Ring of Kerry

Un 14 de abril de 2003 desperté con la misma sensación de hacía unos días, no tenía qué leer o básicamente nada llenaba las expectativas de lo que deseaba leer. Entonces surgió la idea de escribir el libro que me interesaría leer. Me senté en una vieja computadora regalada por mi tía, podía ser de 1998 o antes incluso. Comencé a escribir la siguiente frase “Cuando observó con atención los acontecimientos, como se mueve el mundo. Cuando me pongo a mirar un momento en el tiempo, a la nada, quizás llegue a captar el movimiento de rotación de la Tierra”. Es un íncipit que resuena siempre en mi cabeza.

No recuerdo bien la cronología de los acontecimientos, pero sí tener un libro que se llama “Almanaque mundial” ahí venía información sobre todos los países del mundo, comencé a soñar, a imaginar, Costa Rica parecía igual de aburrido que los libros que había intentado leer, había que escribir ficción de otro sitio, de un lugar imaginario lleno de todo lo que podría atraerme para adentrarme en las páginas, para convertir esas letras en mías.

El lugar elegido resultó ser Irlanda, comencé a leer la información sobre las ciudades y me encontré con una imagen, tenía el inmenso mar cubierto por un acantilado o al revés el acantilado cubierto por un inmenso mar. El pie de la foto decía Ring of Kerry. Entonces en ese lugar sería mi novela, un pueblo llamado Ring of Kerry en el que si se subía grandes cuestas al final se encontraba un bosque inmenso que el protagonista, Tristán, había denominado “monstruo verde”.

Ya había escrito otras veces en mi vida, creo que me gusta, eso lo digo hoy a mis 31 años, nunca me he detenido. Antes de mis 17 años todos mis protagonistas eran mujeres, pero a mis casi dos décadas decidí proponerme un reto, iba a ponerme en los zapatos de un hombre. Un joven de mi edad que se sentía igual de desadaptado que yo. Alguien que no se sentía identificado con nadie, una persona que nunca podría encontrar a alguien igual que él porque le era imposible expresar quién era, por lo tanto a su igual le sucedería lo mismo.

Las fantasías, las aventuras, comenzaron a aflorar de mi imaginación, leí sobre leyendas y mitología celta, historia irlandesa e incluso musulmana porque en mi novela había personajes de todo el mundo, menos Costa Rica probablemente. Escribí sin cesar por dos años. La retomé casi 4 años después y quedó inconclusa. Aunque durante esos años algunos fútiles intentos de párrafos finales nacieron.

Más allá de que hubiera terminado o no mi novela, se convirtió en un emblema de mi personalidad. Mis amigos más cercanos me preguntaban por los personajes como personas que en realidad existían, los acantilados, Ring of Kerry y mi monstruo verde fueron sin duda mis escapes de la realidad más visitados.

Años después con el acceso a más información, llámese Internet, tuve acceso a mirar cómo eran esos sitios tan bien construidos en mi imaginación y volví a soñar con el hecho de poder visitar el sitio imaginado hacía tantísimos años.

Tuvieron que pasar 14 años para que se pudiera y ahí reside la razón del porqué viajo rumbo a Ring of Kerry un 21 de junio de 2017. Es momento de que mire los monstruos verdes, imagine nuevamente a Tristán y a sus amigos; me sumerja en un eterno presente como debería ser siempre.