Equipo Bravo: Diario de a bordo número 5.

Llego el día del «Hasta luego». Me despierto muy temprano, habiendo dormido poco (Modo Lesbos), porque necesitaba preparar todo para el relevo y trabajar en lo que me da de comer, que a veces se nos olvida que nosotros también necesitamos comer.

Vamos a recoger a Nur e Isa al aeropuerto, me acompaña Harolillo, como un buen compañero, a pesar de decirle que iba sólo… el compañerismo es una de las cosas esenciales en el voluntariado y lo que te hace ser más fuerte.

Al llegar a casa, desayunamos, briefing y salimos para el Campamento Eko, un campo que te atrapa y a pesar de estar lejos no podemos olvidarnos de nadie. De camino intentamos conseguir gel para el ecógrafo, sin éxito y estando en Hotel Park, nos llaman de un desvanecimiento en el mismo Hotel, de un refugiado que resulta ser fingido: el chico tiene problemas psicológicos, seguramente le hace falta un tratamiento pero será un olvidado más… mientras que unos nos dicen que esta loco, que lo dejemos estar, yo pienso en el proyecto que nuestra compi Sara junto con otros están preparando, no podemos olvidar a nadie. Yo tenía una misión especial que me había encomendado una de nuestras chicas, Meri: entregar a su niño Saghir una foto de los dos. Antes nos ponemos manos a la obra y hacemos la llamada a las embarazadas en nuestra WiWi, vienen varias y al lío.

Después de varias horas aparece Saghir le damos la foto, su cara de felicidad y repitiendo sin cesar Meri Meri Meri….nos emociona.

Al poco tiempo tiran un petardazo desde un coche que pasa por la carretera al campo, unos ………., lo tiraron. Nos apresuramos a la zona y voy viendo la cara de niñxs llorando y escuché a uno decir “Baba (papa) bomba no, bomba no…” mientras lloraba en brazos de su padre… se me ponen los pelos de punta. Algo tan normal por mi zona de Alicante y en España como un simple petardo para ellos es un recuerdo fatal.

Después de comer los famosos Kebab de Eko, vamos a Karamanli que nos han llamado de 2 urgencias: una embarazada con contracciones y una caída de otra, a nuestra llegada la de las contracciones la habían llevado en un taxi al hospital, seguramente, dará luz a un niño a este mundo y la otra, todo estaba bien…

De camino a nuestro campo paramos en un hospital e intentamos conseguir el gel, hay veces que no hay que dar con la persona adecuada, simplemente con dar con un humano, bastaría. Llega lo más difícil: ir a nuestro campo Kordelio Softex a prestar servicio y posteriormente despedirme, sólo recibo muestras de cariño pero no es un cariño normal, lo siento pero no puedo explicar mis sentimientos, sólo los gestos, como los niñxs se te agarran al cuello, a la pierna, te llenan a besos y te dicen “You no go Spain” y lloran porque te vas y esto sólo en unos pocos días, pero todavía sería normal porque son niños, pero cuando el más grande del campamento el “strong” te da un abrazo de los sinceros, mi amigo Hamad, se te pone a llorar mirándote fijamente a los ojos, Mohamed muy triste, el niño Magic nos trae té para todxs o cuando un niño de unos 16 años que anteriormente le habíamos comprado un medicamento esencial para su abuelo, se pone delante de la ambulancia para que pare y darme un abrazo de agradecimiento y decirme que le lleve a España, piensas en dejar tu vida en el otro mundo y estar aquí hasta que hagamos falta, llámame loco pero una persona me dijo: “si no arriesgas a cruzar el río, nunca sabrás que te aguarda en la orilla, excepto que tu yo sabemos lo que hay en la orilla y es increíble”.

Al llegar a casa Ramón (el “sustituto” de Harold) nos tiene preparada la cena: tortilla de patatas, que manjar! y además nos provee de cafetera y nevera para agua fría… gracias Ramón. Y gracias a mi equipo Bravo (Miriam, Inés, Harold, Nur e Isa) por aguantarme. Gracias a mi familia y amigxs por entender mi locura y a mi novia por estar loca. Gracias a mi equipo que desde España rema para que todo salga redondo y gracias a todxs los que quieren remar con nosotrxs y tienen fuerza y fe. Volveré…

Manu.

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