El cliente no siempre tiene la razón


Cuando se trata de la relación con un cliente, generalmente se establecen lazos de amor y odio a partes equilibradas. Pero a veces el balance se rompe y las cosas de decantan de forma irremediable hacia un túnel cuya única salida es un NO rotundo.

Contrataron nuestros servicios de Branding. Les creamos una imagen corporativa preciosa, llena de energía y fuerza. Les encantó. Nos encantó. ¡Estábamos todos encantados!

Llegó el complicado momento de ‘los amigos’, aquellos que no han estado presentes en ningún momento durante la creación de la imagen corporativa, pero tienen licencia para criticar, destrozar y sugerir cambios según su criterio. Pasamos ese test también con éxito.

Uno de los componentes del equipo del cliente se instaló photoshop y pensó que esto del diseño y la creatividad estaba tiradísimo

Todo era genial hasta que uno de los componentes del equipo del cliente se instaló photoshop y pensó que esto del diseño y la creatividad estaba tiradísimo, era lo más fácil del planeta. Y se puso creativo.

Cliente: -Qué tal si el texto lo ponemos con tal tipo de letra?-
R: No, la corporativa es X tipografía y no la que dices
C: -¿Y qué?, queda bien-
R: Sí, pero aunque quede bien, hemos creado una guía de estilo para no perder la identidad y mantenerla en todo lo que tenga relación con vuestra marca. Por ello hemos establecido unas tipografías concretas para cada escenario.
C: — Bueno, a mi me gusta en la que te digo, hazme el diseño con la que te digo.-
R: Ok.

Alguien de su círculo íntimo de confianza le ha metido otra idea en la cabeza

¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad como diseñadores y creadores? Sabemos que el cliente se equivoca en la elección, le hacemos recomendaciones, lo invitamos a la reflexión, le damos razones, pero como alguien de su círculo íntimo de confianza le ha metido otra idea en la cabeza, nosotros quedamos relegados a unos meros ejecutores de diseños. Por experiencia, al final ‘teníais razón’ o.. ‘no sé, no me termina de gustar, hazlo como tú decías’.

¿Vale la pena crear con desgana porque ‘es lo que el cliente pide’?

La respuesta es un NO rotundo.

Entonces, ¿cuál es la mejor salida en estos casos?

Le agradeceríamos que no nos referencie como creadores de su ‘no identidad’

A mi modo de ver, considero que la comunicación es primordial en esta situación. Reunirse con el cliente y explicarle el por qué de nuestra reticencia a hacer lo que él pide. Generalmente el cliente comprende y acepta. Pero en caso de no ser así, se le puede dejar muy claro que a partir de este momento el trabajo no contará con nuestra firma y que le agradeceríamos que no nos referencie como creadores de su ‘no identidad’.