Para vivir sin miedo en la ciudad: un encuentro municipalista en norteamérica

Rodrigo Cornejo
Sep 1, 2018 · 6 min read

Las experiencias municipalistas están enfocadas en dos cosas importantes: tomar el poder, frecuentemente para evitar que la vieja guardia de la política siga gobernando los ayuntamientos de nuestras ciudades y el controlar los servicios públicos y el dinero de los impuestos para que ambos respondan a las necesidades de la población y no primordialmente a la inversión extranjera o a intereses privados. Es una apuesta de crear un movimiento global que contenga la fuerza con la que empresas transnacionales y el capital financiero cambian las ciudades para satisfacer metas de ganancia, muchas veces a costa de la población pero beneficiándose de la infraestructura urbana que sus habitantes han creado y por la que han pagado con sus impuestos.

Además, el municipalismo (al menos en su variante europea) intenta cumplir esos dos objetivos utilizando tecnologías de participación para tomar información de la gente y con eso hacer políticas públicas de vivienda, de transporte y de muchas cosas más. Algo que es mucho más ambicioso que lo anterior, es el hecho de que el movimiento municipalista intenta involucrar a la gente en el proceso de discusión de una ley de la manera más directa posible, dándoles a las personas la posibilidad de sugerir palabras o cambios a un borrador de un proyecto de ley.

Esto es importante porque generalmente, quienes aspirar a tomar el poder ofrecen un grupo de ideas y los más valientes, una ideología, sea vieja o nueva. Una vez ofrecidas estas ideas, se discuten en público y en los medios de comunicación para que sean aceptadas por un electorado y al ser validadas, el político obtiene permiso para él ser el iniciador y el ejecutor de soluciones a los problemas de todos, convocando a la participación cuando lo considera más efectivo, conveniente o democrático. Esto, salvo que las leyes le obliguen a convocar a la participación. En México, nuestra experiencia con esas obligaciones legales es bastante desalentadora: termina en simulaciones o en discusiones públicas altamente polarizadas, como la consulta para el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.

En contraste, el municipalismo confía en que la participación es buena en sí misma. En la reunión de Fearless Cities a la que asistí, eso fue interesante porque al conocer de ejemplos en Estados Unidos como el de Cooperation Jackson y al encontrarme con funcionarios en activo del ayuntamiento de Barcelona, lo que hacen se antoja como un acto valeroso a la luz de la elección de Donald Trump y un atropellado proceso de negociación del Brexit. Ambos son esfuerzos que parten de ciudades asentadas en países donde los experimentos de gobierno e integración política transnacional están siendo cuestionados o están desacreditados de manera muy fuerte.

Partiendo de ahí, el municipalismo es también una respuesta moderna y acorde con los tiempos: es una manera de contestar la pregunta de qué hacer con gobiernos corruptos, política económica decidida en soledad por el gobierno nacional o federal y qué hacer cuando el mundo ahí afuera generalmente ofrece amenazas en forma de empresas, inversiones, migración y conflictos ‘importados desde fuera’. Es justamente a lo que los gobiernos nacionalistas reaccionarios en Europa y Estados Unidos están respondiendo: a mucha gente descontenta con estas mismas fuerzas que han empeorado su calidad de vida y sus ciudades.

La diferencia entre la respuesta que se refugia en el nacionalismo y el pasado industrial de ciertos países como Inglaterra o Estados Unidos, es que el municipalismo necesita un diagnóstico muy certero de la realidad de una ciudad para poder tener la misma fuerza y para ser efectivo. En suma, hay que conocer bien la ciudad. Esto es un reto porque a pesar de que la tecnología actual mide en muchos sentidos cosas que antes jamás medíamos, como la frecuencia de paso de peatones, la velocidad de los automóviles la pasar por una calle o todos los negocios de cierto tipo en un barrio de la ciudad, esta información no se traduce en mejores decisiones políticas por varias razones. La falta de alcaldes que hagan de esto su prioridad es una razón. La debilidad de los ayuntamientos (aunque puede que esto sea un problema más acentuado en México) es otra razón. La verdad es que la tecnología no es un sustituto de la participación y esta confusión persiste en muchas personas y en muchos políticos. Los municipalistas saben esto y es por ello por lo que han ganado elecciones algunas veces — porque saben que la participación en sí misma es la que le da efectividad a las herramientas. No hay app que sirva sin usuario.

Aparte, dentro del municipalismo hay una tendencia a responder a otra pregunta importante que és por qué no tenemos políticos que nos representen bien. La creencia de que con participación de más personas, soluciones de mejor transporte, vivienda y espacios públicos no habrá tantas tensiones políticas y un debate tan destructivo puede ser cierta — siempre y cuando dentro del municipalismo haya políticos hábiles que logren hacer que la gente crea en ellos porque saben que los dejan tener voz y voto en las cosas que afectan su vida diaria.

Hay varios apuntes que hacer de estas experiencias viéndolas desde México. El municipalismo español fue una respuesta a una crisis en donde mucha gente perdió de forma muy rápida su estatus socioeconómico. La batalla contra los bancos nacionales e internacionales se transformó en el peldaño con el cual la ahora alcaldesa de Barcelona puede ayudarse de sus conciudadanos para pelear otras batallas desde adentro del ayuntamiento, contra las empresas de subarrendamiento de propiedades y el turismo masivo, por ejemplo. En Estados Unidos, las clases recientemente desposeídas votaron a favor de una vuelta a un nacionalismo económico que pone prioridades muy generales en la mesa, por ejemplo, devolver los trabajos de manufactura a las ciudades medianas y pequeñas.

En nuestro país, el municipio está atravesado por otras fuerzas grandes, unas nos empujan en la dirección que otros ayuntamientos valientes han tomado y otras nos alejan de esa dirección. El endeudamiento y la propuesta de un gobierno federal fuerte a partir de diciembre nos ayudan a comenzar la búsqueda de un municipio mexicano que pueda pagar por sus propios servicios y gestionar su ciudad sin tener una muleta federal si es que le puede dar a sus habitantes trabajo e impuestos locales adecuados a su nivel de ingreso.

La crisis de seguridad y la infiltración del narcotráfico, por más que para algunos Cherán brille como un faro en la costa lejana, empujan a la mayoría de los municipios mexicanos a una dependencia dañina del ejército, la policía federal y los gobiernos estatales. Esto hace imposible no solamente la autogestión sino la gestión misma de los servicios que demanda la gente — farolas, recolección de basura, policías que atiendan y prevengan los delitos más comunes.

Por último, nuestra integración con Estados Unidos y la afinidad de muchísimos mexicanos por los servicios bajo demanda como pedir comida, taxis y rentar alojamiento mediante aplicaciones, hacen que se antoje difícil que en las grandes metrópolis de México surja una fuerza política que pueda utilizar la defensa de lo público y del trabajo urbano digno como una bandera que ayude a ganar elecciones municipales. No por disgusto, sino por no salir de esa comodidad del único cosmopolitismo que ha conocido la clase media urbana de nuestros municipios — la de los servicios baratos a costa de cosas que no son fáciles de entender, pero que hacen peores nuestras ciudades en muchos aspectos y más cómodas en otros. A fin de cuentas, el municipalismo es un movimiento hiperlocal y como tal, surgirá de alguna manera en nuestros municipios para tomar los ayuntamientos, si es que suficientes personas convocan a otras a participar en la vida diaria de lo único que tenemos en común con las personas que aún no conocemos: nuestra ciudad.

Rodrigo Cornejo

Nacionalista: viva la defensa de lo público mediante la soberanía popular. Impulsando la #4taTransformación. Contacto: 📩 hola@rodrigocornejo.info

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