Equipo Charlie: Diario de a bordo número 5.

Laura hace una ecografía en la ambulancia.

Desde la sala de espera de las urgencias de cualquier hospital griego comienzo a divagar sobre lo acontecido los últimos dos días. A mi lado, paciente, Mohamed, un sirio que orina a través de una cistostomía desde hace 4 meses cuando la metralla le destrozó la pelvis.

Nos pidió ayuda porque necesita cuidados básicos que en el campo en el que está ubicado no le pueden ofrecer y, tras muchos quebraderos de cabeza para nuestra coordinadora y mucha burocracia barata donde lo que menos importa es la persona, hemos decidido que lo más efectivo era traerlo nosotros mismos.

Coincidimos con compañeros españoles voluntarios independientes que traen una embarazada de 7 meses que lleva 3 días sin notar a su bebé. Acudieron en nuestra ayuda y pedimos permiso a los encargados pertinentes para entrar en el campo y prestarla la atención que necesitaba; PERMISO DENEGADO. De nuevo, BUROCRACIA BARATA y me come la rabia y la impotencia.

Mas no nos achantamos y aquí estamos los voluntarios con nuestros coches, con nuestra voluntad, con nuestras ganas, con nuestras tiritas de BoB Esponja… Y no puedo evitar comparar la situación de esta pobre gente con un pastel (quizá porque llevo horas trabajando sin cese y me ruge el estómago de hambre) que los diferentes organismos han troceado y se han repartido dificultando el trabajo para lo que realmente importa: las personas.

Gritos de cordura desde la sala de espera de las urgencias de cualquier hospital griego.

Laura.

Tiendas en el campo de refugiados.