con cada exhalación. Mi corazón y mis pulmones ya no están corriendo los 400m, me estoy calmando, es un hecho. Tal vez fue mi mantra, tal vez mi peluche. Es el ciclo natural de mi ansiedad, lo sé, pero qué bien se siente tener un ancla, me agarro fuertemente de ella para no irme volando, para no perderme.

Mi respiración está más calmada, ya no siento mi latido fuertemente, estoy recuperándome. Abro los ojos y veo mi reloj, solo han pasado 18 minutos. Respiro tranquilamente, la recuperación de un ataque de pánico es más tardada que la entrada a uno. Repito mi mantra con cada exhalación. No lo hecho bien, casi no lo pude repetir en mi mente, pero ahora puedo. Mi peluche sigue en mis brazos, pero ya no lo aprieto. En total fueron 25 minutos, estoy muy cansado. Claro, sí corrí 400m, al menos mi corazón y mis pulmones lo hicieron, yo no me moví de mi cama. Dejo mi frazada sobre mí, vuelvo a cerrar mis ojos, tomará unos minutos, pero me voy a recuperar totalmente. Cada vez tengo menos miedo. Ahora y en general. Cada vez me conozco mejor. Ahora puedo sonreír. No hay nada que temer en este momento.
 — 
OttoRJ

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.