Contando las horas…

En algún lugar de Oaxaca

Pienso que las horas son inútiles cuando se vive cuando se ama, porque uno no quiere estar contando las horas, uno tan solo quiere estar ahí…

Es mentira decir que el tiempo se va, cuando en realidad el que se va es uno. Entre sueños, pasados y deseos de futuro que rodean la mente de manera constante. Nos vamos abrazados por lo que hicimos y deseamos haber podido ser.

Puede sonar demasiado trágico saber que las cosas eventualmente acaban, que todo al final se desvanece. A primera instancia eso puede notar vivir en pesimismo, pero lo cierto es que nota también una alegría, una alegría de disfrutar el momento presente, de no suspenderlo por querer esperar el momento perfecto, y si estamos con alguien, ser felices porque hemos aceptado existir juntos por un momento.

No podemos encerrar el tiempo a solo un presente o un futuro deseoso. El tiempo está ahí a nuestro lado, o más bien, nosotros a su lado. Nosotros estamos viendo ese pasado, presente y futuro mientras el tiempo tan solo nos ve surgir al mismo tiempo que desaparecemos.

Podría ser este el momento más consciente de nuestras vidas e igual no lo sabremos porque pensamos en otras cosas que están por venir. Es quizá entonces esa la consecuencia de esta forma de vida, ir andando sin estar y estar andando…

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