La molesta notificación.

Caminaba con Paula, mi hija. Estábamos en un centro comercial, no era muy grande y por eso podía prestar atención a las personas. Mientras mi bebé se entretenía jalando los pelos de mi brazo, yo observaba a una pareja. Parecían molestos –eso expresaban sus rostros– él reclamaba atención, ella pedía tranquilidad. Me irrité con solo ver la acción. El hombre hablaba con ella, ella hablaba con su celular.

Todos merecemos ser escuchados –pensé– a él ni lo volteaban a ver. Pau empezó a llorar, los perdí de vista por un momento. Pasaron varios minutos, no sé cuántos serían. Volteo, otra vez la misma escena, él vuelve a reclamar atención. Le dice: Le sonríes más a tu celular que a mí. Esa frase dolió. La mujer lo miró, sonrió y dijo: No es verdad, amor… Tomó su mano y siguieron su camino.

Mi hija se cansó y se quedó dormida. A Paula no le gusta que me quede quieto mientras duerme, ella prefiere sentirse arrullada con el sonido de mis pasos. Caminé y los volví a encontrar. Se repite la escena, ella en el celular. El hombre le habla, ella responde molesta: “Estoy ocupada, qué quieres”… que platiques conmigo, contestó él.

No hay que ser un genio para identificar emociones. El hombre que reclamaba atención no estaba enojado. El hombre estaba triste.

Recuerdo a la perfección la frase siguiente: “Todo está al revés. Tú deberías enojarte porque suena tu celular, no porque yo busco hablar contigo. Yo soy la molesta notificación”. Sentí pena por él, sentí pena por ella. La frase fue precisa, directa al corazón. Ella metió su celular a la bolsa. Parecía haber entendido.

Paula despertó y volvió a llorar. Mi atención –nuevamente– se alejó de ellos.

Los perdí y quise buscarlos, quería saber cómo continuaba la historia. Mi hija enaltece su llanto, está loca, llena de ira… tiene apenas 4 meses.

Decidí no buscarlos. La niña (Paula) no se iba a callar, ella quería comer y mis pechos no son aptos para saciarla. Debíamos buscar a su mamá. Eso hicimos.

Salimos de allí, manejé rumbo a nuestro hogar. No podía dejar de pensar en la pareja. Supuse que debe de existir un nombre para la adicción al celular. Investigué y no encontré nada. Tal vez no quería encontrarlo. Aquella pareja me dejó algo: Quería disfrutar a mi familia y no invertir mi tiempo buscando algo con eso que él odiaba… el maldito celular.

Las notificaciones no dejan de sonar en mi celular. Me esperan en casa, me tengo que ir. Gracias por leer.